Memoria, Razón, Imaginación: la Enciclopedia

EnciclopediaPoner orden en el caos. Límites a lo infinito. Un deseo eterno, desde que el hombre es hombre y además consciente de su pequeñez en el universo de todo lo existente.

“La naturaleza sólo se nos presenta por medio de las cosas particulares, que son infinitas en número y sin divisiones establecidas”, afirmó Denis Diderot, y hoy aprovechamos la ocasión del 300º aniversario de su nacimiento para recordar su Enciclopedia.

Con ese anhelo de aprehensión y ordenación del mundo, pero además partiendo de otra premisa, quizás más controvertida, por la cual “la ignorancia está más cerca de la verdad que el prejuicio”, se propusieron él y Jean d’Alambert la creación de un compendio que, ante todo, ofreciera sistemas de referencia que impulsaran nuevas formas de pensar y hacer pensar.

image003Y así fue como la L’Encyclopédie ou Dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des métiers, monumento al saber universal y laico de 28 volúmenes, 16.500 páginas y 72.999 artículos escritos a lo largo de más de veinte años por las mejores plumas del momento (Montesquieu, Voltaire o Rousseau  –  l’ouvrage d’une société de gens de lettres, definió d’Alembert), se convirtió en el símbolo ilustrado contra el prejuicio, la tradición acrítica y el dogmatismo.  Y como tal paradigma quedó designado en los libros de la Historia.

Y ello a pesar de que la de Diderot no era la primera enciclopedia.

Le antecedieron, por ejemplo, la Historia natural de Plinio “el Viejo”,  del año 77 d.C., que  se mantuvo como fuente de autoridad hasta el siglo XVI y es hoy magnífico ejemplo de la obsesión de los primeros enciclopedistas por clasificar el mundo que les rodeaba.

Seis siglos después, san Isidoro de Sevilla intentaría en sus Etimologías recopilar y sistematizar todo el saber de su tiempo. Junto con el origen y significado de las palabras. Porque “cuando se ha visto de dónde viene un nombre, se comprende más rápidamente su valor”.

image005Y las Artes liberales del Trivium (elocuencia, gramática, dialéctica) y el Quadrivium (matemáticas, aritmética, geometría, astronomía y música) se fijaban en la Alta Edad Media como cuerpo enciclopédico y currículum educativo en escuelas monásticas y catedralicias.

Mucho después, Francis Bacon señalaría la importancia de, además de acumular hechos masivamente, sistematizarlos de manera eficaz: trazó un árbol con todas las ramas del conocimiento, que surgía de las facultades y las percepciones humanas: Vista y Artes Visuales, Oído y Música, Olfato y Olores, Gusto y Sabores, Tacto y los Objetos Palpables (incluidos el Amor Físico, el Placer y el Dolor). En su estructura se inspiró al parecer Diderot para la de su obra, con tres ramas: Memoria, Razón e  Imaginación.

Y los intentos de compilar y organizar el saber se sucedieron lo largo de los siglos hasta llegar a nuestras enciclopedias.

¿Qué hace entonces especial a L’Encyclopédie?

Posiblemente los ingredientes de lucha política, resistencia antidogmática, actitud militante en defensa de la Razón, el librepensamiento y la tolerancia, con que surgió la aventura. Y que valieron a sus protagonistas toda clase de críticas, problemas con la justicia, la inclusión de su obra en el Índice de libros prohibidos, y enfrentamientos con el mismo Papa.

image007O quizás sus cifras imponentes: sí, decir que es una obra “monumental” es habitual, pero pensemos en esos 73.000 artículos compilados y editados por sólo dos hombres, con los medios de entonces. O en el millar de tipógrafos, impresores y encuadernadores a los que dio empleo el proyecto.

Y algo que tal vez no se conoce demasiado, en relación con la obtención de la información por parte de los enciclopedistas: en su afán por acudir directamente a las fuentes, lejos de todo prejuicio, visitaban a artesanos y trabajadores para conocer más sobre su actividad. Y éstos, sospechando que se trataba de espías de otros artesanos o eran enviados por la Corona para subirles los impuestos, se negaban a colaborar. O directamente mentían. Así que para muchos de los enciclopedistas la búsqueda de la verdad suponía un ejercicio de tenacidad, pasión y hasta heroísmo en el París de la época.

Por todo ello el proyecto de Diderot se convirtió en muchísimo más que una enciclopedia.

Y quizás es una buena idea detenerse a pensar, en esta era nuestra de la hiperinformación, en todo este viejo esfuerzo titánico del hombre por poner un poco de orden y verdad en el natural e infinito caos del mundo.

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Esta entrada tiene un comentario

  1. Felicidades por esta entrada, Elena. La Enciclopedia siempre será un símbolo de la resistencia a la sinrazón. Y su linea guía – Memoria, Razón e Imaginación – es toda una declaración de principios en estos desmemoriados tiempos.
    Y por cierto, esa visita a los artesanos trajo como consecuencia unas magníficas láminas que ilustraban todos los oficios y tareas humanas, y que son muy interesantes.

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