Los cuentos de hadas de Gertrudis Segovia, una escritora olvidada

Apenas se sabe nada de esta autora salvo algunas noticias en la Prensa de la época, pese a haber publicado cuatro obras y ser elogiada por los críticos literarios y el premio Nobel Jacinto Benavente

Es muy raro en la Era de la Información en que vivimos que de una escritora de hace 100 años que fue traducida al inglés, que sus obras fueron recibidas con muy buena crítica y que además pertenecía a una familia con título nobiliario no se sepa casi nada, salvo lo publicado en periódicos y revistas. Es el caso de Gertrudis Segovia, autora de un libro de poesías, dos libros de cuentos de hadas y una novela romántica.

Su nombre no aparece en el diccionario biográfico de la Real Academia de la Historia ni en la Wikipedia ni en los más conocidos repertorios de mujeres españolas escritoras. No era frecuente que un autor español, menos una autora, fuera traducido a principios del siglo XX a una lengua extranjera, pero Gertrudis Segovia lo fue. Su libro ‘Cuentos de hadas’, de 1912, fue traducido en 1918 por una editorial norteamericana.

Para cuando se produjo esa traducción, Gertrudis, que concentró su actividad literaria en muy pocos años, se había recluido en su vida familiar y había dejado de escribir, pero los comentarios elogiosos a sus obras seguían apareciendo. El más importante, el del premio Nobel Jacinto Benavente. En un artículo publicado en la portada de la revista de Barcelona La Hormiga de Oro (20/4/1933), el célebre dramaturgo escribió lo siguiente:

Para escribir un buen cuento de niños hay que tener alma de madre. Lo que es lo mismo, ser un gran artista, verdadero artista. El alma del Arte es alma de madre, como el alma de la Naturaleza… Sin afectación, alegre, claro, limpio, llega un libro de cuentos para niños, ‘Cuentos de hadas’ de Gertrudis Segovia, libro de mujer, como yo quisiera todos los libros escritos por mujeres; libro que añade a nuestra pobre literatura infantil unas flores más valiosas que joyas. Hay en él cuentos comparables en interés al delicioso ‘Pájaro Azul’, de Mme. D’Aulnoy, y a ‘La Bella y a la Bestía’, de Mme. de Beaumont. Son verdaderos cuentos para niños.

Gertrudis nació en Sevilla alrededor de 1875, más o menos el año en que su abuelo, Gonzalo Segovia, que había sido diputado y alcalde de Sevilla y era un banquero y hombre de negocios con América, fue hecho conde de Casa Segovia por el rey Alfonso XII como premio a su apoyo a la restauración monárquica. Ni siquiera sabemos el año del nacimiento de ella con seguridad, pese a que sí aparece el de su hermano Fernando en alguna página web de genealogía y heráldica.

La primera información que tenemos de su existencia está en la revista infantil La Niñez. En su número de noviembre de 1880 se puede leer la noticia de una representación teatral en la casa de recreo que la familia tenía en el Puerto de Santa María, en Cádiz. Ella y otros niños era los actores.

Su padre, II conde de Casa Segovia, había heredado los negocios del abuelo en Argentina y allí marchó la familia. Su hermano Fernando, nacido como ella en Sevilla e ingeniero de profesión, ejerció en Argentina largo tiempo como asesor del Banco español del Río de la Plata. El diario La Época recogió una fiesta celebrada en la embajada española en Buenos Aires con motivo del cumpleaños del rey Alfonso XIII (18/6/1897) en la que se comenta que la Srta. Gertrudis Segovia recitó un monologo que conmovió a los circunstantes.

Gertrudis solía leer poesías en banquetes y reuniones de sociedad. En 1911 su madre había ya fallecido y vivía en Madrid con su padre, que había empezado a desempeñar cargos oficiales en España. El conde, un hombre culto que era doctor en Derecho, se había traído de Argentina los miles de libros que componían su biblioteca.

Es entonces cuando Gertrudis comienza su meteórica carrera como escritora. Recibió un premio por su poesía A la sagrada eucaristía en una fiesta literaria celebrada en el Teatro Real con motivo del Congreso Eucarístico Internacional. Su foto junto a otros dos premiados apareció en La Ilustración española y americana (8/7/1911).

Gertrudis Segovia en la Ilustración Española y Americana

Gertrudis Segovia en la Ilustración Española y Americana

Fue este mismo verano de 1911 cuando se publicó su primer libro de poesías con un prólogo entusiasta del cervantista, académico y director de la Biblioteca Nacional Francisco Rodríguez Marín, que era amigo de su padre. Podría pensarse que la inclusión del prólogo se debió a esta relación, pero la realidad es que las críticas elogiosas fueron prácticamente unánimes.

La prestigiosa revista Nuestro Tiempo, en su número de julio, decía lo siguiente:

¡Hermosísimo libro lleno de sinceridad, de emoción, de tiernez y entusiasta poesía! Si el poseer un alma noble, un espíritu levantado y sentimientos generosos constituye la primera condición para glorificarse con el nombre de poeta, a buen seguro que Gertrudis Segovia pertenece por derecho propio a los inmortales del Parnaso.

La revista Unión Ibero-Americana, por su parte, señalaba que la autora era poetisa de sentimiento y de fe y la comparaba con Carolina Coronado, que había muerto en enero de ese mismo año.

El Heraldo de Madrid publicó su foto en portada (14/7/1911) y en La Correspondencia de España, también en portada (18/7/1911) puede leerse, al final del comentario sobre el libro, una auténtica confesión de objetividad del periodista:

He sido en mi crítica de una sinceridad casi sangrante. Me gustan extraordinariamente muchas poesías de la Srta. Segovia, y me desagradan otras varias en cambio.

La escritora y también crítica literaria Blanca de los Ríos, en unas palabras recogidas en El Siglo Futuro (5/9/1911) había calificado la obra de preciosa colección de joyas literarias, que empieza en un beso filial y termina en una oración, dado que Gertrudis había dedicado el libro a su padre, que en su juventud había escrito también poesía, era amigo de escritores y formaba parte de la Academia de Buenas Letras de Sevilla.

Gertrudis había alcanzado ya tal notoriedad que fue objeto de un reportaje gráfico en el diario La Noche (26/12/1911) en el que la podemos ver en su casa aristocrática de Madrid en compañía de su padre y un amigo haciendo confidencias familiares al entrevistador, entre ellas que estaba preparando la edición de un volumen de cuentos para niños.

Reportaje en casa de Gertrudis Segovia en el diario La Noche

Reportaje en casa de Gertrudis Segovia en el diario La Noche

Este libro, que cuenta con ilustraciones, salió en enero con el título ‘Cuentos de hadas’ y estaba dedicado a sus tres sobrinos que vivían en Argentina. Fue saludado por el mismo diario anterior, La Noche (18/1/1912), como de lo mejor que se había publicado del género en nuestro país.

En La Correspondencia de España (22/2/1912) se celebraba que con este libro la literatura infantil empezara a ser cultivada y se aseguraba:

En España no hay Literatura para el niño. Esos absurdos cuentos de Calleja son lo único que tenemos. El niño, claro, no puede leer; no tiene qué leer. Necesita elegir entre el dilema de no leer nada o de leer lo que no le corresponde, desde el punto de vista de su desarrollo espiritual.

Y en los sesudos Lunes de El Imparcial (25/3/1912) se decía:

La dificultad que ofrecen las historias de hadas está en lo expuestas que son a caer en una literatura ñoña y empalagosa. Es uno de los géneros en tomo a los cuales anda rondando la cursilería. De este peligro se ha librado la señorita Segovia. Sus cuentos tienen una ingenuidad, una sencillez y frescura de concepción y expresión que los hace simpáticos y agradables.

Retrato de Gertrudis Segovia en la portada de Mundo Gráfico

Retrato de Gertrudis Segovia en la portada de Mundo Gráfico

El libro fue declarado por el Ministerio de Instrucción Pública de utilidad para las escuelas y se compraron ejemplares para las bibliotecas del Estado.

Los hadas buenas y malas, gnomos, gigantes, brujos y brujas, genios, duendes y animales parlantes tuvieron tanto éxito que a finales de ese mismo año Gertrudis publicó otro libro de la misma temática con el sugestivo título ‘Mientras la nieve cae’ también dedicado a sus tres sobrinos que vivían en Argentina:

Queridos míos: Pronto os enseñarán a leer y deseo que este libro que os dedico sea el primero en que se fijen vuestros hermosos ojos. Es mi mayor anhelo divertiros con sus fantásticas historias y conseguir que a un mismo tiempo aprendáis a leerlas y a querer a la que sin conoceros os ama tanto.

La revista Mundo Gráfico incluyó su fotografía en su primer número del año 1913.

Y La Correspondencia de España saludó la aparición del libro con un artículo encomiástico en su portada del 8 de enero bajo el título ‘La conquista del ensueño’ en el que se afirmaba que este volumen de cuentos era mejor que el anterior:

La Srta Gertrudis Segovia ha emprendido una labor literaria interesantísima en España cultivando el cuento de hadas, con el cual se realizan el fin sentimental y el fin moral. He aquí el doble aspecto estético-ético de los cuentos de esta mujer, cuya cultura extraordinaria y singular talento colocan su nombre entre los más distinguidos intelectuales españoles…Estos cuentos, modelos en su género, verdaderamente ejemplares, superiores a los mismos de Andersen, prueban la portentosa imaginación de su autora.

En una revista aparentemente tan alejada de lo literario como La Ilustración financiera puede leerse:

‘Mientras la nieve cae’ es una prueba más del talento e inteligencia de la autora, reconociéndose en todo el volumen la sublime inspiración de la notable escritora señorita Segovia.

Y en los siempre exigentes Lunes de El Imparcial (16/1/1913) leemos:

La autora escribe con soltura, tiene inventiva e instinto poético y debe de haber leído muchas relaciones fantásticas del género de las que ha compuesto. Todo esto contribuye a que su libro se lea con agrado.

Este mismo año de 1913, en abril, toda la prensa se hizo eco del traslado en tren de los restos mortales de los hermanos Bécquer, Gustavo Adolfo y Valeriano, de Madrid a Sevilla. La comitiva iba presidida por el conde de Casa Segovia como miembro de la Academia de Buenas Letras de Sevilla, institución encargada del traslado. Entre los actos celebrados en la capital andaluza, en los que participó toda la ciudad, hubo lectura de poesías en homenaje a Bécquer y Gertrudis Segovia leyó una compuesta por ella titulada: ‘El genio no muere’.

Foto de Gertrudis Segovia con su poema dedicado a Bécquer, en la revista Hojas Selectas

Foto de Gertrudis Segovia con su poema dedicado a Bécquer, en la revista Hojas Selectas

A finales de 1913 Gertrudis salió para Canarias en compañía de su padre, que había sido nombrado gobernador de las islas. El conde, aunque abandonó Canarias poco después para tomar posesión como gobernador de la provincia de Gerona, volvió pronto a las islas de nuevo como gobernador y moriría en La Laguna en 1925.

En Tenerife, Gertrudis dio un giro completo a su vida. Allí conoció al hombre con el que se casaría en 1915, el médico Diego Guigou y Costa, que había fundado en 1901 el Hospitalito de Niños de Santa Cruz de Tenerife. Pero antes de casarse, la escritora publicó una nueva obra. Esta vez era una novela romántica que lleva por título ‘Juan de Mendoza’, ambientada en Argentina y España y con algunos rasgos autobiográficos.

La novela no tuvo la entusiasta acogida que habían tenido sus cuentos, aunque no faltaron críticas positivas. La revista Unión Ibero-Americana señaló que el libro recordaba a ‘Don Gil de las calzas verdes’, de Tirso de Molina, y la revista Nuestro Tiempo decía en su número de marzo de 1915:

El novelista debe poseer, ante todo, el don de crear caracteres, y Gertrudis Segovia lo posee en alto grado. Los personajes de su novela, lo mismo los secundarios que los que concentran en sí todo el interés de la acción, obran como obrarían en la realidad, y el lector se compenetra con ellos: los siente vivir.

Gertrudis no volvió a publicar ningún libro. Alguna poesía suelta en algún certamen y en la Prensa pero nada más. El motivo de ello seguramente estuvo relacionado con su boda. Se casó en Gerona en abril de 1915 con el citado médico de niños y el matrimonio volvió enseguida a Santa Cruz de Tenerife, donde Diego Guigou dirigía el hospital infantil para niños pobres que había fundado. El médico tenía seis hijos de su primera mujer, que había fallecido joven. Gertrudis debía andar ya cerca de los 40 años y el matrimonio no tuvo descendencia.

Como era tradicional al ser miembro de una familia nobiliaria, su padre pidió licencia al rey para casarla, según podemos ver en la revista de historia y de genealogía española.

Su nombre no vuelve a aparecer en la prensa hasta 1919, cuando los periódicos recogen la noticia de que su primer cuento de hadas ha sido traducido al inglés. En el diario El Fígaro (4/1/1919) se lee:

Una ilustre escritora norteamericana, miss Elisabeth Vernon Quin, ha traducido al inglés los inimitables ‘Cuentos de hadas’ de la insigne literata doña Gertrudis Segovia… La edición está ilustrada con magníficos grabados, y constituye un alarde editorial, merecedor del enorme éxito que ha logrado. En breve serán traducidos por la misma escritora los otros libros de doña Gertrudis Segovia, ‘Mientras la nieve cae’ y ‘Juan de Mendoza’. Los ‘Cuentos de hadas’, de Gertrudis Segovia son una valiosa aportación española a este género literario para la infancia, tan poco cultivado, por desgracia, dignos de colocarse al lado de los clásicos de Andersen, de Schmid y de Perrault.

Poco más se sabe de ella, salvo que murió en 1945. En la portada del diario El Sol de 19 de noviembre de 1926, en un artículo titulado ‘Libros para niños’ en el que se repasa la literatura infantil de todas las épocas, se cita el nombre de Gertrudis Segovia diciendo:

Hace años publicó unos cuentos bellísimos, pero guarda desde largo tiempo obstinado silencio.

¿A qué se debía este obstinado silencio? ¿Por qué dejó de escribir?

No es difícil suponerlo. Debió vivir entregada al cuidado de los seis hijos de su marido y ayudándole en las tareas del hospital infantil. Ella formaba parte de la Junta de Damas rectora del centro y había donado los derechos de autor de sus libros a beneficio del hospitalito, como era conocido el centro en Santa Cruz de Tenerife.

En la revista Blanco y Negro (20/5/1934) se decía refiriéndose a ella que el hospitalito es caldeado por la misericordia materna de una dama ejemplar y noble escritora.

Es lo último que se sabe de Gertrudis Segovia antes de su muerte en 1945. Durante más de 30 años se olvidó de la literatura. O mejor dicho se olvidó sólo de escribir, porque es como si se hubiera encarnado en un personaje literario y hubiera decidido meterse dentro de uno de sus maravillosos cuentos para convertirse ella misma en una hada madrina.

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