Las tarjetas postales sonoras de la Biblioteca Nacional de España: historia, conservación, restauración y digitalización.

La historia de los registros sonoros es una historia de anhelo social y también de visión comercial que busca ganancias económicas: la aspiración/ necesidad de grabar la voz humana viene de antiguo. Es a mediados del siglo XIX que empieza a poder hacerse de forma sistemática y con un cierto grado de fiabilidad en los soportes de los registros sonoros denominados genéricamente “cilindros de cera” [1].

A partir de esas primeras grabaciones surgen multitud de formatos y soportes sobre los que se hacen grabaciones de todo tipo, especialmente musicales, pero también en otros campos como el militar o el de la etnografía. Fruto de este interés y desarrollo comercial se busca desarrollar sistemas que permitan realizar grabaciones a precios asequibles a cualquier persona, tanto en su propio hogar como en centros comerciales.

Las tarjetas postales sonoras de la Biblioteca Nacional de España

El Mundo científico (Barcelona. 1899). 30/3/1907

Entre los múltiples sistemas desarrollados nos vamos a detener en este post en los registros sonoros realizados en forma de tarjetas postales. Este sistema tuvo muchos nombres según el país donde se realizaban: Fonopost, Sprechende Postkarte, Musik-Postkarte, Schallplatten-Postkarte, Tonbild-Postkarte, Talking Card, Gramophone Record Postcard, Phonogram Card, Singing Postcard, Carte Postale Parlante, Phonopost, Phono-Postal, Carte-Disque y más variantes. La invención de este sistema de registro sonoro surgió en 1903 y tuvo un cierto éxito comercial pues permitía hacer grabaciones de recuerdo en modo parecido a lo que hacemos actualmente al enviar mensajes de voz a través de los actuales servicios de mensajería que muchos llevamos instalados en nuestros smartphones. Nunca ha sido objeto de mucho aprecio por los coleccionistas de otros registros sonoros de la época pues presentan serios problemas a la hora de reproducirlos y el sonido grabado emite una señal débil y de muy baja calidad. Sin embargo son un objeto fascinante por las implicaciones en su desarrollo técnico y el valor como reflejo social del momento.

La idea básica de estas tarjetas sonoras consiste en pegar un disco en miniatura sobre una tarjeta postal común, haciendo un agujero en ambos materiales para ser fijados en el reproductor. El material común de los discos en la época era el llamado shellac (goma laca) pero este material era muy pesado y de fácil rotura, de ahí que se eligiese otro tipo de material como el plástico o el celuloide como material sobre el que hacer la grabación. Tenía varios colores, negro, opaco amarronado o transparente incoloro.

La primera referencia de la que hay constancia sobre estas tarjetas fue de un anuncio del 17 de noviembre de 1903 de la empresa Zonophon G.m.b.H. en Berlín. En años sucesivos surgieron empresas en Francia y Alemania que reclamaron sus patentes al respecto. Todo esto ha generado cierta confusión sobre la paternidad real de este sistema de registros. En todo caso, lo importante es que poco después se desarrollaron las máquinas que lo hicieron un sistema asequible y popular. La idea era que cualquier persona pudiese grabar y enviar estas tarjetas sonoras, realizadas sobre papel y plástico o celuloide en máquinas a las que tuviesen acceso, a otras personas que poseyeran un gramófono capaz de reproducirlas.

Las tarjetas postales sonoras de la Biblioteca Nacional de EspañaEste tipo de tarjetas presenta a día de hoy problemas de reproducción pues presentan típicas alteraciones físicas que se manifiestan en forma de alabeo y deformaciones; el problema radica en que el cartón, el adhesivo y el plástico de las tarjetas tienen composiciones muy diferentes», pues el cartón de las tarjetas, el adhesivo y el plástico tienen composiciones muy diferentes. Este problema casi siempre se manifiesta en las tarjetas debido a las fluctuaciones en la humedad y/o la temperatura ambientes, pero también a la natural degradación de sus materiales constituyentes. La calidad de las grabaciones suelen ser sorprendentemente buenas en la primera y segunda audiciones, bajando mucho la calidad de las mismas a medida que se hacen más y más reproducciones. Este mismo problema se da con los registros sonoros en forma de cilindro, especialmente los hechos sobre cera en los que, debido al calor generado por la aguja en el surco del cilindro, hace que a partir de las 10 ó 12 reproducciones el sonido se desvirtúe.

Desafortunadamente para los investigadores, la gran mayoría de tarjetas sonoras producidas antes de la Segunda Guerra Mundial no contienen datos sobre el nombre del fabricante ni de la fecha de fabricación. Se suelen guiar por aspectos técnicos como el tamaño, los motivos decorativos de las tarjetas o la duración de las grabaciones en función del formato elegido por los fabricantes. Tras la contienda mundial las tarjetas tuvieron una segunda época dorada que llegó hasta los años 70 del siglo XX pues fueron muy empleadas con fines comerciales por empresas de todo tipo tanto en Estados Unidos como en Europa.

Otro sistema de creación personalizada de registros sonoros muy popular fueron las denominadas máquinas Voice-O-Graph. Su creación y comercialización estuvo a cargo de la compañía International Mutoscope Coorporation, que llegó a lanzar hasta 42 modelos con ese nombre. Estas máquinas se instalaban en ferias, parques de atracciones y, en general, en sitios de gran afluencia turística. En Estados Unidos, país de su desarrollo, se hizo muy popular la que estaba situada en la planta 86 del Empire State Building de la ciudad de Nueva York. Allí, por unos pocos centavos, los turistas podían hacer una grabación, de unos 65 segundos, que iban desde poemas de amor a mensajes a la familia. La máquina emitía un disco pequeño que era posible enviar a la familia para su reproducción casera. Este sistema de registros sonoros comenzó su esplendor durante el período de la II Guerra Mundial, dado que fue muy popular entre los soldados que querían enviar mensajes de voz a sus seres queridos. Esta popularidad fue en aumento hasta alcanzar su momento álgido en las décadas de los 50 y 60 del siglo XX. La aparición de los sistemas de casete obligó a su desaparición a fines de los 60.

Las tarjetas postales sonoras de la Biblioteca Nacional de EspañaLa llegada de las tarjetas perforadas con sonido a la Biblioteca Nacional de España, es fruto de la Ley de Depósito Legal de 1958 y por ello tenemos en nuestra colección unas 44 tarjetas postales musicales, que se han digitalizado tanto el contenido como la fotografía postal. Son documentos editados entre los años 1959 y 1961, que se reproducen a 45 r.p.m. Buscando documentación para el tratamiento de este tipo de documentos sonoros descubrimos que las tarjetas postales sonoras objeto de este estudio fueron grabadas siguiendo el sistema de las Voice-O-Graph. Están compuestas de dos materiales distintos, en la parte inferior, haciendo de soporte base, está un cartón con imágenes litografiadas; en la parte superior está el plástico que sirve de base para la grabación sonora. Ambas partes están unidas por algún tipo de adhesivo que no podemos identificar pero que sí sabemos que resiste bien la humedad pues a pesar del tiempo y del uso, apenas se han desprendido en pequeñas partes. Los materiales que las componen son de baja calidad y de naturaleza inestable. Debido a ello y a las condiciones de almacenamiento sufrieron graves deformaciones que impedían su reproducción para capturar la información en ellas registrada.

Al taller de restauración del Área de Preservación y Conservación de Fondos de la BNE, se le pidió que tratase de devolver la lisura suficiente a las tarjetas para que pudiesen ser reproducidas. Para ello se probaron varias posibilidades. De entre todas ellas la que se mostró más satisfactoria fue una adaptación de los materiales y técnicas japonesas denominadas genéricamente Sōkō. Estas técnicas son las empleadas en Japón en la restauración de todas las pinturas (en cualquiera de sus formatos) documentos y libros. Gracias a ellas se pudieron alisar los dos materiales haciendo posible su reproducción. Los materiales empleados como refuerzo corrector de las deformaciones fueron dos calidades de papeles japoneses hechos a partir de fibras vegetales distintas que permitieron aportar a los soportes celulósicos un alisado y rigidez suficientes para su reproducción y captura digital en alguno de los equipos de sonido de la Sala Barbieri de la BNE. Como adhesivo de los papeles japoneses se empleó un almidón de trigo especial, mezclado con unas algas denominadas funori, que proporcionaron la adhesividad y flexibilidad requeridas.

Para reproducir y recuperar el sonido de las tarjetas. El técnico de sonido de Departamento de Música y Audiovisuales, primero hizo una limpieza física del microsurco, después colocaba la tarjeta, lo más plana posible, sobre un plato especial lo más planas posibles procediendo al recalibrado del brazo del giradiscos. Una vez capturado el sonido con el programa Soundforge, el siguiente paso fue la eliminación de los “clic and crackle” y otros ruidos de fondo con “noise reduction”.

El sonido obtenido permite saber que las tarjetas contienen distintos tipos de grabaciones musicales. Cabe destacar la dos series editadas por Fonograf en el año 61, una sobre toros (con pasodobles como el de Manolete de Orozco Ramos, Viva el Rumbo de Zabala o España Cañí de Marquina) y la otra serie sobre folclore (con sevillanas y fandangos). Todas las postales están ilustradas con magníficas imágenes de toreros rematando un quite, carteles de toros de la época o parejas de baile español.

Las tarjetas postales sonoras de la Biblioteca Nacional de España

Uno de los editores más importantes de tarjetas sonoras fue FonoPostal, este servicio argentino que como se ha escrito, se adelantó 80 años a los audios de WhatsApp. Las tarjetas editadas por FonoPostal que conserva la Colección de Registros sonoros de la Biblioteca Nacional están editadas en el año 1959 en San Sebastián. Son discos de 45 revoluciones por minuto, con imágenes turísticas de Madrid, Barcelona, Palma de Mallorca y Sevilla. La música que está grabada en ellos se corresponde con la imagen turística fotografiada, como recuerdo para el visitante de sus vacaciones o como envío al familiar lejano, no sólo del lugar visitado sino también de la música que lo identifica. Es por tanto, una fotografía sonora de un lugar determinado. De esta manera a través es estas tarjetas podemos escuchar pasodobles (España Cañí), boleros mallorquines, sevillanas (Arenal de Sevilla), sardanas (Bona festa de Vicens), Chotis (como el Pichi de “Las Leandras”) o zarzuelas (Los Barquilleros de Agua: Azucarillos y Aguardiente), etc. Finalmente, solo mencionar un pequeño corpus dentro de la colección, que son las tarjetas navideñas, en las que se han grabado villancicos tradicionales.

 

Luis Crespo Arca, Conservador-Restaurador
Dpto. de Preservación y Conservación de Fondos
Luis Miguel  Martínez, Técnico de sonido
Dpto. de Música y Audiovisuales
María Jesús López Lorenzo. Jefe del Servicio de Registros sonoros
Dpto. de Música y Audiovisuales de la BNE.

 

[1]  CRESPO ARCA, Luis, 2010. La conservación de los nuevos soportes documentales (o el Todo cambia, nada permanece…). En: El Blog de la BNE [en línea]. Disponible en: https://blog.bne.es/blog/post-47/ [consulta: 12 abril 2018].

 

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