La conservación de los nuevos soportes documentales (o el Todo cambia, nada permanece…)

Heráclito de Éfeso afirma que el fundamento de todo está en el cambio incesante. El objeto deviene y se transforma en un proceso de continuo nacimiento y destrucción al que nada escapa. Esta reflexión es perfectamente aplicable a la conservación de los nuevos soportes documentales.

Somos coetáneos de una permanente e incesante celeridad de avances tecnológicos que está generando nuevos soportes para registros de todo tipo con técnicas y a un ritmo que a duras penas somos capaces de asimilar y entender. Este tipo de soportes son origen de nuevas necesidades de preservación y restauración alejadas de las de aquellos materiales y técnicas que en el mundo de archivos y bibliotecas son considerados como soportes tradicionales”. Esta carrera de consumo rápido genera nuevas preguntas y retos a los responsables de diseñar políticas de preservación del Patrimonio Cultural Documental y Bibliográfico. Surge la necesidad de proteger soportes con la certidumbre de su efímera vida pues ninguno ha sido diseñado con fines de conservación, al contrario, responden a exigencias de masivo y vertiginoso consumo, decaimiento en su uso y, con ello, de rápida desaparición. Los mundos de los soportes tradicionales y los recién llegados, realizados a partir de materias muy dispares, se ven conectados por compartir zonas de almacenamiento o por servir como soportes de duplicado; de este modo empiezan a compartir problemas comunes en la estrategia de su conservación hacia el futuro. Las técnicas y los tiempos pausados de acción empleados en la conservación pasiva (contenedores adecuados; control climático de diverso tipo de los depósitos; etc.) aún siendo imprescindibles, ya no son la única referencia para contarnos qué podemos esperar que suceda con nuestras colecciones y fondos de forma precisa. Es necesario crear líneas de actuación que se complementen y permitan tomar decisiones críticas en su preservación.

Retos presentes para archivos y bibliotecas

La cantidad de información que se genera diariamente es tal que supera las capacidades de cualquiera para emplearlas con eficiencia e inteligencia. Basándose en las experiencias del pasado, los bibliotecarios y archiveros saben que hay dos cosas ciertas relacionadas con los fondos y colecciones que custodian: en primer lugar que no todo lo guardado sobrevivirá, y en segundo lugar que no pueden predecir qué será importante para los investigadores – esto es, para la sociedad -en el futuro. El legítimo esfuerzo conservador de un soporte tradicional valioso, como puede ser un libro en forma de códice, es el de mantener íntegros sus valores históricos, sociológicos, estéticos y tecnológicos. La sociedad actual también revela sus gustos culturales y tecnología empleando nuevas representaciones: es el caso de los contenidos de las películas o de las carátulas de una colección de discos de vinilo. Tanto los objetos antiguos como los contemporáneos son ejemplos y manifestaciones de un momento social que merecen el esfuerzo conservador para retardar su desaparición. Sin embargo, la mentalidad occidental – la oriental tiene matices diferenciadores significativos en este sentido – tiende a otorgar más importancia a aquellos objetos que ya han adquirido una pátina de valor producto del paso del tiempo; ello genera esfuerzos conservadores disímiles entre los objetos antiguos y los contemporáneos.

Los expertos dedicados a estudiar la complejidad del mundo de los registros sonoros y los audiovisuales son bien sabedores de los incalculables valores históricos, educacionales y culturales que hacen de este tipo de documentos una parte insustituible el Patrimonio Cultural contemporáneo. También son conscientes del breve ratio de expectativa de vida que existe desde el momento de su creación y puesta en uso hasta su desaparición por deterioro irremediable. Este fenómeno se comenzó a acelerar con la aparición de las primeras grabaciones en cinta magnética, especialmente el video, a mediados del siglo XX. Una de las necesidades imperativas que demandan las políticas de conservación para estos nuevos medios radica en la permanente migración de la información de los soportes originales a unos nuevos más estables. Esta necesidad topa con un problema extra: hallar acuerdos en la trama legal de los problemas derivados por los derechos de autor. Conseguir recursos económicos, de forma continuada en el tiempo, que sustenten la conservación/preservación de estos materiales es una tarea a la que se enfrentan todas aquellas instituciones poseedoras de estas insustituibles partes de nuestro patrimonio. Una estrategia de conservación de un archivo con fondos sonoros, audiovisuales o digitales debería hacerse bajo el lema mínimo coste por uso” sobre el ciclo vital del nuevo medio, nunca bajo el del mínimo coste por migración” o transferencia.

Desde el surgimiento del fonógrafo, gramófono, etc., no ha cesado de haber una carrera de inventos – siempre con puro afán comercial – que continua hasta nuestros días con la multitud de aparatos y medios que son creados, introducidos en el mercado y abandonados rápidamente por las expectativas incumplidas de ventas – que no por la calidad del medio. Recordemos la guerra comercial entre los sistemas de video VHS, Beta o 2000; este último fue reconocido por los profesionales como el más estable y de mejor calidad, pero fue marginado hasta su desaparición por los acuerdos comerciales de las empresas que desarrollaron los otros sistemas. Los nuevos soportes y sus variantes – cintas magnéticas; cintas de video; DVD; CD; Laserdisc; etc. – siguen el mismo camino pues algunos de ellos o ya no se comercializan o están a punto de desaparecer.

Las energías y recursos económicos destinados a la conservación de la información recogida en estos sistemas y medios deben abordarse desde una nueva óptica: es desacertado esforzarse en destinar partidas de los presupuestos para el acondicionamiento físico de, por ejemplo, una colección de cintas de video sin diseñar simultáneamente un plan continuo de migración de la información albergada: todo contenido que no sea traspasado estará condenado, con seguridad, a su desaparición debido tanto a la inestabilidad química y física del medio. A esta ecuación se añade el problema técnico irremediable – cada vez a más corto plazo – de la obsolescencia y desaparición de los equipos y/o de los programas de software que permiten su grabación, reproducción, visualización o lectura. Pensemos cuántos de nosotros disponemos hoy día de un PC con algún tipo de disqueteras de cinco pulgadas o la más moderna de tres pulgadas y media; siquiera de alguna versión primitiva de los sistemas operativos de los años ochenta que permita leer documentos que no fueron migrados a nuevos sistemas en su momento. Son documentos, en la mayoría de los casos, simplemente no reproducibles y por ello la información que con ellos se generó puede quedar condenada al olvido. Enfrentarse a la preservación de estos nuevos medios únicamente con aquellos conceptos que son válidos para una colección de libros raros, sitúa de antemano la acción en un contexto quijotesco, mal planteado y de desperdicio económico.

Parte de este post fue publicado en:

Crespo, L. y Ferrero, L,: Nuevos soportes: desafíos en su preservación”. Tábula Nº 12, estudios archivísticos de Castilla y León. Revista anual de la Asociación de Archiveros de Castilla y León. Año 2009.

 

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Esta entrada tiene 6 comentarios

  1. Estupendo artículo. En la BNE llevamos mucho tiempo preocupados por la preservación de los contenidos sonoros y audiovisuales de nuestras colecciones en cinta magnética (varios cientos de miles de cintas de vídeo, cintas de casete, cartuchos, cinta abierta, etc.) y Luis Crespo es uno de nuestros mayores expertos en la materia. En la digitalización no sólo existe el problema comentado en el artículo de la obsolescencia o desaparición de los aparatos reproductores originales, sino que también vemos que los que están disponibles fueron concebidos en su día para un uso doméstico y no profesional, con previsión de un número muy limitado de reproducciones. Para un digitalización sistemática y masiva de nuestra colección necesitaríamos «fundir» un gran número de aparatos.

  2. a la atención de Luis Crespo Arcá y visitadores del blog

    Apreciado Luis ,
    Comparto tu reflexión sobre la conservación del patrimonio cultural y bibliográfico. En el mundo del Don Dindin y los intereses creados es dificil adivinar como se librará esta batalla pero hay que ser diligentemenete pesimistas para preveer las agresiones y proteger la memoria del mañana y hay que ser optimistas porque la diligencia de tu departamento y de otros preservaran a buen seguro la cultura de la humanidad. No hay otra salida porque como afirmaba Einstein «»no se que armamento se utilizaría en un a hipotetica tercera guerra mundial, pero tengo muy claro que la cuarta sería con hachas y piedras»».
    Me parece encomiable vuestro trabajo y desearía en otro orden conocer material videografico sobre vuestra actividad y especialmente los protocolos que usais para la prevencion de daños y restauracion de materiales en caso de inundación en el Depósito de libros. Gracias por todo

  3. Pasamos de la piedra al papel y de la tableta de arcilla al ?Tablet? digital. Sin embargo, tal y como dice el artículo estas nuevas tecnologías de la transmisión y acumulación de información son extremadamente efímeras y al fin y al cabo solo quedaran algunos vestigios de civilización humana cuando dejemos de existir. Por ejemplo, la declaración de independencia de los Estados Unidos perdurará cien años sin el cuidado del ser humano. Esto se debe a que está en una urna debida presurizada y con un micro clima capaz de conservar el papel durante largo tiempo. De no ser así cualquier documento es deteriorado por la humedad y por el conocido ácaro del papel que lo torna de color blanco a color amarillo.

    El plástico y todo aquel medio de comunicación que esté compuesto por este material no durará más de un siglo y toda la información estará obsoleta o difícil de recuperar. Sin embargo, solo existe un medio por el cual la información del ser humano puede perdurar a través de los siglos e incluso milenios: la piedra. Tomemos como ejemplo las pirámides de Egipto o cualquier relieve egipcio. ¿Cuánto tiempo llevan ahí? Siglos y siglos y el mensaje tallado en la roca aún perdura. Por lo tanto, cuando toda esta tecnología informatizada de dígitos y de códigos binarios de cero-uno desaparezca el ser humano será reconocido solo y únicamente por lo que nuestros ancestros hicieron en la antigüedad. El Monte de los presidentes americanos será un claro ejemplo para el futuro de que alguna vez existió vida inteligente capaz de comunicar.

    Un saludo cordial.

  4. Gran artículo, compañero. ¡Lástima de que aún haya millones de personas que todavía no se hayan percatado de la magnitud del problema!.
    Quizá, y espero que así sea, con un poco de esfuerzo y sensatez, seamos capaces de salvar parte de la documentación de la «» era de la información»» (que, por otro lado, peca de ser la más desinformada de todos los tiempos).

  5. Es confortante saber que las instituciones están tomando un interés en este problema. Muchos de los documentos creados y conservados en soporte electrónico a finales del siglo XX ya se han perdido, debido a la falta de conocimiento sobre conservación, o en el caso de aquellos creados con sistemas operativos propietarios de ?procesador de texto?, simplemente porque el ?hardware? ya no existe. Unos años atrás, una firma de abogados me contacto en desesperación. Era necesario examinar varios miles de páginas en microfichas, un sistema relativamente bien-conocido, pero no habían podido encontrar un solo lector en toda la ciudad de New York.

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