Mujeres en el scriptorium: Jeanne de Montbaston y un Roman de la Rose en la BNE

Para todas mis compañeras que, siete siglos después,
continúan cuidando los manuscritos que iluminaron sus antecesoras.

Recientemente la prensa de todo el mundo informaba sobre el asombroso descubrimiento de restos de lapislázuli en la placa dental calcificada de una mujer, seguramente una monja, enterrada en el cementerio del monasterio de Dalheim, en  el oeste de Alemania, entre los años 997 y 1162[1] (Fig.1). Como es bien sabido el lapislázuli es una roca que,  durante la Edad Media, procedía de las lejanas minas del actual Afganistán. De esta roca se obtenía el más caro y más difícil de obtener de todos los pigmentos medievales, muy demandado por su extraordinaria calidad y por la profundidad del color azul ultramar que producía. Por todo ello la explicación más plausible de la presencia de pequeñas partículas de esta roca entre los dientes de B78, como ha sido denominada por sus descubridores, es que se tratase de una monja dedicada a la iluminación de manuscritos en el scriptorium del monasterio de Dalheim. Esta iluminadora probablemente utilizaba su boca para afinar sus pinceles y así es como acabarían estos restos de lapislázuli en su dentadura.

Fotografía de la dentadura de B78 con restos de lapislázuli

Fig. 1. Dentadura de B78 con restos de lapislázuli (Christina Warinner)

El descubrimiento refuerza un hecho que por otra parte era ya conocido, aunque no se haya tenido suficientemente en cuenta hasta fechas recientes: el destacado papel que las mujeres, monjas en los primeros siglos medievales y seglares a partir del siglo XIII, tuvieron como copistas e iluminadoras en los scriptoria de la Edad Media. Una de las miniaturistas documentada en fecha más temprana trabajó en el norte de España a finales del siglo X. Se trata de la monja Ende (o En) que firmó el llamado Beato de Gerona («Ende, pintora y ayudante de Dios; Emeterio, hermano y sacerdote»), quizás en el monasterio de San Salvador de Tábara[2].  En siglos posteriores la zona mejor documentada es el ámbito germánico y entre los siglos XIII y XVI han sido identificados más de 4.000 libros atribuidos a unas 400 mujeres copistas, activas en al menos 48 scriptoria de monasterios femeninos.[3] Uno de los ejemplos más conocidos es el Salterio de Claricia (Baltimore, Walters Art Museum, W26), realizado hacia 1200 en un monasterio de benedictinas en Augsburgo, en el que su iluminadora se autorretrató formando parte de una inicial «Q» (fol. 64r) (Fig. 2).

Imagen de una página del Salterio de Claricia

Fig. 2. Salterio de Claricia (Baltimore, Walters Art Museum, W26, fol. 64r)

Cuando nos adentramos en la Baja Edad Media, especialmente a partir del siglo XIII, la copia e iluminación de manuscritos fueron abandonando poco a poco los espacios monacales y comenzaron a aparecer talleres profesionales, asentados en los más florecientes centros urbanos, con la ciudad de París a la cabeza gracias a su pujante Universidad. Estos talleres, en los que se realizaban distintas etapas de la elaboración de un manuscrito, eran con frecuencia pequeñas empresas familiares y en ellos las madres, esposas o hijas de los artesanos adoptaban a menudo un papel destacado[4]. Su formación se hacía probablemente en el propio taller, sin que recibieran la educación formal que recibían los varones. En algunos casos, especialmente de viudas, podían llegar incluso a ser jefas del taller.

Aunque las mujeres ejercieron roles muy variados en estos talleres parisinos, desde pergamineras a copistas o libreras, la documentación parece reservarles un papel especialmente destacado en la iluminación de manuscritos. A finales del siglo XIII pueden citarse por ejemplo los nombres  de Ameline de Berton, Ameline de Maffliers, Erembourg, y ya en el siglo XIV de Bourjot, hija de Jean le Noir y, sobre todo, de Jeanne de Montbaston.

La carrera de los esposos Montbaston, Richard y Jeanne, ha sido reconstruida por otra pareja de investigadores, Richard H. y Mary A. Rouse[5].  Los Montbaston fueron libraires y probablemente iluminadores y vivieron en la desaparecida calle Neuve Notre-Dame, enfrente de la catedral de París, al menos entre 1338 y 1353. Este último año murió Richard, quizá en una epidemia de peste, y su viuda Jeanne tuvo que realizar el juramento al que periódicamente estaban obligados los artesanos del libro parisinos para poder ejercer su oficio en la ciudad. En él Jeanne se describe como «illuminatrix libri jurata universitatis» (iluminadora jurada de libros para la universidad). Jeanne no debió sobrevivir muchos años a su esposo y en una lista de libreros de la universidad de 1368 su nombre ya no aparece.

La obra de Richard ha sido reconstruida a partir de un ejemplar de la Leyenda dorada de Jacques de Voragine en la traducción francesa de Jean de Vignay, en el que aparece su nombre[6]. En los manuscritos atribuidos a Richard se encuentra una segunda mano, tan estrechamente vinculada a él en términos estilísticos e iconográficos que la explicación más plausible es que se trate de la propia Jeanne de Montbaston. Además en uno de estos manuscritos, un ejemplar del Roman de la Rose[7], encontramos dos parejas de retratos de un hombre y una mujer trabajando en un manuscrito. En la primera la mujer está moliendo colores a la luz de una vela mientras que el hombre está escribiendo en un folio de pergamino; en la segunda el hombre dibuja unas grandes iniciales mientras que la mujer pinta otra serie de iniciales (Fig. 3). Es probable que ambas escenas reflejen el día a día en el taller de los Montbaston. Este ejemplar es célebre por la abundancia e inventiva de sus bas-de-page, realizados probablemente por Jeanne, que incluyen una serie de escenas en torno a monjas que recolectan penes de árboles, una pintoresca imagen para la que no se ha dado una explicación satisfactoria, aunque es posible que recoja el relato de algún fabliau cuyo texto no ha llegado hasta nosotros[8] (Fig.4).

Imagen de un ejemplar de Roman de la Rose

Fig. 3. Roman de la Rose, (Bibliothèque Nationale de France, Ms. fr. 25526, fol. 77v)

 

Imagen de un ejemplar de Roman de la Rose

Fig. 4. Roman de la Rose, (Bibliothèque Nationale de France, Ms. fr. 25526, fol. 160r)

Richard y Jeanne de Montbaston iluminaron unos cincuenta manuscritos, entre los que destacan diecinueve copias del Roman de la Rose, cinco de ellas iluminadas exclusivamente por Jeanne. El Roman de la Rose tuvo una extraordinaria popularidad en su tiempo. Se trata de un poema alegórico, que consta de dos partes, la primera fue escrita por Guillaume de Lorris  entre 1225 y 1240. A su muerte fue continuado por Jean de Meung entre 1275 y 1280[9]. El relato se desarrolla en forma de sueño, en el que el amante, Guillaume, entra en el jardín de Placer y se enamora de la Rosa, metáfora de una joven virgen, con ayuda de distintas personificaciones. Su enemigo, Malaboca, logra encerrar a la hija de la Rosa, Amable Acogida, en una torre. En la segunda parte Amor intenta asaltar la torre, lo que logra después de diversas peripecias. Por último Amable Acogida permite al amante tomar la Rosa y entonces el poeta se despierta.

En el curso de los trabajos que el investigador Samuel Gras está realizando para la confección del catálogo de manuscritos iluminados franceses y flamencos de la BNE, financiados por el Centro de Estudios Europa Hispánica, se ha descubierto que la BNE guarda uno de los cinco ejemplares del Roman de la Rose iluminados por Jeanne de Montbaston (Mss/10032), que estuvo en la colección Zelada y que ingresó en 1869 procedente de la catedral de Toledo. La BNE guarda otros dos importantes manuscritos iluminados del Roman de la Rose (Vitr/23/11 y Vitr/24/11), procedentes de la biblioteca ducal de Osuna e Infantado.

El manuscrito se encuentra ilustrado con treinta y cinco miniaturas de formato rectangular, de la anchura de una columna del texto. Como es habitual, el ciclo iconográfico es más amplio en la primera parte de la obra, con la miniatura-frontispicio del amante dormido, el rosal y Peligro a su lado y la personificación de algunos vicios, como la “Felonie” (Delito) representado como una mujer que comete suicidio (Fig. 5) o la “Envie” (Envidia), en la que una mujer se vuelve, envidiosa, ante el abrazo de una pareja de amantes (Fig. 6).

Detalle de Roman de la Rose

Fig. 5. Roman de la Rose (BNE, Mss/10032, fol. 2r)

Detalle de Roman de la Rose

Fig. 6. Roman de la Rose (BNE, Mss/10032, fol. 2v)

En la segunda parte encontramos una miniatura con la efigie de su autor, Jean de Meung (Fig. 7) y más adelante aparecen nuevos personajes y distintos episodios del poema, como la escena en la que Vejez presenta la corona de flores nuevas a Amable acogida (Fig. 8). Las miniaturas están enmarcadas por recuadros que alternan el azul y el rojo con líneas ornamentales geométricas blancas. Los fondos utilizan motivos geométricos abstractos sobre un fondo cuadriculado azul o rojo, y están dorados con pan de oro. Las composiciones proceden de otros manuscritos del taller. Se desconoce el destinatario del Ms/10032. La presencia en los medallones heráldicos (fol. 1r), desgraciadamente borrados o en mal estado, hace pensar que el manuscrito fue encargado por un cliente parisino que quería obtener un ejemplar de una de las obras más famosas de la época.

Detalle de Roman de la Rose

Fig. 7. Roman de la Rose (BNE, Mss/10032, fol. 25v)

Detalle de Roman de la Rose

Fig. 8. Roman de la Rose (BNE, Mss/10032, fol. 80v)

No deja de ser paradójico que fuera el Roman de la Rose la obra más ilustrada por los pinceles de Jeanne de Montbaston. Y es que se trataba de una obra profundamente misógina, especialmente en la segunda parte escrita por Jean de Meung, y fue el origen de la llamada Querelle des femmes, momento álgido del movimiento protofeminista medieval. En la Querelle se enfrentaron por un lado la escritora, de origen italiano pero afincada en Francia, Christine de Pizan[10], defendiendo la nobleza y las cualidades de las mujeres, y por otro el humanista Jean de Montreuil, que apoyaba la visión cruel y despectiva de Jean de Meung sobre el género femenino. De Christine de Pizan la BNE también guarda un interesante manuscrito del siglo XV con la traducción al portugués de Le livre des trois vertus, su obra más conocida, junto a La Cité des dames. Fue hecha por encargo de la reina Isabel de Portugal, consorte de Alfonso V y estaba destinada a la educación de las mujeres «de todas las edades» (Mss/11515) (Fig. 9).

Imagen de Le livre des trois vertus de Christine de Pizan

Fig. 9. Le livre des trois vertus de Christine de Pizan (BNE, Mss/11515)

NOTAS

[1] A. Radini, et al., «Medieval women’s early involvement in manuscript production suggested by lapis lazuli identification in dental calculus», Science Advances, vol. 5, nº 1, 2 January 2019. http://advances.sciencemag.org/content/5/1/eaau7126; Marina N. Bolotnikova, «Manuscripts Illuminated…by Women», Harvard magazine, https://harvardmagazine.com/2019/01/women-medieval-manuscripts-lapis-lazuli.

[2] «ENDE PINTRIX ET D[E]I AIUTRIX FR[A]TER EMETERIUS ET PR[E]S[BITE]R»

[3] J. Cyrus, The Scribes for Women’s Convents in Late Medieval Germany, University of Toronto Press, 2009; Repertorium of Manuscripts Illuminated by Women in Religious Communities of the Middle Ages: http://www.agfem-art.com/introduction.html.

[4] Kouky Fianu, «Les femmes dans les métiers du livre à Paris (XIIIe – XVe siècle)», en La collaboration dans la production de l’écrit médiéval Actes du XIIIe colloque international de paléographie latine., Herrad Spilling (dir.), Paris, École Nationale des Chartes, (Matériaux pour l’histoire, 4), 2003, pp.. 459-481.

[5] Richard H. Rouse, Mary A. Rouse, Manuscripts and their makers: commercial book producers in medieval Paris, 1200-1500, Turnhout : Harvey Miller, 2000, vol. 1, pp. 235-260.

[6] Bibliothèque Nationale de France, Ms. fr. 241. Aparece dos veces como «Richart de Montbaston libraire».

[7] Bibliothèque Nationale de France, Ms. fr. 25526, fols. 77r y 77v. Digitalizado en https://gallica.bnf.fr/ark:/12148/btv1b6000369q.

[8] Otras explicaciones relacionadas con connotaciones de fertilidad o parodias de la impotencia masculina en el registro de la base de datos Feminae Medieval Women and Gender Indexhttps://inpress.lib.uiowa.edu/feminae/DetailsPage.aspx?Feminae_ID=31987.

[9] Mónica Ann Walker Vadillo, «Le Roman de la Rose», Revista Digital de Iconografía Medieval, vol. V, nº 10, 2013, pp. 27-39, https://www.ucm.es/data/cont/docs/621-2013-12-14-05.%20Roman%20de%20la%20rose.pdf. El mejor recurso en la red sobre las múltiples copias del Roman de la Rose es la Roman de la Rose Digital Library (https://dlmm.library.jhu.edu/en/romandelarose/).

[10] Laure Miolo, «Metaphors, Misogyny and Courtly Love» en Medieval manuscripts blog/British Libraryhttps://blogs.bl.uk/digitisedmanuscripts/2016/07/metaphors-misogyny-and-courtly-love.html; Jesús Adrián Escudero, «Cristina de Pizán y la sinrazón de la misoginia», Diálogo Filosófico, 59 (2004) 275-294 https://www.academia.edu/590639/Cristina_de_Piz%C3%A1n_y_la_sinraz%C3%B3n_de_la_misoginia

 

 

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