Tombuctú

Tomboctú está en Malí, al sur del desierto del Sahara, en la llamada curva del río Níger, a siete kilómetros de éste, sus coordenadas son 16°46′8″Norte, 3°0′26″ Oeste . Es una ciudad muy antigua, nacida al socaire del comercio de la sal, que según las leyendas, en Tomboctú se cambiaba por oro.

La historia de esta ciudad es azarosa y tiene una edad de oro en el siglo XIV, con el emperador del llamado Reino de los Negros, Mansa Musa o Kanku Musa. En esa época un exiliado granadino, Abu Isaq Es Saheli, que inicialmente fue conocido como poeta, dirigió la construcción de la mezquita de Djingarebeir y de otros edificios civiles y religiosos, construidos enteramente de barro, cuyas fachadas se encuentran jalonadas por innumerables estacas de madera. Al parecer otros muchos viajeros de Al-Andalus sembraron su nostalgia en esas tierras, tal como nos muestra la obra Andalucía en África subsahariana: bibliotecas y manuscritos andalusíes en Tombuctú.Página del Atlas maior, de Jean Blaeu

Conquistada por el imperio Songhay, durante los siglos XV y XVI fue un centro que irradió cultura y religiosidad y sus madrasas o escuelas islámicas fueron el germen de la actual universidad de Sankore.

Pero los andalusies no fueron los únicos peregrinos: Tumbuctú, Toumbuctú o Timbuktú, fue un lugar mítico para muchos viajeros. La nómina de viajeros ilustres se abre con León el Africano en el siglo XVI, pero el primer viajero no musulmán sería Alexander Gordon Laing en 1826, pagando con su muerte la hazaña. Más suerte tuvo René Caillié en 1828, que tras una ardua preparación consiguió entrar en la ciudad santa musulmana (Tombuctú es apodada “la de los 333 santos”).

Debido a su historia, a que se convirtió en un centro intelectual y religioso e indudablemente a su riqueza, Tombuctú posee fondos de manuscritos muy valiosos, muchos de ellos albergados en el Instituto Ahmed Baba y otros muchos pertenecientes a colecciones privadas (Mamma Haidara Commemorative Library). Gracias al clima seco y cálido la conservación es bastante buena, pero debido al polvo que inunda la ciudad tan cercana al desierto, su conservación plantea hoy día serios problemas y existen proyectos internacionales para su descripción, digitalización y restauración, como el Timbuktú Manuscripts Project.

En España existe una fundación llamada Mahmud Kati, que pretende salvar el fondo de la familia Quti, cuyo patriarca Mohamed Abana reunió en el siglo XIX la biblioteca familiar y cuya obra Rihla nos narra la historia de sus viajes.

El nombre de está ciudad, sinónimo de lejanía y de exotismo, ha sido utilizado por muchos creadores, así el director de cine Luis García Berlanga lo usó en el título de su película París Tombuctú como exponente del deseo de huida de la rutina, y Paul Auster títula así una de sus novelas en las que este nombre equivale al paraiso de los humanos. También Manuel Pimentel se inspira en la historia de ciudad para escribir El arquitecto de Tombuctú.

Viajando por nuestro catálogo se abrirá la puerta de este viaje mítico también para tí.

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