Voluntarios enamorados de la BNE

Cada mañana Antonio Jericó cruza la puerta de la Biblioteca Nacional de España para enseñar el lugar donde se guardan las imágenes, los sonidos y las palabras. Es uno de los 18 voluntarios que todas las semanas, de martes a viernes, realizan visitas en grupo, personales y exprés, mostrando algunos de los rincones de un edificio que guarda la cultura y la memoria. Una tarea que les llena de ilusión, les apasiona y les hace sentirse cada día más vivos.

Voluntarios en la BNE“Poder venir a la BNE y desarrollar mi labor como guía voluntario me ofrece la gran satisfacción de dar a conocer a los visitantes la historia y el acontecer diario de esta gran institución”, dice Antonio. “Siempre he tenido inquietudes literarias y aunque toda mi vida profesional se ha desarrollado en el campo económico, en un banco, no tuve muchas oportunidades de venir a la BNE de joven, y ahora he visto el momento de poder desarrollar toda esa ilusión”.

Los voluntarios son personas jubiladas con una extensa trayectoria a sus espaldas. “Hemos decidido que una vez jubilados no nos podíamos estar quietos y lo que yo tenía claro es que quería hacer voluntariado cultural”, asegura Pilar Alcalá, que fue profesora y bibliotecaria en la Universidad Complutense de Madrid.

A través de la Confederación Española de Aulas de la Tercera Edad (CEATE), los voluntarios son redirigidos a la mayoría de museos de Madrid y deben decidir cuál es su museo preferido para enseñarlo. “Tenía inquietudes y por eso me apunté a CEATE y les pedí que me asignaran mi gran ilusión, la Biblioteca Nacional de España,” explica Antonio Jericó.

“He elegido la BNE porque es un organismo vivo, es decir, no es solo un museo o un edificio, este organismo lleva funcionando más de 300 años y eso es algo que sí se desconoce”, asegura, por su parte, Pilar Alcalá.

Cuando tienen un museo asignado han de estar tres meses haciendo un curso y preparando un temario relacionado con la institución elegida. “He sido bibliotecaria toda mi vida, desde que descubrí las bibliotecas, y me parecía que era el sitio perfecto. Yo creo que es importante que quieras a la institución y yo desde luego, a la Biblioteca Nacional la quiero mucho”, declara Maimen Díez.

A los voluntarios se les concede el carné de investigador, lo que supone una motivación añadida. “Yo lo tuve al principio de mi carrera profesional, con lo cual me emocionó mucho que ya como voluntaria me lo volvieran a dar,” afirma Pilar Alcalá.

Voluntarios en la BNEUna pasión compartida

Proceden de distintos ámbitos: desde la banca al transporte o la enseñanza, pero tienen en común su pasión por los libros, compartir conocimiento, por enseñar la Biblioteca Nacional de España.

“Mi labor como voluntaria me ha permitido sentirme una persona útil, seguir sintiéndome parte de un proyecto, seguir aprendiendo, manteniéndote activa y formar parte de un grupo que estamos haciendo una muy bonita labor”, señala orgullosa María Teresa Benito. “Una de mis pasiones, además de la educación, es la lectura y el hecho de acercarme a uno de los lugares más importantes para preservar la cultura fue uno de los motivos de que me gustara este proyecto”.

Maimen Díez fue directora de Difusión de la BNE. “Me da mucha satisfacción hacer un trabajo que está vinculado con mi profesión, que es enseñar a la gente y explicar, además del edificio, su historia y todo esto… cuáles son sus funciones, para qué sirve una biblioteca. Todo eso me gusta mucho como bibliotecaria. Siento que me gano mi pensión”.

Cada uno de los guías tiene muchas anécdotas que contar sobre la Biblioteca Nacional, pero las que recuerdan con más viveza son las que ocurren día a día, especialmente con los niños. “Es una experiencia maravillosa compartir conocimiento tanto con niños como con personas mayores”, dice María Teresa Benito.

Pilar Alcalá rememora una visita de personas invidentes que le marcó especialmente. “Me conmovió que al final del recorrido una de las invidentes totales me dijo: Me ha gustado mucho y me ha emocionado. Casi lloro con esa criatura”.

pantallazo 4Tanto las visitas como el voluntariado para ser guía se han convertido en una actividad de éxito dentro de la BNE. Cada día hay varias sesiones y el número de visitantes es muy elevado. “Ha ido creciendo muchísimo y cada día tenemos más personas interesadas, muchas más visitas y se nota en nuestro ritmo de trabajo,” cuenta María Teresa Benito.

Los guías coinciden en que la BNE es una institución bastante cerrada al público en general y estas actividades ayudan a que todos conozcan un poco más el lugar que guarda todo el patrimonio cultural de España. “Creo que traspasar la puerta de la Biblioteca Nacional, de ese edificio que está ahí, en el medio de Recoletos, ya hace que uno se sienta satisfecho”, asegura Maimen.

Al finalizar cada recorrido, los visitantes conocen un poco más su propia historia y los voluntarios se sienten orgullosos por ello.

Texto: Iván Guarasa y Rubén Dorado
Vídeo: David Vázquez

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