Los libros raros modernos: ilustrados con una muestra bibliográfica de Federico García Lorca

El Departamento de Manuscritos, Incunables y Raros de la Biblioteca Nacional de España se asocia, por lo general, al llamado fondo antiguo. Sin embargo, de entre los términos que componen el nombre de la unidad, solo incunables responde plenamente a este sentido: los impresos del siglo XV. Los manuscritos, en cambio, pueden ser antiguos o modernos: por ejemplo, los archivos personales de un buen número de figuras relevantes de la cultura hispana contemporánea. Tampoco los impresos del departamento, los raros o reservados —el servicio correspondiente es el de Reserva Impresa— son únicamente antiguos, no datan en exclusiva del periodo de la imprenta manual (hasta aproximadamente 1830). Por libro raro se entiende, formulado de una manera general, aquel al que se atribuye una especial significación cultural, un elevado valor intelectual o estético, aquel que despunta por su interés testimonial para la historia; a menudo, de ellos solamente se localiza un número reducido de ejemplares en bibliotecas públicas. Más allá del organigrama de la Biblioteca Nacional (en la práctica, los libros raros los gestionan diversas unidades de la institución), las reflexiones que siguen están dedicadas al concepto de rareza en el ámbito bibliográfico, y en concreto a los libros raros modernos. Para ilustrarlas acudiremos a una serie de ediciones y ejemplares, todos ellos conservados en la Nacional, de Federico García Lorca, de cuya muerte se cumplen hoy ochenta años, aniversario que señala el paso de su obra a dominio público.

“En edición diferente los libros dicen cosa distinta”, subrayó con tino Juan Ramón Jiménez. Como es sabido, las primeras ediciones, sobre todo las más emblemáticas, son objeto de particular aprecio, incluso cuando el papel o la impresión son deficientes o están llenas de erratas. Y es que lo que define a la edición príncipe es la experiencia del hechizo: en ella vio el autor, si vivía, su obra impresa por vez primera, y ella fue la que tuvieron en las manos sus primeros lectores. De entre las primeras ediciones de Lorca que custodia la Biblioteca Nacional pueden destacarse la de Impresiones y paisajes (1918), su primer libro, en un ejemplar que, afortunadamente, conserva la cubierta en rústica original; la de Oda a Walt Whitman, aparecida en México en 1933, siete años antes de su inclusión en Poeta en Nueva York; o la de Sonetos del amor oscuro (1983), no venal y bibliográficamente exquisita, en papel verjurado inglés y tipografía Bodoni. En este orden de cosas son asimismo importantes las traducciones tempranas de la obra de Lorca, como la inglesa de Llanto por Ignacio Sánchez Mejías (Lament for the death of a bullfighter, editada en 1937) o la alemana del Romancero gitano (Zigeunerromanzen, en 1938), ambas pilares de la recepción foránea del de Fuente Vaqueros. Por otro lado, raros modernos son igualmente las ediciones de bibliofilia, en las que, más que en ninguna otra, el libro no es solamente un medio transmisor de ideas, un aparato instrumental, sino también una auténtica obra de arte. En la edición de bibliofilia se persigue con afán la conjunción armoniosa de distintos elementos: texto, tipografía, blancos y, de haberla, ilustración. Puesto en palabras de Ramón Miquel y Planas, el libro de bibliófilo es “un todo completo, en el que la criatura humana se muestra creadora, ya que en él se reúnen un elemento espiritual, que es la obra literaria, fruto del pensamiento, y un elemento material, que es el libro mismo en su forma tangible. Libro perfecto sería aquel en que ambos elementos, cuerpo y alma, se correspondieran dignamente; en que la belleza de la obra literaria tuviera una exacta concordancia con la belleza y perfección de los componentes materiales que forman el libro”. Una buena muestra de esta clase de publicaciones es la edición de Llanto por Ignacio Sánchez Mejías de Buenos Aires: Losada, 1961, con grabados en madera del bonaerense hijo de emigrantes gallegos Luis Seoane.

Parafraseando a Juan Ramón, bien podemos decir también que en ejemplar diferente las ediciones dicen cosa distinta. Ingredientes como la encuadernación, si es de interés histórico o con firma de encuadernador reputado; la procedencia, manifestada en firmas, sellos, exlibris o supralibros; las dedicatorias manuscritas, en particular si quien dedica, ya sea el autor o un propietario del libro, o el dedicatario son personajes de relieve cultural; o los subrayados y las anotaciones manuscritas, que revelan la recreación del significado del escrito llevada a cabo por el lector, singularizan ejemplares concretos de una edición, confieren individualidad a un objeto por vocación múltiple como el libro impreso. Veámoslo con algunos ejemplos. La Biblioteca Nacional alberga un ejemplar de la edición de Aguilar, 1954 de las Obras completas de Lorca con apostillas manuscritas de la poetisa y ensayista Aurora de Albornoz. El de la edición de 1933 del Romancero gitano cuenta con una dedicatoria del autor granadino al también poeta del 27 Adriano del Valle. El más fascinador de todos, el ejemplar del Llanto por Ignacio Sánchez Mejías ilustrado por el pintor onubense José Caballero, que sacó a la luz Ediciones del Árbol en 1935, incluye, entre otros apéndices, dedicatorias, cartas y postales, en parte sobre la elegía y el proyecto editorial, de Lorca y Caballero al propio Del Valle, a quien perteneció el libro hasta su ingreso en la Nacional en 1965. Expresado en términos de Walter Benjamin, adjuntos manuscritos como los de este Llanto… devuelven a la obra literaria parte de la trascendencia y la unicidad, del aura, que pierde inevitablemente como resultado de su reproducción técnica.

Y para acabar, un bis muy especial: la primera edición de El tabernáculo, del poeta argentino Ricardo E. Molinari, nexo entre la generación del 27 española y la del 22 de su país, que Lorca aderezó con cinco dibujos. Otro gran raro moderno, un tipo documental, en fin, de contornos imprecisos, no suficientemente conocido, pero siempre evocador y deslumbrante.

Ediciones y ejemplares de Lorca citados:

  • García Lorca, Federico: Impresiones y paisajes. Granada: Tip.-Lit. P. V. Traveset, 1918. Signatura: R/63550.
  •  García Lorca, Federico: Oda a Walt Whitman. México: Alcancía, 1933. Signatura: VC/15496/15.
  • García Lorca, Federico: Romancero gitano: (1924-1927). Buenos Aires: Sur, 1933. Signatura: R/38297.
  • García Lorca, Federico: Llanto por Ignacio Sánchez Mejías. Madrid: Ediciones del Árbol, 1935. Signatura: MSS/21693.
  • García Lorca, Federico: Lament for the death of a bullfighter and other poems. Londres; Toronto: William Heinemann, 1937. Signatura: 12/660087.
  • García Lorca, Federico: Zigeunerromanzen. Zúrich: Verlagsbuchhandlung Stauffacher, 1938. Signatura: 12/327739.
  • García Lorca, Federico: Obras completas. Madrid: Aguilar, 1954. Signatura: DL/2391283.
  • García Lorca, Federico: Llanto por Ignacio Sánchez Mejías. Buenos Aires: Losada, 1961. Signatura: ER/5298.
  • García Lorca, Federico: Sonetos del amor oscuro. Granada: s.n., 1983. Signatura: R/41696/2.
  • Molinari, Ricardo E.: El tabernáculo. Buenos Aires: en la casa de Fco. A. Colombo, 1934. Signatura: R/34184/3.

Bibliografía seleccionada:

  •  Aguilar Moreno, Marta: El grabado en las ediciones de bibliofilia realizadas en Madrid entre 1960-1990. Madrid: Universidad Complutense de Madrid, Servicio de Publicaciones, 2006.
  •  Benjamin, Walter: La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica. México, DF: Itaca, 2003.
  •  Chatelain, Jean-Marc: “Le jeu de la rareté, ou vingt ans d’enrichissements à la Réserve des livres rares”, en Chatelain, Jean-Marc (dir.): Éloge de la rareté: cent trésors de la Réserve des livres rares. París: Bibliothèque nationale de France, 2014, pp. 12-15.
  •  Dexeus Mallol, Mercedes: “El enriquecimiento del patrimonio bibliográfico, su valoración y tasación”, en I Seminario sobre Patrimonio Bibliográfico Vasco. Vitoria-Gasteiz: Eusko Jaurlaritzaren Argitalpen Zerbitzu Nagusia = Servicio Central de Publicaciones del Gobierno Vasco, 2005, pp. 125-140.
  •  Martín Abad, Julián: “La valoración del libro: el punto de vista del bibliotecario de fondo antiguo”, Documentos de trabajo U.C.M., Biblioteca Histórica, 2004 (8), pp. 1-25.
  •  Trapiello, Andrés: Imprenta moderna: tipografía y literatura en España, 1874-2005. Valencia: Campgràfic, 2006.
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Esta entrada tiene un comentario

  1. Un post muy interesante. Nos acerca a la obra de García Lorca desde una perspectiva menos conocida para el público en general. Muchas felicidades

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