Los folletos turísticos en la Biblioteca

Bueno… y después de desayunar ¿qué hacemos? ¿Empezamos la visita por la Plaza Mayor o dedicamos el día al Museo del Prado y sus alrededores? Hombre… eso dependerá de si hoy están abiertos los museos o de si en cualquier otro día de los que estamos aquí podemos entrar gratis a alguno de ellos. Si es domingo y no llueve a cántaros podríamos dedicar la mañana al Rastro que, según pone en este folletito, es de visita obligada, y luego tomarnos un aperitivito por el Arco de Cuchilleros…aunque quizá eso esté lleno de forasteros como nosotros y además nos salga más caro… Eso sí, esta noche al teatro, que según dicen es una de las cosas más atrayentes de la capital… es que, claro… viniendo de provincias hay que aprovechar las cosas que allí no tenemos…

Cuántas veces habremos tenido todos una conversación similar, con alguna que otra palabra diferente («guiris» por “forasteros”; “aperitivito” parece que también ha caído en desuso, parece que nos gusta más el “vermú”). Pero en el fondo persiguiendo el mismo objetivo: lograr en pocos días el conocimiento más profundo de la ciudad o país al que hemos llegado para hacer turismo. A muchos nos duele reconocer que no somos como los viajeros del XVIII, intrépidos y aventureros, cultos y artistas, y que simplemente alcanzamos la categoría de meros turistas que basan el conocimiento de los lugares a los que van en la lectura, la mayoría de las veces superflua, de guías de viajes o,  sobre todo, de esos pequeños fragmentos de la realidad histórica, cultural y social que son los folletos de turismo.

El folleto turístico constituye un destacado medio de promoción y publicidad para el país, informa sobre temas generales, culturales, históricos, de patrimonio histórico-monumental, tradiciones populares, etc. incluyendo, la mayoría, imágenes de la riqueza turística de un país. La Biblioteca Nacional de España ha ido recopilando y recibiendo esta fuente de información y propaganda impresa y ha conformado una importante colección de folletos de la primera mitad del siglo XX, así como de folletos más actuales hasta nuestros días que siguen llegando a nuestras colecciones a través de la ley Depósito Legal.

Los folletos, al igual que otro tipo de documentos, cambian de valor y de uso con el paso del tiempo. En un principio sirven para que el despistado visitante se oriente casi al primer golpe de vista en un lugar que desconoce por completo. Es cierto que actualmente es difícil llegar a algún sitio del que no tengamos creada una imagen bastante ajustada a la realidad. Quien más o quien menos, cada vez que prepara un viaje, procura ir lo mejor informado posible. El tiempo es oro, así que ver fotos emblemáticas de Venecia antes de viajar hacia ella resulta casi inevitable. Años atrás la cosa no era tan sencilla como dar un clic al ratón, por eso cuando se llegaba al destino, la existencia de este tipo de publicaciones se convertía en una herramienta imprescindible para no perderse nada de lo esencial.

Con el paso del tiempo este tipo de documentos adquieren otro valor. 80 años después de la edición de un folleto, por supuesto que ya no es excesivamente fiable la información de los precios del transporte de automóviles en la Compañía Mediterránea desde Algeciras a Ceuta o “vice-versa” (hasta 4.50 metros de largo 60 pesetas… ¡Cómo ha subido la vida! Pero si hasta hemos cambiado de moneda….) o lo que cuesta el alojamiento en el Hotel Victoria de Santander (de 12 a 16 pesetas, pensión completa). Incluso muchas veces nos han cambiado el nombre de las calles.

Pero ahora, con esa “pátina del tiempo”, el interés de estos pequeños documentos incluso ha crecido. Muchas veces constituyen la única muestra de la actividad de organismos desaparecidos y permiten comprobar tanto la evolución del diseño gráfico, publicidad y  fotografía como de la forma de promocionar una zona u otra, además de ofrecernos de un plumazo todos los tópicos que se atribuyen a un país o cómo es la población y a qué dedica sus intereses y tiempo libre (“La clase popular gusta del ocio dominical en los ventorros y merenderos de las Ventas, en la Bombilla, la fuente de la Teja, el Paseo de la Virgen del puerto, compensando así el esfuerzo de la semana en las tiendas, los talleres, en las fábricas, en las oficinas, que pregonan la expansión creciente del Madrid trabajador. En cambio, las personas de clase media prefieren el café, lugar típico de tertulia y discusión, o la reunión, de mayor o menor radio, en la casa o en el hotel, infiltrándose de los matices sociales que son propios de las clases altas”).

Por todo esto, es interesante difundir y facilitar la consulta de esta parte del fondo de la BNE. Son folletos turísticos de España fundamentalmente, pero también de otras partes del mundo, realizados entre los años 1900 y 1950, y  editados tanto por instituciones estatales (Comisaría Regia de Turismo, Patronato Nacional del Turismo, Dirección General de Turismo, ENIT, Sindicatos de Iniciativa Turística de distintas provincias españolas y países) como por editoriales privadas.

A través de ellos podremos ver que “La vida sonríe, a la luz de un sol perenne, en España, el país acogedor donde cada visitante es amigo; donde conviven el  encanto de oriente y el confort de occidente; donde felices supervivencias de un pasado tradicional no impiden el progreso y el dinamismo actuales; donde puede el viajero trasladarse, en breve jornada, de las nieves perpetuas a la zona en que viven palmeras y naranjos”

Se puede consultar las referencias de los folletos turísticos en nuestro catálogo.

 

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Esta entrada tiene un comentario

  1. Estos folletos turísticos poblaron mi imaginación adolescente y me hicieron viajar, libre y sola, sin moverme de casa. Y por eso los considero tan valiosos, además de por la cantidad de información retrospectiva que proporcionan. Felicidades por tu buen trabajo, Maite

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