Un privilegio rodado de la Biblioteca Nacional de España, en el aniversario del nacimiento de Alfonso XI

La figura del rey Alfonso XI encierra un interés especial, tanto a nivel personal, como por el importante papel que jugó en el devenir histórico de nuestro país.

Retrato de Alfonso XI

Retrato de Alfonso XI, Rey de Castilla, de Bartolomé Ulloa

Nacido el 13 de agosto de 1311, heredó el trono cuando apenas tenía un año de edad y fue su abuela, María de Molina, quien se ocupó de velar por que su nieto pudiera llegar a ocuparlo, pese a las intrigas cortesanas que trataban de hacerse con el poder. La muerte de la reina regente intensificó las tensiones existentes entre los nobles por ejercer la tutela real. Ante este panorama, Alfonso convoca Cortes en 1325 y en ellas es declarado mayor de edad. Así, con tan solo 14 años, toma las riendas del reino, afianzando el poder de la corona frente a una nobleza que constantemente tratará de minarlo y gobernando con una firmeza que le valdrá el sobrenombre de El Justiciero.

Lo más notable de su reinado es la expansión territorial hacia el sur. En la batalla del Salado (1340) impedirá que las fuerzas benimerines norteafricanas se instalen en la Península y pocos años después conquistará Algeciras. Finalmente, en la primavera de 1350, lanzará una provechosa ofensiva que culminará con la toma de Gibraltar, lo que permitirá que el estratégico paso del Estrecho quede bajo dominio castellano. El rey acompañó a sus tropas en la campaña pero no pudo disfrutar de la victoria obtenida, ya que falleció días antes, a causa, no de las heridas sufridas en la batalla, como podría pensarse, sino víctima de la epidemia de peste que desde hacía dos años asolaba Europa.

También cuidó Alfonso de dejar su sucesión asegurada y dos de sus hijos llegaron al trono: Pedro I, el segundo de los dos que tuvo con su esposa María de Portugal, y Enrique II, el tercero de los diez vástagos nacidos de su amante, Leonor de Guzmán, hermosa e inteligente mujer, según las fuentes, que usurpó a la legítima reina las atenciones del monarca y llegó a ser su consejera en cuestiones de estado.

Hoy todos estos hechos han ido cayendo en el olvido y la figura del rey castellano es prácticamente desconocida fuera de los ámbitos más eruditos. Pero las fuentes documentales se encargan de mantener su memoria. La BNE conserva diversos testimonios de época que recogen la Crónica de Alfonso XI, en la que se describen, a veces con gran lujo de detalles, los sucesos acaecidos durante su reinado y los personajes que los protagonizaron.

Fragmento de la crónica de Alfonso XI

Crónica de Alfonso XI, s. XIV. BNE, Mss/10132 (h. 165-389v)

Pero el documento que queremos destacar aquí es un privilegio rodado, signado por Alfonso XI, en el que se observan bien los rasgos formales que caracterizan a este tipo documental.

El nombre de privilegio rodado se debe al círculo o rueda que aparece al final del texto para darle validez. Estos documentos emanan de la autoridad real e intentan dar la máxima solemnidad a la actuación legal que en ellos se recoge. De ahí que, tanto su contenido como su presentación, estén encaminados a destacar la supremacía de poder que lo otorga y a resaltar la dignidad del beneficiario al que va dirigido.

La estructura que deben presentar está perfectamente definida y llegó a ser regulada en las Partidas de Alfonso X. Se abre con una invocación religiosa, en ocasiones de carácter simbólico. A continuación aparece una intitulación que inicia el acto legal, presentando a la autoridad de la que parte, y después se indica el destinatario al que va dirigido. Luego se expone el contenido legal, que suele incluir un preámbulo, una exposición de las causas que motivan la actuación legal y una notificación de la misma. Finalmente encontramos los elementos que autentifican el documento: el signum regis, la relación de personas que lo confirman (generalmente altos cargos de la corte) y un sello real de plomo pendido de hilos de seda o algodón.

El lenguaje empleado es ceremonioso, de acuerdo con el protocolo cortesano, y utiliza fórmulas establecidas como, por ejemplo, la presentación del rey, que se hace mencionando los diferentes títulos que ostenta.

En consonancia con la solemnidad del contenido se encuentra la disposición formal del texto, escrito siempre sobre pergamino (materia más noble que el papel en el entender de la época) y con una cuidada caligrafía. Además es frecuente que se destaquen gráficamente los nombres del monarca y los nombres sagrados que aparezcan en el texto. Y también suelen decorarse otros elementos, como la invocación simbólica inicial (cuando exista) o la rueda de validación. Con el paso del tiempo, la ornamentación se irá incrementando y ya en época de Juan II y Enrique IV, se elaborarán privilegios profusa y bellamente decorados.

El origen de la rueda como elemento legitimador está en la rota utilizada en la curia pontificia y tiene un valor doblemente simbólico: representa, por una parte, la perfección de la figura geométrica del círculo y, por otra, la figura del orbe terrestre que suele asociarse con el poder. En los reinos hispanos su uso comenzó en la diócesis de Santiago (1116), con el arzobispo Diego Gelmírez. De aquí pasó a otras sedes episcopales y, finalmente, a las cancillerías de León (1158) y Castilla (1165).

La configuración de la rueda fue variando con el tiempo. En el reino de León se componía de dos circunferencias concéntricas, la exterior con la inscripción del signum regis y la interior con la figura de un león, distintivo del reino. En Castilla, el círculo interior presentará el símbolo de la cruz y la rueda irá flanqueada, además de por los confirmantes, por los nombres de dos cargos palatinos dispuestos en semicírculo y que llegaran a integrarse en el círculo, conformando un tercer anillo concéntrico. Un cambio significativo se aprecia en el reinado de Alfonso X, debido al auge que la heráldica tuvo en el siglo XIII: se aprovecha que el signo de la cruz permite cuartelar el espacio para insertar en el círculo interior los símbolos heráldicos del reino. Con el tiempo, la cruz irá desapareciendo y solo se marcará con unas simples líneas perpendiculares. Durante el reinado de Alfonso XI volverán a darse novedades en el diseño de la rueda, que pasarán a ser fijas en época de su hijo Pedro I: el círculo se inscribirá tangencialmente en un cuadrado, dejando unos ángulos internos o enjutas que serán pródigamente decorados. Esta cuadratura del círculo seguramente respondía a los gustos estéticos de la época, pero tampoco se puede descartar que su utilización estuviese relacionada con un simbolismo de perfección universalmente conocido, tal y como indica la doctora Elisa Ruiz en su artículo «Claves del documento artístico bajomedieval en Castilla».

El documento que aquí presentamos legaliza un trueque de heredades entre el Monasterio de Santa María la Real de Valladolid y don Fernán Rodríguez, camarero del infante don Pedro. Su presentación formal refleja perfectamente todos los elementos que aquí hemos visto.

Privilegio rodado de Alfonso XI

Privilegio rodado, 1335. BNE, Vitr/5/11

Escrito en tinta sepia sobre un pergamino de grandes dimensiones (65 x 54 cm.) con cuidada letra gótica, atrae inmediatamente la atención sobre el elemento distintivo del documento: una rueda de generoso tamaño enmarcada en un cuadrado, con abundante decoración y situada en la parte central inferior de la hoja. En su círculo interior encontramos los distintivos del reino: dos castillos de tres torres almenadas, en representación de Castilla, alternando con dos leones coronados, en representación de León. El segundo anillo presenta el signum regis mediante la inscripción «Signo del rey don Alfonso», realizada con letras de color rosa palo y verde sobre fondo neutro. En el tercer anillo, encontramos la leyenda «Don Pero Fernández de Castro mayordomo mayor del rey Don Sancho fijo del rey e su alferez conf.», trazada en hueco sobre fondo verde y rosa, haciendo un claro juego cromático con el anillo anterior. Las cuatro enjutas aparecen completamente cubiertas con decoración ajedrezada en color rosa y azul.

La rueda aparece flanqueada por la relación de nombres de los confirmantes del texto, introducidos por calderones que alternan el color rojo y amarillo y dispuestos en cuatro columnas. Entre estas se establece una separación, marcada con un especial desarrollo caligráfico de dos letras f, escritas en rosa y azul, que actúan como líneas divisorias.

Pero en el documento aparecen otros motivos decorativos complementarios. El crismón que inicia el texto se decora buscando una armonía formal y cromática con la ornamentación de la rueda. Por ello también se inscribe en un cuadrado con ornamentación ajedrezada rosa y azul en sus ángulos internos. Junto a esta invocación simbólica encontramos una E inicial enmarcada y trazada en hueco sobre fondo rosa. Asimismo los nombres del monarca Alfonso y de su esposa María aparecen inscritos también en hueco en cartuchos de fondo verde y filete en rosa y azul, alternando.

El último elemento que encontramos es el sello de plomo, pendiente en este caso de hilos de color rojo, amarillo y azul entrecruzados. Desgraciadamente en este caso el sello se encuentra muy carbonatado y no se pueden apreciar sus inscripciones.

En conjunto podemos apreciar que se trata de un documento legal con una bella y armónica presentación y que, pese a su sencilla apariencia, muestra un gran cuidado en su ejecución. Su valor histórico y estético bien merece que se encuentre al alcance de todos en la Biblioteca Digital Hispánica.

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Esta entrada tiene 5 comentarios

    1. Buenos días Fernando, muchas gracias por tu interés.

      El privilegio es un documento revestido de un carácter excepcional, ya que solía consistir en la concesión de una merced especial por parte del rey (donaciones, exenciones de tributos, potestades, etc.). De ahí su nombre. Pero por su solemnidad, también se aplicó a otros asuntos legales a los que se quería otorgar una singular notoriedad, destacando la preminencia social de las personas que intervenían en el acto legal. En este caso, no se legaliza la heredad en sí, sino un intercambio de propiedades hecho entre el monasterio vallisoletano de Santa María la Real y don Fernán Rodríguez, camarero del infante don Pedro.

      En cuanto a la carbonatación, se trata en efecto de una reacción química, parecida a la del óxido sobre el hierro, que se produce por el contacto del plomo con la humedad y con el dióxido de carbono que hay en la atmósfera. Así el sello se va recubriendo de una materia blanquecina que lo deforma y deteriora e impide que se puedan apreciar los detalles (inscripciones, figuras, etc.).

      Un saludo

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