La prensa en las primeras Olimpiadas

Tal día como hoy, en 1896, se inauguraban los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna. Es de suponer que la prensa se volcó con semejante acontecimiento, ¿verdad? Pues no demasiado.

La Correspondencia de España le dedica únicamente un breve al acto de inauguración y otro, que podéis ver junto a estas líneas, al de clausura, celebrado el 15 de abril.

No se publicaron ni medalleros, ni reportajes en profundidad, ni entrevistas, ni suplementos especiales, ni hubo un aluvión de corresponsales llegados de los cinco continentes ¡ni mucho menos fotografías! Otros diarios españoles, como El Imparcial o El Siglo Futuro, publican exactamente los mismos textos, obtenidos de la agencia de noticias Fabra, antecesora de la actual EFE. A su vez, esta recibía la información de la agencia francesa Havas y se limitaba a traducirla. Solo el barcelonés La Dinastía profundiza algo al informar de que las pruebas de remo debieron suspenderse debido a la lluvia torrencial que azotaba Atenas, mientras La Ilustración Española y Americana critica veladamente la celebración, a la que dedica solamente tres líneas.

Esta aparente indiferencia, que podría deberse a que ningún atleta español participó en estos primeros Juegos modernos, no es total: El Imparcial publicó el programa de actividades completo, aunque se trataba de una traducción del trabajo del corresponsal del New York Times en Atenas.

Los Juegos Olímpicos resucitaron gracias a los esfuerzos de Pierre de Coubertin, que tomó la idea de las pequeñas “Olimpiadas” organizadas y financiadas por Evangelis Zappas en 1859, 1870 y 1875. Para la celebración de unos juegos verdaderamente internacionales se estableció un Comité Olímpico en 1894, que decidió por unanimidad celebrar los primeros Juegos en Atenas dos años después y los segundos en 1900 en París, coincidiendo con la Exposición Universal.

Gran parte del presupuesto de estas Olimpiadas fue aportado por donativos populares y los atletas, lejos de ser las grandes estrellas mediáticas que son hoy, compaginaban su actividad con otros empleos y debían pagarse el alojamiento en Atenas de su propio bolsillo. Es más, la normativa del COI establecía que no podrían participar atletas profesionales, además de la descabellada norma de que por encima de las decisiones de los árbitros y del jurado pesaba el voto decisivo e inapelable del Príncipe Jorge.

Pero no fue esta la única norma que resulta chocante hoy en día. El error más sonado fue prohibir la participación de mujeres bajo argumentos tan peregrinos como que serían una distracción para los atletas. Pese a ello, una mujer llamada Stamata Revithi decidió correr la maratón. Lo hizo al día siguiente de la carrera masculina en un tiempo de 5 horas y media. Pese a que recogió firmas y testimonios de su participación, a día de hoy no figura como una participante oficial de los Juegos. Es más, la maratón femenina no sería un deporte olímpico hasta casi un siglo después, en 1984.

Los deportes olímpicos de 1896 fueron atletismo, gimnasia, tiro, ciclismo, levantamiento de peso, tenis, lucha, esgrima y natación. La falta de instalaciones apropiadas obligó a los nadadores a realizar sus pruebas en mar abierto.

Los ganadores de las pruebas recibieron medallas de plata, un diploma y una rama de olivo, y para los segundos clasificados, medallas de cobre. No hubo ni medallas de oro ni ningún tipo de premio o reconocimiento para los terceros de cada competición. Además, no existían equipos nacionales como se entienden hoy día, por lo que es muy difícil especificar qué países compitieron y por ende cuáles consiguieron más medallas.

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Esta entrada tiene un comentario

  1. Es un post muy curioso que me recuerda la escenografìa heroica de «Carros de fuego» y la historia de la maratoriana precursora, que me suena conocida, me evoca una persona de carácter y con un halo muy romántico. Gracias por tus ganas de escribir

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