Tiempos inciertos para los procesos técnicos

Arenas movedizas

Vivimos tiempos inciertos en lo que se refiere al futuro inmediato de los procesos técnicos. Como Julie Renee Moore y James L. Weinheimer señalan en la obra colectiva Rethinking Library Technical Services: Redefining Our Profession for the Future (2015), “estamos en un punto … en el que muchos de nosotros reconocemos que con tantos cambios sucediéndose, tantas ideas volando y nuevos estándares rodeándonos sin ninguna seguridad real de que funcionarán o nos serán útiles para llevar a cabo un trabajo mejor y más eficiente, en un momento en el que presupuestos y personal se reducen y los recursos se hacen más complejos, pareciera que el cielo se nos estuviera cayendo”. Más de siglo y medio después de que Karl Marx declarara que “todo lo sólido se desvanece en el aire”, seguimos experimentando a muchos y diferentes niveles que el suelo que pisamos no es todo lo estable que pareciera y que las arenas movedizas nos acechan. “Vivimos en una época de incertidumbre”, decía recientemente el que fue editor de las AACR2, Michael Gorman. Y, desde luego, en el ámbito bibliotecario son los procesos técnicos, más que ninguna otra área, los que padecen esta sensación de inseguridad.

Cuestionamientos

De las múltiples actividades que se pueden encuadrar dentro de estos procesos técnicos, desde la selección y adquisición hasta la gestión del almacenamiento de los recursos, quizás la actividad más cuestionada ha sido la catalogación, por haber sido considerada un proceso costoso en términos económicos y, por otra parte, poco adaptado al nuevo universo digital. En el origen de la reflexión sobre la necesidad de reemplazo de los antiguos estándares por otros más acordes a los nuevos tiempos y que sirvan para un futuro, al menos a medio plazo, siempre están presentes estas dos motivaciones. Se hacía necesario, por tanto, simplificar la catalogación, de un lado, y, de otro, hacer visibles los recursos de las bibliotecas a un nivel más global, fuera del entorno del catálogo tradicional bibliotecario, directamente en la Web semántica en ciernes.

Hace ya diez años que las Bibliotecas de la Universidad de California, en un informe dedicado al futuro de los servicios bibliográficos, declaraban que debíamos pasar de «registros perfectos» a «registros lo suficientemente buenos». Quizás el problema estriba en definir y consensuar qué entendemos por «registros lo suficientemente buenos». Perdón, eso, si podemos seguir hablando de registros, que, como señalaba Gordon Dunsire, parece que no, en el nuevo entorno de la web semántica.

 

Imagen de una diapositiva con título Where is the record?

Desafíos

Pero los nuevos estándares en desarrollo – RDA, BIBFRAME – y los nuevos modelos conceptuales como la familia FR en los que se basan, no parece que consigan simplificar estos procesos o, al menos, no a corto plazo. De ese modo, si la cooperación siempre fue considerada necesaria, en estos momentos resulta imprescindible para enfrentarse a los desafíos económicos y tecnológicos. Y esta cooperación ha de darse a todos los niveles, local, nacional y global.

Desde la década de los años setenta del pasado siglo, momento en que IFLA crea una oficina para el «Control Bibliográfico Universal», muchas cosas han cambiado, quizás la más evidente la eclosión del mundo digital e Internet. Aunque IFLA ha continuado declarando la importancia de este control bibliográfico universal, en 2011 clausuró el programa ICADS, dejando en manos de sus diferentes secciones dicha tarea. Quizás como Gordon Dunsire y Mirna Willer declaraban en la reunión anual de IFLA de 2014, «un CBU inteligente debería esforzarse para apoyar a todos aquellos que deseen pensar globalmente y actuar localmente, con una mejor mezcla de metodologías de abajo-arriba y de arriba-abajo». Planteaban desafíos. A los gestores de políticas públicas: coincidencia de identificadores locales y globales como VIAF e ISNI, publicación de datos locales en RDF, gestión de mapeos locales y globales o provisión de infraestructuras para extender elementos globales  que se puedan adaptar a aplicaciones locales y para retroalimentar elementos locales en elementos globales. A los desarrolladores: desarrollo de «traductores de esquemas».

¿Cómo enfrentarse al futuro?

El futuro de los procesos técnicos está irremediablemente unido al futuro de la propia biblioteca y a su capacidad de adaptación a los nuevos tiempos. La Biblioteca de la Universidad de Chicago publicó en 2013 un diagrama que expone la transformación a la que se verán sometidas las bibliotecas académicas y esa transformación es vista no como algo con límites precisos, sino como procesos con unos márgenes borrosos. La descripción de recursos, su categorización temática y el control de autoridades seguirán siendo procesos básicos independientemente de que los recursos a describir sean físicos o digitales.

Conocer diferentes esquemas de metadatos, similitudes y rasgos característicos, su idoneidad a la descripción de diferentes tipos de recursos parece básico para dicha adaptación. Otras habilidades como apertura en la gestión del cambio, gestión de proyectos, creatividad, aprendizaje continuo, conocimiento profundo del flujo completo del proceso de los recursos, propiedad intelectual y derechos de autor o gestión de modelos de licencias se nos muestran como habilidades necesarias para dicha adaptación.

Ejemplos para la inspiración

Pero no seamos derrotistas. Los bibliotecarios especializados en procesos técnicos están acostumbrados a experimentar enormes cambios en sus flujos de trabajo y en las herramientas que utilizan para llevarlos a cabo. Y no solo eso, grandes proyectos e innovaciones han salido en incontables ocasiones, y continúan haciéndolo, de los departamentos tradicionales de procesos técnicos. Y ahí están para demostrarlo proyectos como VIAF, o herramientas como MARCEdit de Terry Reese o RIMMF de Deborah y Richard Fritz. Si queremos sobrevivir y asentar nuevos cimientos estables y sólidos debemos continuar reflexionando y profundizando en el estudio de estándares y prácticas pasadas y presentes para asegurar que los que están llegando o han de llegar mejoren y sirvan a los intereses de los usuarios en sus tareas de encontrar, identificar, seleccionar y obtener los recursos que sean de su interés – tareas que ya eran señaladas por FRBR – hoy y en el futuro. Eso sí, sin perder de vista los valores fundamentales y los cimientos éticos que han animado el desarrollo de las bibliotecas desde su fundación.

¡No nos quedemos parados! ¡Salgamos del fango!

© IWM (Q 32625)

© IWM (Q 32625)

Continuará…

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Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Desde luego yo pienso que la catalogación debe de cambiar, y de hecho ya está cambiado, porque se realiza teniendo en cuenta unas normas muy rígidas que, algunas veces, da como resultado catalogaciones difícilmente entendibles para el usuario que al fin y al cabo es nuestro consumidor final.
    Además la gente busca en Internet el libro que quiere y raramente entra en el catálogo de una biblioteca, Internet busca por cualquier palabra, incorpora imágenes, texto, comentarios, etc. En suma, es mucho más atractivo que el mejor catálogo de la mejor biblioteca, pero los bibliotecarios en vez de intentar hacer algo más sencillo y más asequible han elaborado una especie de «filosofía catalogadora» que en vez de hacer el proceso más simple lo está haciendo más complicado para llegar prácticamente al mismo sitio.
    Esto me recuerda a cuando yo estudiaba lingüística y llegó Chomsky y todos nos empezamos a hacer un poco de lío. Algunas cosas de entonces perduran pero en buena parte se ha vuelto a lo de siempre, a llamar a las cosas por su nombre.
    ¿No basta con simplificar la catalogación, incrementar la cooperación nacional e internacional, permitir de una vez por todas el intercambio de registros, sin tener que modificar ni una sola coma para adaptarlo a la propia biblioteca y sobre todo, dar al lector la posibilidad de encontrar lo que necesita sin tener que plantearse nada más? Mientras las bibliotecas sigan manteniendo los esquemas tan rígidos, llámense ISBD, FORMATO MARC, FRBR o como quieran llamarse, Internet nos irá ganando la batalla.

  2. Si nos remitimos al examen del contenido y realizaciones de los nuevos estándares basados en la aplicación práctica del modelo conceptual FRBR, –RDA e ISBD consolidada, sin ir más lejos–, uno se ve atribulado por la vehemente sospecha de que en algún punto de este complejo y laborioso proceso hemos extraviado el camino. La pretensión de simplificar, racionalizar y sistematizar el proceso de “representación” del universo bibliográfico y documental en general nos ha arrastrado a un laberinto de extraordinaria complejidad en el que descubrimos, perplejos, que todo es más oscuro y problemático que antes: ¿Alguien puede dar una definición de “Obra” que sea clara, universal y polivalente para todo tipo de recursos? ¿Dónde acaba la “Obra” y empieza la “Expresión”? La aplicación metódica del cabalístico texto de las RDA, produce registros sospechosamente similares a los confeccionados conforme a las antiguas AACR2 ¿Esto es un logro, o un fracaso? La tentativa de solucionar las inconsistencias generadas por el uso de la DGM han conducido a la, –a mi juicio–, extraña y decepcionante solución del área 0 y sus expresiones algebraicas del tipo: “Texto(visual) : sin mediación” que sólo entendemos los iniciados (Doy fe). Fomulaciones que van, además, antepuestas al título (¿?), lo que distorsiona la secuencia natural y más lógica de la información descriptiva en la lectura de los registros ISBD (véase Bibliografía Española). Estos son sólo unos ejemplos representativos de este “pandemónium” en que estamos sumidos. El sueño de la Razón produce monstruos.

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