La venerada reliquia del cuerpo de San Isidro

Con motivo del IV centenario de la canonización de San Isidro, patrón de Madrid, su cuerpo incorrupto será expuesto a la veneración de los fieles durante unos días de este mes de mayo. No es la primera vez que esto ocurre. A lo largo de la historia su cuerpo ha sido expuesto en numerosas ocasiones, bien en momentos trágicos para la ciudad como fue la invasión francesa de 1808 y más frecuentemente en años de sequía que amenazaban con el hambre a los madrileños.

Según leemos en el Diario de Madrid, tras lograr expulsar momentáneamente a los franceses en 1808, el cuerpo del santo y las reliquias de su mujer, Santa María de la Cabeza, fueron expuestos durante ocho días de agosto junto al altar mayor de la colegiata de San Isidro, la iglesia de la calle de Toledo donde habían sido llevadas las reliquias de ambos en el siglo XVIII desde su anterior emplazamiento en la iglesia de San Andrés.

Un poco antes de esa fecha, el cuerpo del Santo, de unos 1’75 metros de altura, había sido llevado a la cama donde agonizaba el rey Carlos III en diciembre de 1788. Tampoco esto era novedoso porque otros reyes antes habían buscado su presencia para buscar remedio a sus enfermedades o consuelo en la hora de la muerte.

Llevado a palacio el cuerpo, cuatro capellanes reales lo sacaron de la urna envuelto en su sudario. Según cuenta el Memorial Literario:

Con profunda veneración y respeto lo acercaron a la cama de Su Majestad. El señor sumiller de Corps se puso de rodillas, inclinándose para que sobre su cuerpo descansase el del Santo y pudiese el Rey venerarle.

El confesor del rey le dijo que pidiera al santo por su salud corporal pero el monarca, según el citado periódico, dijo lo siguiente:

Lo que deseo y os pido Santo Mío es la salud espiritual y que me alcancéis del Señor la salvación de mi alma, que la del cuerpo y todo lo de este mundo me importa poco.

A Carlos III le llevaron otras reliquias a palacio, entre ellas las únicas de la mujer de San Isidro, dos huesos de las canillas y el cráneo, razón por la que es llamada Santa María de la Cabeza. Abrieron el cofre donde se encontraban y el rey las besó con la mayor devoción y ternura.

Isidro y su mujer vivieron en el siglo XII en un Madrid que acababa de ser conquistado por los cristianos. Era una vida llena de peligro para sus habitantes porque la frontera contra el Islam era todavía muy movediza. Según la tradición, ambos trabajaban como labradores las tierras de los Vargas, una familia de caballeros que habían participado en la conquista. Tuvieron un hijo, pero más tarde hicieron vidas separadas, bien porque lo decidieran así por ser sumamente piadosos, o bien porque su amo, que tenía tierras en Torrelaguna, enviara allí a María. Al morir, ella fue enterrada en una ermita de la zona, pero en el siglo XVII sus restos fueron llevados a Madrid junto con los de su esposo.

San Isidro y Santa Maria de la Cabeza en una pintura del arca donde estuvo el cuerpo del santo, en el Semanario Pintoresco Español.

San Isidro y Santa Maria de la Cabeza en una pintura del arca donde estuvo el cuerpo del santo, en el Semanario Pintoresco Español.

Ramón de Mesonero Romanos, cronista de la Villa de Madrid y fundador del Semanario Pintoresco Español, contó lo que se conocía de la vida de ambos en un artículo que escribió en este periódico el 18 de mayo de 1851 y en el que reprodujo la pintura que figuraba en la antigua arca de madera cubierta de cuero donde estuvo el cuerpo de Isidro.

En esta simpática imagen vemos como él fue pintado con la corona de santo pero ella simplemente con un toca de uso común en el siglo XIII, lo que parece indicar que el culto a su mujer fue posterior. El semanario de Mesonero Romanos también reprodujo el arca, en la que no solo figura esta pintura sino un grupo de ellas que narran algunos milagros obrados por el santo. Entre estos milagros figura el que es quizá el más conocido, el de los ángeles arando con los bueyes mientras Isidro rezaba.

Según la tradición, el arca fue mandada hacer por el rey Alfonso VIII, quien atribuyó a Isidro su victoria sobre los almohades en Las Navas de Tolosa. Fue al desenterrar al santo, que había sido inhumado pobremente en el cementerio de la iglesia de San Andrés, cuando se descubrió que su cuerpo estaba incorrupto.

El arca se recubrió algunos años después de pergamino y se pintaron al temple las imágenes. El precioso y pequeño monumento artístico fue reproducido con mucha mayor calidad por La Ilustración española y americana:

Antigua Arca donde estuvo el cuerpo de San Isidro con pinturas referentes a sus milagros, en La Ilustración Española y Americana

Antigua Arca donde estuvo el cuerpo de San Isidro con pinturas referentes a sus milagros, en La Ilustración Española y Americana

Cuando Isidro fue canonizado oficialmente, en una ceremonia solemne en 1622, los plateros de Madrid le hicieron una urna que sustituyó a la antigua arca. Dentro de esta urna fue colocada años después otra interior de filigrana de plata sobre tela de raso de oro que ofreció la reina doña Mariana de Neoburgo. Al cuerpo, cubierto con ricos paños, le faltaban en la época de Mesonero Romanos tres dedos de los pies, según contó el escrupuloso cronista madrileño. Muy previsiblemente estos dedos le habrían sido arrancados por fervorosos fieles durante su azarosa historia post mortem.

El año 1896 San Isidro tuvo un especial protagonismo debido a la sequía y a la guerra de Cuba. Se expuso su cuerpo para pedirle que ambas cesaran.

El 5 de mayo el periódico El Movimiento Católico clamaba de entusiasmo:

Llovió en las primeras horas de la madrugada, a pesar del viento Norte que reinó todo el día; llovió a las cinco de la mañana, y sigue lloviznando a las once, aunque poco; pero el cielo está completamente cubierto, como no le habíamos visto hace dos meses…De algunas provincias llegan telegramas diciendo que ha empezado a llover, y aunque una parte de la cosecha no podrá salvarse, es casi seguro que nos libraremos de las terribles consecuencias de la espantosa sequía con que nos ha agobiado el cielo en esta primavera.

El periódico indicaba a continuación a quién había que agradecerle la lluvia:

El espectáculo que dio ayer Madrid fue por todo extremo consolador y edificante. El pueblo entero estaba en las calles esperando el paso de la procesión del cuerpo del bendito Patrono de la villa y corte.

Pero no solo la lluvia. A San Isidro se le pedía también el fin de la guerra en Cuba con la victoria de las armas españolas:

España no quiere perder su carácter tradicional, que definió Menéndez Pelayo en una frase felicísima: un pueblo de teólogos armados. Por eso hace un esfuerzo que asombra al mundo, enviando 150 000 hombres a Cuba, y se postra aquí, en la Península, al pie de sus imágenes más queridas y de sus reliquias más veneradas para pedir al Dios de los ejércitos el triunfo de nuestras armas; y al Dios de las misericordias el pan nuestro de cada día.

El cuerpo incorrupto de San Isidro fue expuesto a la veneración de los fieles en el altar de la iglesia de su nombre, que hacía entonces de catedral. Todo Madrid desfiló para verlo, como muestra este dibujo que publicó La Ilustración española y americana:

El cuerpo de San Isidro expuesto para su veneración en mayo de 1896, en La Ilustración española y americana

El cuerpo de San Isidro expuesto para su veneración en mayo de 1896, en La Ilustración española y americana

Unos años después, en 1901, cuando España había perdido ya Cuba y Filipinas, un obispo publicó una pastoral hablando del clima antirreligioso que había en la nación, poniendo como ejemplo el recién estrenado drama ‘Electra’, de Benito Pérez Galdós. En su opinión, la política antirreligiosa del Gobierno había llevado a la pérdida de las últimas colonias españolas.

Un diario republicano, El País, contestó airado a esta pastoral:

¡Vive Dios! ¿Y qué haya quien tenga valor de afirmar y sostener tal cosa? Falta de religión en España, cuando la nación se había trocado en un convento; se paseaba por Madrid para evitar los daños de la pertinaz sequía al cuerpo incorrupto de San Isidro Labrador; sobre su momia ponían sus cruces y sus placas bizarros generales, bravos coroneles y pundonorosos comandantes y capitanes; los conventos se multiplicaban como en espeso matorral los hongos y se tenía a mesa y mantel al clero alto, como acaso no le hubiera mimado el mismo Carlos VII. Jamás, jamás llegó España al grado de mogigatería, de devoción, de religiosidad que en el período que precedió a la guerra. ¡Y aún se atreve un obispo a sostener qua la falta de religión nos ha perdido!

Por esa misma época, como era tradicional, los madrileños se congregaban el día 15 de mayo en la pradera del santo, en el lugar donde Isidro había hecho que brotara milagrosamente un manantial. De 1900 es esta estupenda fotografía publicada tiempo después en Mundo Gráfico:

Madrileños en la pradera de San Isidro en mayo de 1900, en Mundo Gráfico

Madrileños en la pradera de San Isidro en mayo de 1900, en Mundo Gráfico

El año de 1922 fue especial porque se cumplió el tercer centenario de la canonización de San Isidro y con ese motivo su cuerpo volvió a ser expuesto y sacado en procesión. El patrón madrileño fue canonizado al mismo tiempo que Santa Teresa de Jesús, San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier, por lo que los actos programados tuvieron en cuenta también a estos santos.

La junta organizadora de los festejos hizo un llamamiento a los madrileños para que participaran en los actos con las siguientes palabras recogidas en el diario La Época el 11 de mayo:

Al celebrarse este año el tercer centenario de la canonización del glorioso Isidro, el labrador de nuestra villa y corte, modesto obrero del campo castellano, que pudo unir en homenajes de devoción a todas las clases sociales, y ante cuyo cuerpo, milagrosamente incorrupto, se postraron las generaciones de vuestros antepasados: Reyes y Príncipes, magnates y plebeyos, al que acudisteis presurosos, sacándole en públicas rogativas cuando la sequía amenazaba al campo, la peste a la ciudad o la muerte penetraba en la cámara regia; os pedimos vuestra cooperación, que no ha de ser menor que la que están prestando Ávila y Salamanca para honrar la memoria de su excelsa doctora; Guipúzcoa y Vizcaya, en obsequio del santo caudillo de su linaje; Navarra, al festejar al esclarecido apóstol de las Indias.

Apertura del arca con el cuerpo de San Isidro con motivo del tercer centenario de su canonización, en La Voz

Apertura del arca con el cuerpo de San Isidro con motivo del tercer centenario de su canonización, en La Voz

En el diario La Voz podemos ver una fotografía del momento en el que el obispo de Madrid, el alcalde y otras autoridades abrían la urna de plata con el cuerpo de San Isidro.

A adorar al santo acudieron el rey Alfonso XIII y su madre María Cristina. Curiosamente, las crónicas de la época no mencionan a la reina Victoria Eugenia, quien había tenido que renunciar a su confesión anglicana y convertirse al catolicismo para casarse con el rey en 1906.

 

El cuerpo de San Isidro cubierto con un paño con el escudo de Madrid, en la Revista Hispanoamericana

El cuerpo de San Isidro cubierto con un paño con el escudo de Madrid, en la Revista Hispanoamericana

En 1929 se produjo un hecho curioso. Una pequeña población argentina cercana a Buenos Aires de nombre San Isidro porque se fundó junto a una capilla dedicada al santo por un capitán español quería tener una reliquia de San Isidro y con ese motivo trasladó la petición a través del embajador español.

Según contó la Revista Hispanoamericana de ciencias, letras y artes, la petición fue bien acogida por el rey, el obispo y el alcalde de Madrid. Una vez abierta la urna, un médico rezó ante el santo y procedió luego con un bisturí extrayendo no sin esfuerzo un esguince de un centímetro por dos milímetros de espesor de la parte correspondiente a una tibia.

El Ayuntamiento de Madrid regaló además un relicario de oro para que el rey hiciera la ofrenda a la ciudad argentina de San Isidro.

Para ilustrar la información, la misma revista publicó también una fotografía del cuerpo momificado del santo cubierto con un paño con el escudo de Madrid.

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