Una selección de libros muy interesantes que no podrás leer… porque no existen (II parte)

Recordaréis que en nuestra entrada de este blog del pasado 16 de febrero prometimos volver sobre el tema de los libros inexistentes. Allá vamos.

Entre los tipos más interesantes de menciones a libros que no existen se encuentran las reseñas de libros ficticios. Y probablemente sea Jorge Luis Borges el autor más destacado en la creación de textos concebidos alrededor de libros simplemente inexistentes.

FiccionesEs lo que ocurre en composiciones como “Pierre Menard, autor del Quijote”, publicado en «El jardín de los senderos que se bifurcan» y posteriormente en «Ficciones«, donde se comenta y hasta cita la obra del francés que volvió a escribir parte de El Quijote, con las mismas palabras, pero dándole con ello un sentido totalmente distinto. La lectura de la obra podría tener cierto interés, a pesar de lo redundante, en el caso de que existiera. En otros textos, como “El idioma analítico de John Wilkins”, se cita abundante bibliografía de y sobre un personaje que no pudo escribir ninguna de esas obras ni ser objeto de ellas… porque nunca existió.

Más recientemente, la revista de ensayo «The Believer«, de la editorial Mc Sweeney`s, incluyó en su número del pasado junio un apartado de “apuntes breves sobre libros que no existen. Once lecturas ficticias y esenciales para el verano”. Mc Sweeney’s, célebre entre otras cosas por los osados formatos de sus publicaciones (una caja de puros, una carpetilla con un peine además de la revista en cuestión o un montón de papelajos concebidos como “lo que usted se encuentra al abrir el buzón” han sido algunos de sus números más aclamados), bromea también con frecuencia con el lector. En este caso, como su nombre indica, se incluían reseñas de once libros presuntamente apropiados para la lectura vacacional: desde un ensayo histórico sobre la batalla de Fontenoy hasta una novela cómica ambientada en el Imperio Otomano sobre un profesor de piano y sus estrategias para seducir alumnas. Además de estar divididos en “ficción” y “no ficción”, siguiendo las convenciones de este tipo de recomendaciones literarias, se indican en cada caso el título, el autor, una breve reseña de la obra y hasta la imagen de la cubierta, tan falsa como el resto de la información.BelieverJunto a ello, queríamos destacar también la existencia incluso de catálogos completos de libros ficticios. En este sentido, el caso más asombroso es, sin duda, la obra conocida como «Catálogo de Forstas«. Se trata, supuestamente, del catálogo de la biblioteca del Conde Forstas, que iba a salir a subasta en agosto de 1840. La biblioteca, muy codiciada por numerosos bibliófilos desde el momento en que salió a la luz el anuncio de la subasta, contenía únicamente ejemplares únicos de obras. Para decepción de los bibliófilos, todo resultó ser un engaño. El catálogo en sí, sin embargo, ha sido reeditado en numerosas ocasiones desde entonces.

Y más allá de reseñas y catálogos, existen incluso versiones modernas de libros ficticios. Por ejemplo, el norteamericano William Goldman publicó en 1973 «La princesa prometida«, supuestamente la versión “revisitada” de la novela satírica de S. Morgenstern del mismo título. Princess BrideLa novela, que nuestros lectores probablemente conocerán por la versión cinematográfica con Robin Wright en el papel de la princesa y por la famosa frase mil veces repetida del espadachín español Íñigo “hola, me llamo Íñigo Montoya, tú mataste a mi padre, prepárate a morir” cuenta una historia de amor, capa y espada en la que Goldman, en sus propias palabras, ha suprimido los pasajes más aburridos para el lector actual de la obra original.

Así, Goldman siembra el relato de comentarios como el siguiente: ¿Me creerán si les digo que en la versión original de Morgenstern éste es el capítulo más largo de todo el libro? Quince páginas para explicar por qué Humperdinck no se puede casar con la plebeya (…). Y setenta y dos páginas –cuéntenlas bien- setenta y dos páginas para describir la educación de una princesa. Y, entre comentario y comentario, nos presenta “las partes buenas” de un relato, el de Morgenstern, que, al igual que su autor, nunca existió.

Existen muchos más ejemplos de casos en que se juega con obras inexistentes como si no lo fueran. Para no aburrir al lector, hemos decidido compartir estas pocas con vosotros.

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Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Siempre me ha parecido increíble la historia de Morgenstern, y creo que debe haber sido el libro preferido de toda una generación de niños.
    Muy interesante.

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