La sala de Información General y Carnés: punto de partida, punto de llegada

BN_23Sobre las enormes losas que tapizan el remozado Paseo de Recoletos el usuario observa, a través de las robustas rejas, el imponente  Palacio de Biblioteca y Museos. Sus más de cien años de historia han ennegrecido su fachada, si bien esas marcas de longevidad no hacen sino conferirle mayor majestuosidad.

Una vez superada la enorme puerta que da acceso al recinto, el confuso usuario se dirige despistado, casi empujado por una brisa misteriosa, hacia ningún lado. Deambula primero hacia su izquierda, atraído por un gato pardo que parece conocer bien los distintos rincones del jardín y, posteriormente, hacia su derecha, donde un grupo de jóvenes asciende entre risotadas y con paso firme por la interminable escalinata del edificio.

Al tomar cercanía con la escalinata, el usuario enfoca inevitablemente su mirada hacia las majestuosas esculturas que, a diferentes alturas, parecen custodiar la entrada a la Biblioteca. Un peldaño, dos, tres, y los nombres de los esculpidos se hacen ya visibles. Alfonso X El Sabio y San Isidoro. Superados ambos, el usuario se enfrenta a los últimos escalones con la mirada baja, debido a la congoja que supone compartir espacio con tan magnos eruditos. En el descansillo de la entrada principal, otras cuatro esculturas equidistantes parecen dispuestas a impedir el acceso a todo aquel que lo pretenda. De izquierda a derecha, Antonio de Nebrija, Luis Vives, Lope de Vega y Miguel de Cervantes.

BN_28Un peso intangible cae de repente sobre los hombros del usuario, similar al que sentiría la hormiga si la planta del pie del elefante sobrevolase por encima de su minúsculo cuerpo. Un impulso nervioso hace que, de repente, el usuario retroceda un par de pasos, si bien la curiosidad es más poderosa y, finalmente, decide adentrarse en el misterioso inmueble.  Ya en el interior, un interesante e inesperado panorama se presenta ante el usuario. Frente a él, un enorme vestíbulo, recubierto prácticamente en su totalidad por un mármol llamativamente luminoso. Sobre él, una amplia claraboya que aporta una reconfortante luz natural. A ambos lados del vestíbulo, una escalera alfombrada recorre sin dilaciones varios niveles. La grandeza arquitectónica del conjunto impresiona al usuario.

Con la cabeza erguida, sin mirar prácticamente al suelo, se dirige a la sala de Información General y Carnés, cuyas paredes se encuentran tapizadas por enormes armarios de madera que se extienden desde el suelo hasta el techo. Dos escaleras de caracol, ubicadas en los extremos de la sala, facilitan el acceso a los cuerpos superiores de los armarios y engarzan con una pasarela de hierro forjado que los recorre de un extremo a otro. El usuario se percata, gracias a una suave melodía que procede de uno de los laterales de la sala, de una voluminosa pantalla de televisión, la cual ofrece, a modo de carrusel, variada información sobre distintas actividades culturales que se celebran en la Biblioteca.

Hipnotizado por la variedad de propuestas, pasan varios segundos sin que el usuario retire la mirada del monitor. A continuación, procede a curiosear entre los múltiples folletos informativos que se disponen simétricamente en una de las estanterías de la sala. Colecciones destacadas, servicios, salas de la Biblioteca, cursos de formación de usuarios, la Fundación de Amigos de la BNE y varios folletos más. El usuario se apresura a coger un ejemplar de todos ellos para una posterior lectura, ya más sosegada.  La gran cantidad de información que ha acumulado desde hace un par de minutos le sobrepasa, a la vez que le tranquiliza. La imagen que el usuario había construido en su mente sobre la Biblioteca, cercana al scriptorium medieval, se derrumba tras descubrir una enorme cantidad de datos, servicios, colecciones, exposiciones, conferencias, homenajes y otras actividades que nunca hubiera imaginado que tuvieran lugar en un sitio así.

BN_38Tras recibir el saludo de una de las bibliotecarias, la cual le anima a tomar asiento, el usuario procede a informar, algo abrumado, sobre sus intenciones investigadoras. La experiencia de la bibliotecaria ayuda a centrar el disparo y, tras un corto intercambio de preguntas y respuestas, recibe información concisa sobre cómo ha de proceder. Adicionalmente, la bibliotecaria le informa, a modo introductorio, sobre el funcionamiento  del catálogo automatizado, el punto de partida de cualquier consulta. Resulta reveladora la cara de sorpresa del usuario al conocer que, desde su propia casa y a través de su ordenador, podría solicitar su carné de usuario, realizar peticiones de libros y consultas bibliográficas, solicitar libros mediante préstamo interbibliotecario o consultar una infinidad de documentos digitalizados a través de la llamada Biblioteca Digital Hispánica.

El usuario presenta su documento de identidad y sonríe, aún algo nervioso, cuando le toman la fotografía. Sin mayor burocracia, recibe de manos de la bibliotecaria el carné que le acredita como Lector de la Biblioteca Nacional de España. Como el que acabara de obtener la aceptación de membresía en un selecto club, sujeta orgulloso la tarjeta recién impresa y memoriza su número de usuario. Ávido de información sobre los distintos servicios y colecciones, el usuario solicita inscripción en los cursos formativos que ofrece la Biblioteca, todos ellos gratuitos. El usuario también acepta sin dudar la invitación para participar en la visita guiada que, diariamente, realizan los propios bibliotecarios de la sala de Información General y Carnés.

BN_76Diez minutos después, a las doce, el usuario acude al punto de encuentro, ubicado en el llamado Salón Italiano, desde donde parte la visita. El nombre del Salón, será informado más adelante, se debe al mármol de Carrara que en tiempos pasados lo cubría casi en su totalidad. Junto a otros cinco usuarios, igualmente novatos, el usuario escucha con atención las explicaciones que ofrece el bibliotecario encargado de la visita sobre los procedimientos y procederes de la Biblioteca, la ubicación de las distintas salas, horarios y todo lo necesario para emprender la labor investigadora de forma autónoma.

Sin solución de continuidad, caminan hasta la sala Multimedia, donde multitud de ordenadores permiten la consulta de catálogos y de distintos recursos de información accesibles a través de Internet. Mediante un ejemplo práctico, el bibliotecario explica ágilmente los entresijos del catálogo automatizado, así como otros servicios que la Biblioteca ofrece a través de su página web. Para concluir la visita, el bibliotecario se adentra en un alargado pasillo que conduce al Salón General. La impaciencia se apodera del usuario, el cual imagina las proporciones, estructura, elementos decorativos y, por encima de todo, la enorme cantidad de libros que en breves segundos tendrá ante sus ojos. Antes de que el bibliotecario proceda a abrir la puerta que da acceso al Salón, el usuario se sitúa delante del resto de usuarios. Quiere ser el primero en contemplarlo. La puerta se abre y el usuario (…)

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Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Esta biblioteca tiene un no sé qué misterioso que se te cuela en el corazón y atrapa los sentidos, a pesar de que no todo es tan perfecto como dice Rubén.
    Pero se ve que el también ha caído en las redes del hechizo…
    Hay que comprenderlo, es joven todavía y otros más vividos y mucho más baqueteados sucumbieron sin remedio igualmente.
    Pero ojalá que el hechizo no le impida ver lo que se puede mejorar, que es mucho todavía.

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