La noche en que no ardió el Museo del Prado

Entre los hechos que nunca han ocurrido ocupa un lugar predominante el incendio imaginario del Museo del Prado el 25 de noviembre de 1891.

El mal estado en que se encontraban las instalaciones del museo sirvió de base a un artículo periodístico, tan dramático como falso, en el que se describía la catástrofe con todo lujo de detalles. La crónica del suceso apareció en el diario El Liberal y fue obra de uno de los grandes periodistas españoles del XIX, Mariano de Cavia, conocido por su carácter peculiar: vivía en un hotel, pero tenía un piso ocupado solamente por su biblioteca personal.

En su artículo describía la destrucción de la pinacoteca con todo lujo de detalles, pintando una imagen desastrosa del museo “coronado de llamas, lanzando columnas de humo hacia las nubes y de cuando en cuando haces de chispas, que semejaban luminosos residuos del espíritu de Velázquez, Murillo, Rafael, Rubens, Tiziano, Goya… No ardía solo el ala de Poniente ni el ala de Levante, ni el centro del edificio. Lo que ardía era el Museo todo, el Museo entero, el Museo por los cuatro costados”.
Y no solo eso, incluía las supuestas opiniones de varios testigos y el relato de cómo algunos voluntarios se jugaban la vida para rescatar los lienzos del interior del edificio cortándolos con cuchillos y navajas.

Pero lo que quería Mariano de Cavia no era crear alarma, sino denunciar el estado deplorable del Prado, donde los trabajadores vivían con sus familias en los desvanes: “Allí se guisaba, allí se encendía fuego para toda clase de menesteres caseros (…), los suelos y la techumbre eran inmejorables agentes para el elemento destructor, gracias a su endeblez”.

El último párrafo de su noticia daba a entender que todo era una invención suya y que no existió tal incendio, aunque podría producirse cualquier día si no se tomaban medidas. Sin embargo, muchas personas no leyeron el artículo completo o no entendieron la sutil ironía del autor y se echaron a las calles a ver con sus propios ojos las ruinas del Museo del Prado.

Al día siguiente, El Liberal abría con un nuevo texto de Cavia, un artículo furibundo titulado “Por qué he incendiado el museo de pinturas”. En este enumeraba varios monumentos que habían sido pasto de las llamas (el Alcázar de Segovia, la Catedral de Sevilla…) y exigía medidas al gobierno para impedir que volviera a suceder. “Hemos inventado una catástrofe… para evitarla”, concluía.

Y lo que es mejor: funcionó. El día 28 de noviembre, el Ministro de Fomento Manuel Linares Rivas visitaba las instalaciones del Prado y quedaba sorprendido al descubrir, por ejemplo, un almacén de leña en sus sótanos. Se ordenaron una serie de medidas de remodelación, comenzando por desalojar a las familias que vivían hacinadas en las buhardillas. Además, se cambió la estructura del tejado por un andamiaje de metal y otra serie de medidas arquitectónicas encargadas a Jareño Alarcón, más recordado por haber proyectado el edificio de la Biblioteca Nacional de España.

No hay forma de saber si el Museo habría ardido realmente de no ser por Mariano de Cavia, pero ¿creéis que una buena causa justifica una información falsa?

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  1. ESTIMADOS COLEGAS DE LA BNE,
    OS SUGIERO, CON TODA MODESTIA, QUE EN LO POSIBLE MODIQUEIS EL TÍTULO DE ESTA SECCION «»La noche que no ardió el Museo del Prado»» POR LA FORMA CORRECTA:

    «»LA NOCHE EN QUE NO ARDIÓ EL MUSEO DEL PRADO»».

    UN SALUDO CORDIAL

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