Pardo Bazán, la académica que no pudo ser

La escritora intentó ser miembro de la Real Academia Española pero fue rechazada por unanimidad por ser mujer.

Mañana hará su ingreso en la Academia Española la señora Pardo Bazán, que ha conseguido este justo tributo a su talento a los noventa y nueve años de edad.

Con esta broma o fake news el semanario satírico El Mentidero (11/7/1914) daba cuenta del deseo frustrado una y otra vez de Emilia Pardo Bazán por convertirse en académica de la lengua. Una escritora de su talla no pudo conseguirlo por el simple hecho de ser mujer. Aunque se suelen contar como tres las ocasiones en que se barajó su nombre o se habló del asunto en la prensa y en los círculos políticos e intelectuales, en realidad fueron cuatro: en 1889, 1891,1912 y 1914. No obstante, ella lo solicitó formalmente a la Academia sólo en 1912.

Emilia Pardo Bazán, en la portada del diario El Día hablando de la Academia

Emilia Pardo Bazán, en la portada del diario El Día hablando de la Academia

Cuando El Mentidero hizo este chiste de una Pardo Bazán casi centenaria entrando en la Academia, la escritora tenía ya 63 años y era una autora completamente consagrada, tanto que ese mismo año el Ayuntamiento de su ciudad natal, La Coruña, acordó levantarle una estatua, un monumento en vida como el que Madrid le levantó a Galdós. Madrid también se lo hizo a Pardo Bazán, pero ya después de muerta.

Exceptuando los amagos de finales del siglo XIX, fue en 1912 cuando Pardo Bazán puso toda la carne en el asador para ser académica. Envió a la institución una carta el 29 de marzo en la que exponía sus méritos: sus 44 obras literarias, sus numerosos ensayos y artículos de prensa, los 30 volúmenes de la revista que fundó, Nuevo Teatro Crítico, las traducciones de sus obras a múltiples idiomas, sus colaboraciones en revistas extranjeras, sus conferencias…

La respuesta no se hizo esperar. Pese al apoyo generalizado de casi toda la prensa y a contar con la simpatía de algunos académicos, el 16 de abril le contestaron alegando que se había refrendado hacía solo unos días en la Academia el acuerdo de 1853 que vetaba el acceso a las mujeres y que había impedido entonces el ingreso de la escritora Gertrudis Gómez de Avellaneda.

El rechazo a la candidatura de Pardo Bazán fue por unanimidad. De los 36 sillones de la Academia, votaron sólo 16, pero todos en contra. El resto o se abstuvo, o no asistió a la votación o no pudieron votar por ser recién electos y no haber leído aún el discurso de aceptación. Antonio Maura, ex presidente del Gobierno, y Galdós habían presionado a su favor, Menéndez Pidal le había mostrado su apoyo en la prensa, pero ninguno de estos académicos hizo nada más. Entre los que votaron en contra figuraban el director y el secretario, Alejandro Pidal y Mariano Catalina, el premio Nobel José Echegaray y el director de la Biblioteca Nacional, Francisco Rodríguez Marín.

El escritor y periodista Enrique González Fiol, que firmaba con el pseudónimo de El Bachiller Corchuelo, publicó los nombres de los 16 académicos que se habían opuesto en una información publicada en la revista Nuevo Mundo el 18 de abril. Los nombres iban en negrita para que resaltaran más, con el siguiente irónico preámbulo:

  Para que paseen a la posteridad, ya que algunos no podrían pasar por sus obras

La reacción de El País, un diario republicano, no se hizo esperar. En una información de portada (19/4/1912) afirmaba que España era una de las naciones que menos respetaban a las mujeres y recordaba otras injusticias de los académicos:

Con mujeres y con hombres de verdadero mérito ha sido injusta la Academia, tan propicia a ensalzar medianías y aun nulidades. La Avellaneda, Fernán Caballero, Carolina Coronado, Rosalía de Castro y Concepción Arenal han debido ser académicos

También El Globo, el periódico que había fundado Emilio Castelar, presidente de la I República, reaccionó de forma airada (23/4/1912):

En todos los organismos las leyes y reglamentos se van transformando, modificando y hasta modernizando…Sólo en la Academia de la Lengua aférranse más y más a sus rancias ideas, necias y estúpidas de negar en ella la entrada a la mujer. Los encargados de limpiar, fijar y dar esplendor al lenguaje, más por el favoritismo y la intriga que por los propios méritos -que de éstos, por desgracia, bien pocos se ven- no comprenden cómo un cerebro de mujer puede gozar del don divino del privilegio.

Lo curioso es que estos dos periódicos, El País y El Globo, ambos republicanos y anticlericales, se volcaban a favor de una autora que era monárquica y católica.

Es interesante ver cuáles eran las posiciones de los académicos antes de la votación.  El Bachiller Corchuelo, antes citado, les sondeó para la revista Nuevo Mundo, que publicó estas opiniones en las entregas del 4 y 11 de abril, días antes de que Pardo Bazán recibiera la carta con la negativa.

Así, el director de la Academia, Alejandro Pidal, expuso una peregrina opinión para mostrar su rechazo:

La Academia tiene sus estatutos. Además, para elegir académico no se atiende sólo al mérito, eso pasa en otros cargos; por ejemplo: para ser obispo no se puede ser feo. ¿Se ríe usted? Pues es cierto. Conozco a un sacerdote muy virtuoso y muy inteligente e ilustrado que no ha podido ser obispo por ser feo. Nadie debe ver molestia para la condesa ni menoscabo de su valía, si no se la elige académica.

No era la primera vez que se aludía al físico de Emilia Pardo Bazán. Ya años antes el escritor Juan Valera había hecho chistes de su gordura. La escritora padecía diabetes, enfermedad que tuvo mucho que ver en su muerte, y comía a veces atropelladamente alternando la dieta con los atracones. Su oronda figura fue caricaturizada por los mejores dibujantes. Así la inmortalizó el genial Luis Bagaría en el diario El Sol (24/12/1918) poco antes de su fallecimiento:

Caricatura en El Sol de Emilia Pardo Bazán por Luis Bagaría

Caricatura en El Sol de Emilia Pardo Bazán por Luis Bagaría

En la misma encuesta para Nuevo Mundo Rodríguez Marín, otro de los que se opuso a la elección de doña Emilia, elogió sus méritos, pero rechazó apoyarla alegando motivos nimios que más que otra cosa denotaban antipatía:

Que prometiese con gran solemnidad no empeñarse en llevar demasiados neologismos al Diccionario

Pero quien más destacó en la negativa fue el secretario perpetuo de la institución, Mariano Catalina, quien se despachó a gusto:

Mucho de lo que ha publicado carece de originalidad. Cuando veo una cosa bonita de la Pardo Bazán, me digo: ¿De quién será esto? Excuso decirle que yo jamás votaría esa candidatura, ni creo que haya guapo que la presente. ¡Conque no se votó a la Avellaneda, que estaba a mil codos de altura sobre doña Emilia!

Llevaba razón en que nadie se atrevería a presentar la candidatura de Pardo Bazán. No lo hizo el ex presidente Antonio Maura, pese a su explícito apoyo. Ni tampoco lo hizo Galdós, con quien doña Emilia había tenido relaciones íntimas. Sin embargo, el escritor de Fortunata y Jacinta había contestado en la encuesta lo siguiente:

No sólo la votaría, sino que tendría a mucha honra firmar la propuesta… ¡Es muy grande Maura! Si él firmase la propuesta, lo consideraría un noble honor firmarla con él. Si esto es comprometer mi voto, lo comprometo desde ahora

Una buena parte de los académicos habían objetado que de elegirla para la Academia se le daría el derecho a elegir senador y a ser elegida para el Senado, cosa prohibida a las mujeres en España, aunque esto sonaba más a excusa que a otra cosa, como el propio Maura había replicado.

Entre los que no pudieron votar por ser recién electos figuraba de manera destacada Ramón y Cajal, que había recibido ya el Premio Nobel de Medicina y que se mostró entusiasta con la escritora:

Si hubiese hecho ya mi discurso de entrada, y por consiguiente tuviera voto, se lo daría con toda mi alma a Doña Emilia.

El caso es que la candidatura de Pardo Bazán fue rechazada por unanimidad y tanto empecinamiento en oponerse a la escritora con otras sinrazones hizo que la publicación satírica El Duende (28/12/1913) pusiera a los académicos de burros y los hiciera desfilar en una caricatura bajo el estandarte de un asno.

En 1914 fue el último asalto, pero ahora con una novedad. Era la primera vez que un grupo de mujeres escritoras se movilizó para pedir el ingreso de doña Emilia en la Academia. Con este fin, una comisión encabezada por la maestra y periodista Benita Asas Manterola se reunió con el ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes para pedirle que se modificaran los estatutos de la Academia a fin de que las mujeres pudieran entrar en ella. La petición iba firmada por escritoras como Blanca de los Ríos, Concha Espina o Filomena Dato, entre otras.

Según la noticia publicada en La Correspondencia de España (8/5/1914), el ministro Francisco Bergamín dio buenas palabras:

El Sr. Bergamín recibió a la Comisión con exquisita amabilidad y se mostró feminista convencido, manifestando a la Comisión que era de justicia ampliar horizontes para que la mujer pueda desenvolver su capacidad y aptitudes

Poco después, el grupo promotor de la candidatura de Pardo Bazán llegó a celebrar una reunión en el Congreso de los Diputados para recabar el apoyo de los parlamentarios. En La Ilustración Artística (6/7/1914) puede verse una foto de ese acto:

Reunión en el Congreso de la comisión pro ingreso de Pardo Bazán en la Academia, en La Ilustración Artística

Reunión en el Congreso de la comisión pro ingreso de Pardo Bazán en la Academia, en La Ilustración Artística

Y un poco más adelante, y también en La Correspondencia (21/7/1914), Benita Asas Manterola firmaba un artículo pidiendo que se ampliara en una más las plazas en la Academia para que Pardo Bazán pudiera entrar sin esperar a que muriese un académico y dejara una plaza vacante:

Por una sola vez, y con el fin de hacer más solemne ese acontecimiento literario de que la mujer española sea académica efectiva, ¿no resultaría más simpático y más delicado y más galante que los señores académicos recabasen del señor ministro la creación de una plaza más para luego proponer a doña Emilia la ocupación de dicha plaza?

Pero no hubo manera. Tampoco ahora, con casi todo a su favor, pudo ser académica Pardo Bazán. Los académicos seguían cerrados pese a que el año anterior habían muerto los mayores enemigos de doña Emilia: Alejandro Pidal y Mariano Catalina, director y secretario de la Academia, respectivamente.

A manera de premio de consolación, en 1916 el ministro Julio Burell creó para ella una plaza de catedrática de Literaturas Neolatinas Modernas en la Universidad Central. Con este motivo, La Ilustración Española y Americana dedicó una página a la escritora con una fotografía de ella no muy conocida (22/6/1916).

Retrato de Emilia Pardo Bazán en La Ilustración española y americana

Retrato de Emilia Pardo Bazán en La Ilustración española y americana

Pero la manera de actuar del nuevo ministro de Instrucción Pública fue considerada arbitraria por algunos miembros de la Universidad, entre ellos el entonces joven filósofo José Ortega y Gasset, quien en la revista España (11/5/1916), su primer proyecto periodístico, criticó la decisión ministerial por su intromisión en la autonomía universitaria, dejando bien claro eso sí su apoyo a la escritora:

Con la misma sinceridad con que he expuesto estas objeciones, digo y repito que la labor literaria, poética de doña Emilia Pardo Bazán me parece una de las más laudables y respetables que se han cumplido en España.

Ese año de 1916 sí había una vacante en la Academia, pero fue para el prestigioso periodista mejor pagado de España, Mariano de Cavia, quien fue elegido por unanimidad con todos los merecimientos.

Lo curioso es que el propio Mariano de Cavia había escrito en la portada de El Imparcial (20/12/1914) poco más de un año antes una columna en la que pedía a los candidatos a cubrir las dos vacantes que había en ese momento, entre los que no estaba él, que tuviesen un gesto de caballerosidad y de justicia literaria y renunciaran a sus pretensiones para dejar paso a las mujeres. Así terminaba su columna dirigida a los candidatos y titulada ‘Un voto de justicia’:

Me obligo solemnemente a no aspirar a mi entrada en la Real Academia de la Lengua, mientras no hayan entrado antes Doña Emilia Pardo Bazán y Doña Blanca de los Ríos; porque me consta positivamente que tienen para ello mayores méritos que yo.

Como dice el refrán castellano, del dicho al hecho hay mucho trecho. Pero Mariano de Cavia no fue el primero en incumplir la promesa de apoyar a doña Emilia. El mismo Antonio Maura, presidente del Gobierno en varias ocasiones, la había apoyado siendo académico y una vez que llegó a la dirección de la Academia no cumplió su palabra. Eran estos unos años en que los políticos ocupaban los sillones de la Academia como si fueran los del Consejo de Ministros.

Cuando ya Emilia Pardo Bazán había abandonado del todo sus pretensiones, concedió una entrevista al diario El Día (7/2/1917) en la que dejó claro que ella había luchado no por ella sino por el derecho a la igualdad de las mujeres:

Esta es una cuestión que sólo ha llegado a interesarme por un concepto ideal, por el aspecto feminista. Yo no he luchado por la vanidad de ocupar un sillón en la Academia, sino por defender un derecho indiscutible que, a mi juicio, tienen las mujeres. A mí no se me ha admitido en la Academia, no por mi personalidad literaria—según han dicho todos los que podían votarme–, sino por ser mujer

Y la escritora terminaba diciendo:

Cada cual tiene sus propósitos y yo tengo el de separar obstáculos de los que estorban a la mujer. No espero entrar nunca en la Academia, pero en este caso especial la lucha vale más que el triunfo.

Con motivo de su fallecimiento en mayo de 1921, toda la prensa se volcó con páginas especiales. La revista La Esfera le dedicó una página gráfica con distintos momentos de su vida. Arriba se puede ver el monumento que se le había levantado pocos años antes en La Coruña y en el centro vemos a Pardo Bazán delante de su máquina de escribir:

Homenaje gráfico a Pardo Bazán con motivo de su muerte en la revista La Esfera

Homenaje gráfico a Pardo Bazán con motivo de su muerte en la revista La Esfera

No fueron pocos los periódicos que resaltaron en sus necrológicas la injusticia cometida con la escritora al no haberla hecho académica. En la portada del diario La Voz (14/5/1921) el periodista y diputado Roberto Castrovido supo hacerse eco del sentir general con unas sencillas y emotivas palabras:

Quiso ser académico de número la señora condesa de Pardo Bazán, aun no sepultada cuando escribo este recuerdo, y no lo consiguió: la Academia Española o de la Lengua le dio descortés e injustamente con la puerta en las narices, ¿Por qué? Tenía títulos y méritos para ser académico: sabía mucho y creó muchas obras bellas. A doña Emilia la rechazó por mujer, y no por otra causa, la Academia. ¡Por mujer! Por serlo, que no por defectos literarios y errores técnicos, fue tratada sañudamente doña Emilia. Así queremos recordar que lo manifestó ella misma, herida en la dignidad de su sexo, cuando la Academia se negó a admitirla

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Esta entrada tiene 3 comentarios

  1. La conozco desde niño. Era íntima amiga de mi bisabuelo. Ha estado mucho tiempo completamente olvidada. Como decía mi madre a la vejez viruelas. Sinceramente por su arrolladora personalidad,su originalidad y por romper TODOS LOS TABÚES DE LA ÉPOCA Y DIGO TODOS,merece estar en el Parnaso de la literatura mundial,siendo mejor escritora que muchos premios Nobel y en España LA MEJOR

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