Visita al Museo de la BNE

El Museo de la Biblioteca Nacional de España –abierto todos los días de la semana, excepto el lunes, con un amplio horario que se extiende de diez de la mañana a nueve de la noche y hasta las dos de la tarde los domingos y festivos- exhibe una gran colección de piezas originales que forman parte de la historia de la escritura y sus soportes así como de la propia historia de la BNE. Además de su exposición permanente, el museo organiza muestras temporales y un extenso conjunto de actividades como talleres, conferencias, concursos…

Desde 1994, año en el que se inauguró bajo el nombre de Museo Interactivo del Libro, el museo realiza una aproximación entre el trabajo interno de la Biblioteca y los ciudadanos. “Este es un patrimonio de todos que hay que comunicar y difundir”, declara Gema Hernández Carralón, Jefa del Servicio del Museo, “de alguna manera originalmente se concibió como un centro de interpretación de la BNE. A día de hoy estamos asumiendo también una labor menos conocida, que es la de velar por nuestra cultura material: reunir, documentar y difundir esos objetos de la historia de la institución que, no siendo libros, se encuentran un poquito huérfanos de estudio y protección en una gran biblioteca”.

Sala de soportes del Museo de la BNE

Hace cuatro años y medio, el museo comenzó una nueva etapa, con un concepto más moderno y didáctico en el que se prima la dinamización de la exposición permanente y la fidelización del público.
La visita al museo comienza en una sala donde se exhibe la maqueta ganadora del concurso para la última gran reforma del edificio de la Biblioteca, que fue inaugurada por los Reyes a finales del 2000. Esta reforma significó fundamentalmente una adaptación a las infraestructuras modernas, una importante ampliación del espacio útil y una mejora de las circulaciones interiores, tanto verticales como horizontales. Junto a la maqueta, el público puede seleccionar, gracias a un interactivo, algunas salas o zonas de trabajo no accesibles para el público, localizarlas en la planta del edificio y descubrir sus cometidos y aspecto a través de audiovisuales. “Al público le gusta conocer especialmente aquellos espacios a los que no puede acceder”, explica Gema Hernández, “pero hay que entender que esas zonas son el entorno de trabajo tanto de lectores e investigadores, como del personal de la casa, bibliotecarios, restauradores, encuadernadores, etc., y que las visitas interrumpen y entorpecen sus labores”.

Sala de las Musas del Museo de la BNEEn la misma sala, el museo muestra la historia de la BNE en su contexto histórico y espacial: su primera localización estuvo en el centro de la ciudad, en su zona más antigua, en un pasadizo que unía el Convento de la Encarnación con el antiguo Alcázar de los Austrias que ocupa aproximadamente el solar del actual Palacio Real. Sus primeras colecciones fueron las heredadas, incautadas o compradas por Felipe V y sus primeras fuentes de financiación provenían de los beneficios obtenidos de los impuestos del tabaco y de los juegos de cartas.

Tras diversos cambios de sede en los que las obras y la falta de espacio fueron constantes, en 1896 la entonces ya Biblioteca Nacional abre sus puertas en su actual ubicación.

El museo expone en su segunda sala abundante material de trabajo de distintas épocas: fichas, etiquetas para libros (“tejuelos”), sellos, herramientas de restauración, gráficas de temperatura y humedad, carnés de usuario y guías del lector, un recorrido por la evolución del trabajo diario de la biblioteca.

Tú preguntas, el museo responde

En la sala dedicada a la escritura hay una muestra de diferentes soportes como arcilla, cerámica, huesos, pergaminos, metales e instrumentos como plumas, tintas y máquinas de escribir. De nuevo, el museo es un lugar interactivo: al pulsar un botón con diferentes preguntas, una grabación responde al tiempo que se ilumina la vitrina correspondiente.

En este espacio nos encontramos con Antonio, un turista brasileño a quién le apasionan los libros en general, pero cuya fascinación es El Quijote. “He venido aquí para ver cosas sobre él”. Su amigo Fernando, otro brasileño de turismo en Madrid, afirma: “he buscado museos en Internet y he descubierto éste. ¡Estoy encantado! Me gusta conocer la historia y los materiales que se usaban para producir los libros”.

En la sala de las Musas se montan cada tres o cuatro meses nuevas exposiciones temporales, como la que ahora puede verse dedicada a Carolina Coronado, con originales del fondo de la Biblioteca. En muchas ocasiones, en el resto del museo se hace uso del facsímil, la copia perfecta del original para preservar las obras originales. “De otra forma, -apunta Gema Hernández- no podríamos mostrar a los visitantes las piezas más emblemáticas de nuestras colecciones. Mucha gente se siente un poco defraudada por ello, pero en el fondo es una tarea de educación y sensibilización hacia el patrimonio bibliográfico y su protección: si exhibiéramos indefinidamente nuestros mejores ejemplares, acabaríamos destruyéndolos. El deseo de contemplar originales a toda costa tiene mucho de fetichismo, pues, detrás de una vitrina no es fácil apreciar si estamos ante un original o una buena copia”

El Código Metz y un Beato, son algunos de esos facsímiles expuestos en la sección “Memoria del saber”, donde se muestran las colecciones desde la Edad Media hasta el siglo XXI.

Concentrados en esta parte del museo se encuentran Adriano y Sabrina, dos italianos que descubrieron el museo a través de la oficina de turismo. “Es mejor de lo que pensaba. A pesar de no ser muy conocido supera en mucho otros que hemos visto”, afirma Adriano.

Casi al final de la sala, se encuentran diferentes espacios dedicados a libros de distintos temas, como religión, historia, ciencia; otros rincones recrean el cine y a la música en la BNE. Después se llega a una especie de café literario, un marco tradicional en la cultura española y muy importante en la vida de muchos intelectuales. En este “café”, con sus mesas redondas, sus sillas, sus ilustraciones en las paredes, reproducción de los bocetos de Leonardo Alenza para el Café de Levante conservados en la Biblioteca, y una pianola al fondo de principios del siglo XX, se realiza la mayoría de los talleres escolares, así como otras actividades de taller para adultos o familias, los fines de semana.

Visitas guiadas por voluntarios

En el último año se contabilizaron 75.000 visitas, muchas de ellas guiadas por voluntarios mayores, como Antonio, dedicado desde hace un año a enseñar el museo a los visitantes.

Unos diez voluntarios se organizan semanalmente para realizar esta tarea. Casualmente, todos ellos tienen en común un pasado vinculado a los libros. Hay profesores de literatura o libreros, como Antonio. “Desde 1965 me muevo entre libros”, explica este experto en las preferencias de los visitantes. “A los niños les suelen gustar las vitrinas de exposición con luces, mientras que los mayores preguntan más por el depósito legal y sobre cómo se hace la restauración de libros deteriorados”.

Los voluntarios constituyen una parte importante en la dinamización de las diversas actividades del museo. “Hay gente de asociaciones que nos invita a visitarlos después de venir aquí. Nunca vamos, pero es gratificante”, afirma Antonio. Hay visitas que terminan en aplausos y esa es la mayor satisfacción, pero, como dice uno de los voluntarios, “la mayor recompensa es continuar aprendiendo”.

La sala Quijote cierra el recorrido por el museo. En ella se encuentran muchos recursos audiovisuales y multimedia sobre la Biblioteca, la historia del libro y el propio Quijote. En una de las vitrinas, la que cierra el recorrido un interrogante se pregunta por el futuro de las bibliotecas en la era digital. Ésta es la única cuestión que el museo no contesta, aún nadie puede responder. Lo que si parece seguro es que el Museo permanecerá para guardar y enseñar el futuro.

Carla Sao Miguel

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Esta entrada tiene 3 comentarios

  1. PARA LOS QUE VAMOS A VISITAR LA BNE A MADRID SE TENDRIA QUE PONER EN LA PAGINA DE INICIO DIRECCION Y MAPA DE SITUACION.

    GRACIAS,SALUDOS.

  2. Los voluntarios hacen un trabajo magnífico, pero en el Museo las visitas guiadas también las realiza «personal externo de la BNE», una persona entre semana y otra los fines de semana. Yo soy una de ellas, no esperaba que se mencionara en el artículo, pero creo que debía hacer esta aclaración.

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