Una mirada a Cervantes a través del fondo fotográfico de la Biblioteca Nacional de España

Cervantes : 1547 1616 Gilmer, Paris.

Cervantes : 1547 1616 Gilmer, Paris. 1 fotografía papel albumina

La falta de una imagen real sobre la figura de Miguel de Cervantes, unida a la necesidad de ponerle rostro, favorecerá la creación de multitud de retratos más o menos idealizados. A lo largo de estos cuatro siglos el imaginario colectivo sobre el escritor ha ido acumulando falsos retratos, imágenes de los lugares donde vivió, donde situó sus obras, de sus personajes y de las aventuras que estos protagonizaron. A partir del siglo XIX estas imágenes fueron trasladadas a la fotografía y posteriormente llegaron a la Biblioteca Nacional de España, formando parte de sus colecciones.

En este año, en el que conmemoramos el IV centenario del fallecimiento del escritor, hemos intentado sacar a la luz y dar a conocer todas estas fotografías. Para ello, hemos rastreado nuestros diferentes fondos  y archivos fotográficos en busca de estos tesoros.

El edificio que ocupa ahora la Biblioteca Nacional se inauguró en 1892, conmemorando el IV Centenario del Descubrimiento de América, con dos exposiciones; de una de ellas, denominada Exposición Histórico-Europea, conservamos cuatro fotografías, con el rótulo: Partida de Cervantes. Corresponden a un libro parroquial de la Iglesia de Santa María de Alcázar de San Juan, con partidas de bautismo de noviembre de 1558.

En 1871 ingresan en la Biblioteca los primeros materiales fotográficos pertenecientes a la Colección Castellano, fotografías tomadas entre 1853 y 1876. Dentro de esta colección, en el álbum  titulado Vistas de España, hemos localizado dos fotografías: una atribuida a José Martínez Sánchez, Casa de Medrano en Argamasilla, donde Miguel de Cervantes estuvo preso y se dice que escribió El Quijote; la otra, es una vista del Congreso de los Diputados, en la que la estatua de Cervantes ocupa una ubicación diferente a la actual. De esta escultura, erigida en 1835, la Biblioteca posee multitud de testimonios, algunos sin autor conocido, como la fotografía de la Colección Castellano de la que hemos hablado y otras tomadas por diversos fotógrafos, como Jean Laurent o Mariano Moreno, además de fototipias de Leon Levy, de Hauser y Menet, o de Thomas.

Jean Laurent fue el creador de una de las industrias fotográficas más prósperas y longevas del siglo XIX en España. Su archivo fotográfico siguió utilizándose hasta bien entrado el siglo XX. Entre 1857 y 1874, Laurent se dedicó a fotografiar obras públicas, vistas de ciudades y monumentos, entre los que fotografió la mencionada escultura dedicada a Cervantes e innumerables obras de arte, como la obra pintada por Antonio Gisbert, D. Quijote en casa de los Duques.

Con los retratos dispersos en los distintos fondos de la BNE, tanto imágenes sueltas como incluidas en publicaciones, se formó lo que hoy

[Retrato de Miguel de Cervantes Saavedra]

[Retrato de Miguel de Cervantes Saavedra]

denominamos Iconografía Hispana, colección de retratos de personas destacadas en el ámbito de la historia y de la cultura española. Dentro del apartado de fotografías, no podía faltar una amplia representación cervantina. Tenemos al menos 27 retratos en diferentes formatos y de diferentes fotógrafos, como esta fotografía del dibujo realizado por Eduardo Cano a partir del barquero que aparece en la pintura de Francisco Pacheco, San Pedro Nolasco embarca para redimir cautivos. José María Asensio en Nuevos documentos para ilustrar la vida de Miguel de Cervantes Saavedra lo considera el auténtico rosto del escritor.

La Junta de Iconografía Nacional fue un organismo público que identificó y reunió retratos de los personajes ilustres de nuestra historia, de nuestra literatura, de nuestra cultura, en un intento de ponerles cara. Dentro de su archivo fotográfico hemos localizado 15 fotografías de supuestos retratos de Cervantes, en su mayoría tomadas por Mariano Moreno. Entre estas, se encuentran varias copias de la pintura de Cervantes atribuida a Juan de Jáuregui que se conserva en la Real Academia Española. Este retrato, que compite en autenticidad con la pintura de Pacheco, basa su legitimidad en las palabras del propio retratado, que en el prólogo a sus Novelas ejemplares dice textualmente: “Jáurigui (sic) lo pintó”.  Lafuente Ferrari en La novela ejemplar de los retratos de Cervantes escribe que esta pintura es el retrato anónimo de un caballero de la época de Felipe III, al que se le añadieron unos letreros para tratar de convertirlo en el citado retrato. Lafuente Ferrari incluso cuestiona la existencia de este pintor.

Dentro del Fondo fotográfico de la Guerra Civil se encuentra una fotografía firmada por Albero y Segovia que retrata una escena de la vida cotidiana en la retaguardia. En ella se ve el inicio de la protección del monumento a Cervantes en la Plaza de España mediante sacos terreros. Esta instantánea forma parte de un grupo de fotografías sobre Efectos de los bombardeos en Madrid. Protección de fuentes y esculturas.

[Tyrone Power posando para un fotógrafo ambulante en la Plaza de España de Madrid] V. Ibañez

[Tyrone Power posando para un fotógrafo ambulante en la Plaza de España de Madrid] V. Ibañez IBAÑEZ/2/187

De este monumento, levantado en la Plaza de España de Madrid, la Biblioteca cuenta con más fotografías. Entre ellas tenemos que mencionar las dos realizadas por Gyenes, fotógrafo de origen húngaro afincado en Madrid. También las de Vicente Ibáñez, que durante un paseo acompañando a Tyrone Power, captó una curiosa instantánea; el actor posa para un fotógrafo callejero delante de este monumento; detrás se ve el edificio España.

En la colección de Ephemera se custodian unas fototipias utilizadas en una serie de cajas de cerillas pensadas para coleccionar. Entre otras, hay imágenes de la casa de Medrano y de su cueva en Argamasilla de Alba, de la Posada de la Sangre en Toledo, de la pila bautismal de Cervantes en Alcalá y de la lápida de la Iglesia de las Trinitarias de Madrid, donde está enterrado Cervantes. De estas cajas de fósforos tenemos varios ejemplares, sueltas, montadas sobre una cartulina y pegadas en El Álbum biográfico para coleccionarlas.

Juan Sedó consiguió reunir una magnífica colección cervantina desde 1926 hasta su muerte en 1966. La parte gráfica llegaría al Departamento de Bellas Artes tras su adquisición por el Estado en 1968, incorporando un gran número de fotografías relativas a Cervantes. Esta colección presta especial atención a la representación de la figura del escritor, realizada por diferentes pintores y escultores. Recoge copias fotográficas de casi todos estos retratos, así como de los numerosos bustos y esculturas que llenan calles y plazas. La Colección Sedó recorre fotográficamente los episodios de la vida de Miguel de Cervantes, con instantáneas del edificio del Paseo de Colón, donde se cree que vivió durante su estancia en Barcelona; de la cueva donde se ocultó durante uno de sus intentos de fuga mientras estaba preso en Argel; de la Posada de la Sangre, identificada con El Mesón del Sevillano, en el que se dice que se alojó y escribió La Ilustre Fregona… También explora los lugares frecuentados por los personajes imaginados por él, recopilando instantáneas de las calles de El Toboso, por donde pasearon don Quijote y su escudero; de la venta donde fue armado caballero y de representaciones escénicas, como el episodio en el que Sancho Panza administra justicia en la ínsula Barataria, mezclando fantasía con realidad. Además, esta colección recoge fotografías de portadas e ilustraciones de sus obras, de aleluyas, de biombos con motivos cervantinos, de ninots de falla, de cromos y fotografías de la película Don Quijote de la Mancha, del estreno de la ópera Don Quichotte en el Teatro de la Ópera de Mónaco, etc.

Aunque muchas de estas fotografías no tienen autor conocido, en esta colección están presentes numerosos fotógrafos, como Juana Roig –sucesora de Laurent–, Christian Franzen, Mariano Moreno, Fotografía Belda, J. Enrrietti, etc.

Para cerrar este paseo solo nos queda hablar de un grupo de fotografías adquirido en 1966. Se trata de un conjunto de 310 placas de vidrio, 130 positivos y 187 negativos que reflejan la obra de dibujante catalán Ricardo Marín. Estas placas sirvieron para ilustrar El Quijote visto por Ricardo Marín, publicado en México en 1965. En general, los negativos y los positivos corresponden a la misma escena, aunque en ocasiones solo tenemos el positivo o el negativo de uno de estos episodios. Incluso tenemos placas que no fueron utilizadas en esta publicación.

Las fotografías que retratan a Miguel de Cervantes, su diversa iconografía, los episodios de su vida, los personajes que deambulan por sus obras… tienen una característica común con el resto de las fotografías que conforman nuestras colecciones: la variedad. Esta diversidad podría ser interpretada como reflejo de la propia figura del escritor, visto no con un único rostro, sino como una figura con múltiples interpretaciones, una figura susceptible de soportar diversas perspectivas y diferentes miradas.

 

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