Puentes. Experiencias en el Laboratorio de Restauración de la BNE

Santuario, estética, herramientas y orden

El espacio de trabajo, así como los procesos de restauración están relacionados con nosotros mismos, son un reflejo de lo que somos, de cómo sentimos, de la forma en la que nos desplazamos hasta de la música que escuchamos.

En el año 2016 tuve el honor de ser seleccionada por el ICCROM[1] para realizar una capacitación destinada a aprender técnicas japonesas y su aplicación dentro del contexto latinoamericano[2]. Tuve maestros y maestras increíbles entre japoneses, latinas y un español, que con esmero, paciencia, dedicación y humildad me enseñaron día a día sobre las prácticas y técnicas que se utilizan en la tierra del sol naciente desde tiempos inmemoriales. Tal es así, que allá dichas técnicas están protegidas por legislación ya que son consideradas patrimoniales y no solamente las técnicas, también lo son los materiales, los procedimientos, los adhesivos, las formas constructivas de, por ejemplo, los biombos, los rollos, los paneles y, para no ser menos, las herramientas.

Los talleres de restauración japoneses son las “catedrales del conocimiento”, son los lugares donde de forma silenciosa y precisa los maestros custodian celosamente estos saberes ancestrales. Son pocos los talleres autorizados a restaurar los objetos designados como parte de su Patrimonio Cultural y es extremadamente difícil ser aceptado para trabajar o tener prácticas en uno de ellos.

Personalmente sabía que tener una experiencia en Japón “la Catedral del conocimiento de la restauración del papel”, sería increíble, pero de poco provecho para lo que necesitaba aprender en un corto plazo, como por ejemplo, optimizar los saberes construidos previamente en México, conocer mejor el uso de las herramientas y materiales como los papeles japoneses, las brochas o el misterioso karibari [3], pero principalmente observar cómo trabajan en un taller en el cual se restaura con modos tradicionales orientales con eficiencia, pulcritud, destreza y velocidad.

La conservación y restauración del extensísimo Patrimonio Bibliográfico y Documental, donde el volumen de documentos y libros “modestos” a tratar excede con mucho las intervenciones sobre objetos excepcionales, implica un trabajo indudablemente repetitivo. Observaba que el trabajo cotidiano y sus resultados no estaban “funcionando” en su totalidad, pero intuía que bajo ese trabajo arduo debía subyacer algo más íntimo. Las formas aprehendidas con anterioridad a mi experiencia en México, inclusive antes de Madrid, me traían mucha desdicha y frustración, desde la preparación misma de los adhesivos como el “engrudo express[4]”, o la utilización de herramientas “bendecidas para restaurar[5]”, no estaban cumpliendo su rol. Luego de la experiencia mexicana que fue una suerte de bisagra de puerta, de ventana, necesitaba más.

Al gestionar durante algún tiempo la estancia en la BNE entre correos y solicitudes que completé y otras gestiones, meditaba y, entre esas sensaciones y emociones anteriores al viaje y la experiencia cognitiva, estaba segura de que al salto no lo secundaría una caída.

El salto al que me refiero es el del conocimiento.

Sabía también que los problemas y dificultades a los que me enfrentaba en mi trabajo, cargado de carencias materiales y económicas no podría resolverlas en Japón, donde las obras y documentos son de factura oriental, algo ajeno al mundo occidental. A estos problemas se sumaban los problemas físicos e intrínsecos de nuestro material bibliográfico y de obra plana, papeles modernos con una fragilidad matérica propia de la manufactura, de las tintas y medios empleadas, las técnicas y, con soportes diversos como diarios, partituras y papeles diversos, en los que se plasman la riqueza histórica y cultural de nuestro pequeño y herido país.

Sabía que sí era posible afrontar el desafío, con sus adversidades, profundizando el conocimiento de técnicas japonesas aplicadas en contextos occidentales, aquellas que han sido interiorizadas, experimentadas y optimizadas como es el caso de una línea de trabajo que se está llevando a cabo en el taller de restauración de la Biblioteca Nacional de España desde hace unos años en el Taller de Restauración de la BNE.

Estas técnicas dotadas de un giro cognitivo occidental, me permitirían construir herramientas intelectuales y manuales, optimizar recursos y mejorar los tiempos de ejecución de los trabajos con lo “mínimo” en términos de equipamientos y herramientas.


Las redes. 
¿Qué relación o coincidencias podemos establecer entre un lugar como Paraguay y las prácticas japonesas?

En el mes de septiembre del año 2017, a casi un año de estar en México, ingreso a la Biblioteca y Archivo del Congreso de la Nación del Paraguay –BACCN[6]-, como profesional contratada para montar el taller de restauración o laboratorio que se encontraba sin equipamiento ad hoc ni materiales específicos para las tareas asignadas.

Con mi colega y compañera de laboratorio, Gabriela Arias, restauradora, comenzamos un trabajo de reflexión y análisis sobre nuestras posibilidades de pensar un taller equipado con mínima tecnología, diferente a los existentes en otros países y a los que podríamos encontrar en otras instituciones de Asunción, Paraguay…y esa posibilidad estaba muy lejos de nuestra realidad. Es por ello que tomamos la decisión de aplicar soluciones que nos permitieran alcanzar objetivos pese a las adversidades de vivir en un lugar donde no conseguimos materiales de conservación y en el que el día a día también se incluya la incertidumbre del cómo hacer. Era la adrenalina de la “hoja en blanco”.

La posibilidad de continuar con el aprendizaje de técnicas aplicables a nuestra realidad, solo era posible en Madrid, de la mano de Luis Crespo Arcá.

El nodo. ¡Si te caes 7 veces, te levantas 8!

Orefuses y más

Orefuses y más

Luis Crespo Arcá, mi tutor en la BNE, fue uno de mis maestros en la edición ICCROM de México del año 2016. Durante el mes de julio del año 2019, ingreso como becaria externa al taller de Restauración de la BNE. Durante estas cuatro semanas intensas he aprendido a pensar y sentir, disfrutar del trabajo, respetar la obra -que los maestros japoneses denominan honshi-, el espacio, las herramientas del maestro (limpieza, orden y cuidados), a ser humilde y aplicada, a comprender que se deben tomar notas para fijar los conocimientos que se transforman a su vez en repeticiones de lo aprendido. He realizado las prácticas propuestas sobre diferentes soportes y en diferentes complejidades. He aprendido a utilizar equipamiento moderno como la reintegradora de papel para lo cual he recibido entrenamiento con el responsable de los talleres de restauración y encuadernación, Arsenio Sánchez. En el área de encuadernación he recibido información sobre procedimientos con Marisa Moratalla y Santiago García.

Además, Luis Crespo me ha facilitado material bibliográfico, textos propios y aquellos concernientes al mundo académico, además de informarme sobre cuestiones como papeles japoneses, su naturaleza y aplicaciones. He aprendido a observar y sentir al tacto el papel japonés con sus lados lisos y rugosos, su textura, su peso, su fortaleza, el sentido que le dan las fibras y sus fantásticas e inverosímiles aplicaciones.

He aprendido a preparar adhesivos como el shin-nori[7], éteres de celulosa, gelatina e hidróxido de calcio. He aprendido además a realizar preencolados o rehumectables, a cortar finas tiras papel japonés al agua; a realizar lavados de obras, a neutralizar la acidez del papel y aportarle una reserva alcalina beneficiosa para su pervivencia mediante el uso de hidróxido de calcio, he realizado limpiezas por capilaridad utilizando géneros como el Sontara, Hollytex [8] y fieltros de lana. He encolado obras con gelatina, he laminado obras con almidón de trigo diluido al extremo, he utilizado el karibar-ita (sistema de estirado por tensión temporal de obras) y las mesas de madera y al finalizar los trabajos he preparado carpetas de guardas. He aprendido sobre mis errores y he aprendido también lo que no se debe hacer. He aprendido sobre brochas de nombres curiosos, he sentido los filos de las herramientas, he tallado y lijado mis propias espátulas de bambú…

Aplicación de gelatina posterior al lavado (aprestado)

Aplicación de gelatina posterior al lavado (aprestado)

Laminado de obra con papel japonés encolado con shin nori.

Laminado de obra con papel japonés encolado con shin nori.

La generosidad del maestro no solamente llega a lo enunciado, sino que además me ha acercado materiales y procedimientos con ejemplos de intervenciones y obras en las cuales ha trabajado profesionalmente, compartiendo conmigo su vasta experiencia con encuadernaciones y archivos sonoros entre otras muy destacadas piezas pertenecientes al magnífico patrimonio de la BNE. He tomado contacto con proveedores locales mediante los cuales he adquirido brochas japonesas y otras herramientas fundamentales para mi desempeño laboral en mi país.

He conocido la Biblioteca y he interactuado con becarias del laboratorio como Sara Peiró que han sido de especial importancia para mí no solo por su calidad humana sino también por su conocimiento sobre técnicas japonesas y procedimientos diversos. Luis Crespo generosa y desinteresadamente me ha formado y guiado con una sonrisa, palabras de aliento y, a veces con una mirada inquisitiva necesarias para aprender y sorprender.

He recibido paciencia, tiempo y dedicación.

La sensibilidad del maestro se lleva en cada rincón del alma. He comprendido que este tiempo compartido se multiplica con ecos en el tiempo presente y, seguramente fluirá en el tiempo venidero con la música del laboratorio, en cada obra que deba restaurar. Seguramente he aprendido mucho más de lo enunciado.

Reparaciones

Reparaciones

Ahora, en mi espacio de trabajo, con cada limpieza de nuestra suave mesa de madera terminada con las fórmulas de Luis, con el lavado de alguno de nuestros utensilios o la aplicación de adhesivos o consolidantes con cada brocha específica, recuerdo incesantemente la fluidez del movimiento que debe acompañar a cada inhalación y exhalación cada vez que hacemos un laminado o una reparación, casi que se percibe una suerte de nado sincronizado cuando se trabaja.

A un año de esta magnífica experiencia y agradecida por esta inmensa oportunidad, es mi deseo que otros profesionales como yo puedan continuar o iniciar porque no, su formación en el taller de la BNE, una hermosa experiencia con hermosas y talentosas personas.

 

Helena Malatesta
Arquitecta. Conservadora de colecciones 

 

 

[1] Centro Internacional de Estudios para la Conservación y la Restauración de los Bienes Culturales. El ICCROM fomenta la cooperación internacional, interregional e interdisciplinaria reuniendo a diversos expertos e instituciones de todo el mundo para que ofrezcan asesoramiento técnico, educación y formación y llevar a cabo misiones a los sitios. https://www.iccrom.org/

[2] Curso Internacional de Conservación de Papel en América Latina. Un encuentro con Oriente. Realizado del 9 al 25 de noviembre de 2016, en la Ciudad de México. Instituto Nacional de Antropología e Historia – INAH-; National Research Institute for Cultural Properties, Tokyo – NRICPT -; International Centre for Study of Preservation and Restoration of Cultural Property – ICCROM –. Una parte fundamental de la capacitación fue la aplicación de estas técnicas japonesas en soportes occidentales, latinos.

[3] Técnica japonesa de secado. En: Masato Kato and Takayuki Kimishima, ‘Karibari: The Japanese drying technique’ in Adapt & Evolve 2015: East Asian Materials and Techniques in Western Conservation. Proceedings from the International Conference of the Icon Book & Paper Group, London 8–10 April 2015 (London, The Institute of Conservation: 2017), 91–8.: Karibari: The Japanese Drying Technique.

[4] Al iniciarme en el mundo de la restauración me enseñaron que solamente bastaba cocinar el almidón por 20 segundos en el microondas, al igual que su forma correcta de conservación una vez cocido se realizaba en el refrigerador. Luego se lo aplicaba sin tamizar y sin diluir con agua, como una densa pasta. No fue hasta el año 2016 que los maestros japoneses nos enseñaron la mejor forma de cocción del almidón o nori. La diferencia en las propiedades finales de este adhesivo es extraordinaria, y merece un capítulo aparte.

[5] Ejemplo: plegaderas de teflón, acero quirúrgico, astas de animales, entre otros.

[6] El taller de restauración de la BACCN construido como tal, como parte del programa arquitectónico de un edificio que fue construido como biblioteca inaugurándose en el año 2015. https://www.bacn.gov.py/

[7] Pasta de almidón de trigo que se obtiene con la adición de agua y la cocción del mismo.

[8] Sontara y hollytex son tejidos no tejidos que se utilizan como materiales de protección en diferentes procesos.

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Esta entrada tiene un comentario

  1. Felicitaciones Helena! Un orgullo ser tu amiga y admiradora! Tu trabajo y tu dedicación al mismo único y solo me resta aplaudir ❤️Nuevamente mil gracias! Viva el Arte! ❤️

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