Las procedencias en la BNE o de dónde vienen los libros

Es bien sabido que junto con el libro nació también su coleccionismo, entendido en un amplio sentido. Ya entre los antiguos patricios romanos se impuso la moda de equipar las casas con bibliotecas más o menos nutridas, en función de las posibilidades de cada uno. Pero, que sepamos hasta ahora, será más tarde, ya en la Edad Media, cuando los propietarios de los libros sienten la necesidad de declarar su posesión de forma explícita, introduciendo algún tipo de marca en los lugares más destacados (normalmente en el principio del libro, y también, aunque en menor medida, al final); de esta forma, hojas de guarda, portadas y colofones han sido los encargados de proclamar a quién (o a quiénes) ha pertenecido un ejemplar.

Hojas de guarda,portadas y colofones han sido los encargados de proclamar a quién (o a quiénes) ha pertenecido un ejemplar Clic para tuitear

Esas formas de “marcado” han ido variando a lo largo de la historia. Las más habituales son las notas con el nombre del propietario, escritas a mano en las portadas, los supralibros y ex libris (con motivos y diseños muy variados, entre los que destacan los de carácter heráldico) y los sellos de tinta. Aunque no debemos olvidar, en este rápido resumen, que también dentro de esta categoría se incluyen los ex donos y las menos conocidas marcas de fuego.

Procedencia

Pues bien, quienes trabajamos en la Biblioteca Nacional de España vemos pasar por nuestras manos muchos libros con estas huellas de sus antiguos propietarios. Y es que el fondo de la biblioteca (al igual que el de la mayoría de las que cuentan con una gran tradición histórica) es, en buena parte, un mosaico compuesto por las colecciones que diferentes personas e instituciones fueron reuniendo a lo largo de su existencia.

Por ello, desde hace aproximadamente un año, un  grupo de bibliotecarios propusimos conocer (y dar a conocer) esas colecciones, grandes y pequeñas, que vienen enriqueciendo el fondo de la biblioteca desde su creación. Libros que pertenecieron a grandes personajes como el marqués de Santillana, Isabel la Católica o El Greco. Pero también a personas desconocidas como el licenciado Molina Herrera, el colegial de San Bernardino, Luis de Alcoba, o el doctor Cepeda, de las que, posiblemente, sólo esos libros guardan memoria.

Un breve acercamiento a nuestro trabajo con procedencias

Para poder abordar este proyecto, partimos de diversos trabajos que exponen cómo ha ido forjándose la colección que hoy reúne la BNE. Entre ellos, algunos ofrecen panoramas generales bastante completos (como el artículo de Luis García Ejarque titulado “La Biblioteca Nacional de España”). Pero también contamos con estudios más específicos que aluden a colecciones históricas concretas, integradas hoy, total o parcialmente, en la Biblioteca, como el de Margarita Martín Velasco sobre la biblioteca del IV duque de Uceda, el de Fernando Bouza sobre la colección reunida por Felipe IV en el antiguo Alcázar de Madrid o los numerosos artículos de Gregorio de Andrés sobre libros de diversos personajes que se conservan en la biblioteca, por citar sólo algunos.

Lo fundamental en este cometido es dejar que los libros nos cuenten cuál ha sido su historia hasta llegar a nosotros; saber interpretar lo que nos dicen a través de sus marcas, tanto si llegan a nuestras manos en las labores bibliotecarias más rutinarias, como si somos nosotros, pertrechados de lápiz, cuaderno y lupa, los que acudimos a los depósitos para irlos observando cuidadosamente, uno a uno, y apuntando todo aquello que nos quieran decir.

Lo fundamental en este cometido es dejar que los libros nos cuenten cuál ha sido su historia hasta llegar a nosotros Clic para tuitear

Esta observación directa, a ser posible en los depósitos, tiene especial importancia, ya que no sólo las marcas antes mencionadas pueden indicar una procedencia. Hay otros indicios menos explícitos pero también muy ilustrativos que nos pueden ofrecer esta información: los comentarios que algunos propietarios escribieron en los márgenes de sus libros y las signaturas de las colecciones en las que éstos estuvieron (su composición, su disposición en el volumen, etc.). Pero para atribuir la propiedad de un libro a un determinado personaje o institución con estos indicios hay que actuar con mucha cautela, comparando concienzudamente la caligrafía de esas “marginalia” con testimonios autógrafos acreditados o revisando un buen número de ejemplares en los que las antiguas signaturas vayan acompañadas de una indicación inequívoca de procedencia. Ejemplos de investigaciones que siguen estos procedimientos son el de Pilar Carrera FerreiroFrancisca Moya del Baño, sobre  algunos libros de Quevedo o el de Óscar Lilao Franca, sobre los libros que formaron parte de la biblioteca de los duques de Osuna.

Imagen de una de las signaturas de los libros de la biblioteca de la casa de Osuna (BNE, 2/24858)

Imagen de una de las signaturas de los libros de la biblioteca de la casa de Osuna (BNE, 2/24858)

Notas marginales autógrafas de Francisco de Quevedo

Notas marginales autógrafas de Francisco de Quevedo

En nuestro caso, la observación directa nos ha permitido constatar, por ejemplo, que muchos de los libros encuadernados en pergamino que pertenecieron al Convento del Espíritu Santo de Madrid presentan un curioso lomo, pintado toscamente en amarillo con dos franjas anaranjadas, también pintadas, en la parte inferior y superior del mismo. De esta forma, cuando pasamos por los pasillos de los depósitos, detectamos (con gran regocijo, dicho sea de paso) las procedencias de algunos libros, sin tener siquiera que sacarlos de los estantes.

Libro que perteneció al Convento del Espíritu Santo de Madrid

Pero hemos de tener en cuenta que, aunque los libros nos hablan (como a menudo dice la profesora Elisa Ruiz), muchas veces lo hacen de forma críptica. No es raro encontrarse con marcas de propiedad ambiguas o indescifrables (o ambas cosas a la vez), que ponen a prueba nuestra capacidad y nuestra paciencia. Los casos más habituales son algunos monogramas especialmente enrevesados, en los que es prácticamente imposible saber qué letras se representan, las alusiones a los propietarios a través de iniciales que podrían atribuirse a un sinfín de personas, o los escudos de armas carentes de cualquier pista textual. La identificación de éstos últimos, además de requerir conocimientos heráldicos, puede resultar especialmente difícil por varios motivos. No es raro que un escudo haya sido utilizado por dos personas de la misma familia (padre e hijo, por poner un caso) que, para más inri, pueden tener incluso el mismo nombre. Esto a veces se resuelve con solo mirar el pie de imprenta del libro: si fue publicado cuando uno de ellos ya había fallecido, ya tenemos la solución. Pero lo normal es que la cosa no sea tan sencilla.

Ex libris con monograma sin identificar (BNE, 3/74976)

Ex libris con monograma sin identificar (BNE, 3/74976)

Monograma de Jean-Baptiste Colbert (BNE, 3/10285)

Monograma de Jean-Baptiste Colbert (BNE, 3/10285)

Supralibros atribuido a Anne Marie Louise, duquesa de Montpensier, aunque estas armas también fueron utilizadas por otros miembros de la casa de Orleans (como las hijas del duque Felipe, Louise-Adelaide, Charlotte-Aglaé y Louise-Elisabeth) (BNE, T/10738)

Supralibros atribuido a Anne Marie Louise, duquesa de Montpensier, aunque estas armas también fueron utilizadas por otros miembros de la casa de Orleans (como las hijas del duque Felipe, Louise-Adelaide, Charlotte-Aglaé y Louise-Elisabeth) (BNE, T/10738)

Por suerte, contamos con la ayuda de José María de Francisco Olmos y Antonio Carpallo, profesores ambos de la Universidad Complutense y grandes especialistas en heráldica y en encuadernación, que nos orientan sobre marcas que, nosotros solos, seríamos incapaces de identificar. Así que aprovechamos este post para agradecérselo sinceramente.

No es raro encontrar marcas de propiedad ambiguas o indescifrables (o ambas cosas a la vez) Clic para tuitear

Por otra parte, muchas anotaciones manuscritas de propiedad pueden ser difíciles de interpretar, por estar trazadas con una enrevesada caligrafía o por incluir abreviaturas ininteligibles. Y es que quienes las hicieron, lógicamente, no pensaron en los pobres bibliotecarios que, siglos después, tendríamos que catalogar sus libros. Como contrapartida, suelen ser las más curiosas, al ir acompañadas, en algunos casos, por comentarios ingeniosos que incluso merecen alguna sonrisa.

Anotación manuscrita de propiedad en el libro BNE, 3/3919: “Si este libro se perdiere, como suele acontecer, suplico a quien me le allara que me le torne a volver, que le daré los quartos para beber. Si quisiere saber mi nombre, Philippi de Pedraça me llamo, studiante en Fromista con el maestro Bentura Fernández..."

Anotación manuscrita de propiedad en el libro BNE, 3/3919: “Si este libro se perdiere, como suele acontecer, suplico a quien me le allara que me le torne a volver, que le daré los quartos para beber. Si quisiere saber mi nombre, Philippi de Pedraça me llamo, studiante en Fromista con el maestro Bentura Fernández…»

Por qué son importantes las procedencias

Algunas personas pueden dudar de la necesidad de invertir tiempo y esfuerzo en estos trabajos. Sin embargo, desde el punto de vista de la historia de la lectura (y de la cultura en general) no deja de resultar interesante saber qué libros eran los que gustaban a personalidades con una relevancia significativa en el devenir histórico de nuestro país, como pueden ser Felipe IV, Isabel de Farnesio o Manuel Godoy. Y conocer las lecturas de intelectuales y artistas como Quevedo o El Greco, sin duda, puede ser muy esclarecedor a la hora de interpretar sus obras.

Conocer las lecturas de intelectuales y artistas como Quevedo o El Greco puede ser muy esclarecedor a la hora de interpretar sus obras Clic para tuitear

Pero no sólo esto: la indicación de las procedencias de los libros es una herramienta que permite conocer qué grupos sociales eran los que más se interesaban por la lectura, qué libros leían y si lo hacían sólo por motivos profesionales o también en sus bibliotecas tuvieron cabida libros de entretenimiento o de carácter cultural diverso (libros de viajes, de historia, de descubrimientos científicos, etc.).

Además nos parece justo evitar que caigan en el olvido todas esas personas e instituciones que, con mayor o menor esfuerzo, amaron, cuidaron y coleccionaron todos esos libros que, por caminos diversos, han acabado en nuestra biblioteca para dar testimonio de la cultura y la sociedad de otras épocas.

Para terminar sólo nos queda decir que, pese a que el análisis de las procedencias supone muchas horas de trabajo y estudio, también resulta fascinante, enriquecedor y, por qué no decirlo, divertido. Aunque esto no impide que seamos conscientes de la gran tarea que aún queda por hacer, no sólo por la cantidad de procedencias existentes en la BNE (inabarcable a corto y medio plazo), sino también porque aún quedan por definir muchos de los procedimientos y herramientas (especialmente de carácter informático), necesarios para llevar a buen término nuestra labor. No obstante, es importante haber iniciado el camino en este campo para así sumarnos a iniciativas ya emprendidas por otras instituciones españolas y extranjeras.

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Esta entrada tiene 4 comentarios

  1. Muy interesante el post. Para conocer la historia de la colección de una biblioteca debemos saber cómo llegaron hasta nosotros esos libros. Es un tema que va adquiriendo cada vez más importancia, según he podido comprobar en nuestra institución (Real Biblioteca del Escorial). Y no olvidemos la cooperación y el intercambio de información entre nosotros. Gracias a ella, hace unos años la Universidad de Barcelona y nosotros descubrimos un exlibris y conseguimos averiguar a quién pertenecía.

  2. Interesantísimo el tema, gracias por escribir sobre él. Carmen, por lo que recuerdo hay una nota especial de procedencia en la descripción de ejemplar y en la Biblioteca se pone especial cuidado en la normalización de las procedencias. En el artículo de Wikipedia de la BNE hay o hubo una tabla sobre estas procedencias.

  3. Algo tan sencillo como incluir en el área de notas de la descripción del ejemplar algún dato relativo a su procedencia, contribuye a llevar a cabo esta tarea tan útil para la investigación histórica.

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