La prensa protofeminista de la Historia de España

Tres periódicos que conserva la Biblioteca Nacional: Ellas, La Mujer y La Ilustración de la Mujer, destacan por ser los primeros en luchar por la igualdad y los derechos de las mujeres

Emilia Pardo Bazán

Emilia Pardo Bazán

Las grandes pioneras del feminismo español del siglo XIX, Concepción Arenal o Emilia Pardo Bazán, fueron personalidades singulares que escribieron libros y artículos en la prensa a favor de la igualdad de hombres y mujeres pero no constituyeron un grupo de mujeres dispuestas a dar la batalla fundando un periódico para difundir sus ideas y reivindicar sus derechos. Su antecedente fue una empresa solitaria y efímera emprendida por Beatriz Cienfuegos en La Pensadora Gaditana, primera publicación de defensa de la mujer en la España de la segunda mitad del siglo XVIII.

Los primeros periódicos destinados al sexo femenino en el siglo XIX, como El Correo de las Damas y otros de este tipo, se ocupaban de moda, literatura, vida familiar y social, así como temas de ocio o entretenimiento, pero no eran críticos ni cuestionaban el papel asignado a la mujer dentro del hogar y la sociedad.

Esto empezará a cambiar a medida que se va asentando la sociedad liberal y el reinado de Isabel II. Quizá el hecho de que fuera una reina y no un rey la cabeza del Estado contribuyó a que las mujeres de buena posición e ideas más avanzadas comenzaran a reivindicar, antes que nada, el derecho a la educación. En esos años, Antonia Gutiérrez Bueno consiguió que las mujeres pudieran acceder a la Biblioteca Nacional para consultar e investigar, y Concepción Arenal, aunque vestida de hombre, obtuvo el permiso para asistir de oyente a clases de Derecho en la Universidad.

Ellas

Ellas

Sólo unos días después de que se iniciaran las obras del Canal de Isabel II que terminarían con la escasez de agua y permitirían el ensanche de Madrid, y cuando ya corrían por España algunos trenes, nacía otro signo de los nuevos tiempos: el 1 de septiembre de 1851 se ponía en circulación el periódico Ellas, un título que era todo una declaración de intenciones. En su primer número lo explicaba:

¡Ellos! ¿Qué significa esta palabra? ¡Acaso querrá manifestar un poder absoluto, una facultad universal, un derecho indisputable a la dominación de las criaturas! ¿Acaso hemos podido creer que solo ellos son capaces de figurar en el mundo intelectual, de ejercer la autoridad…?

La proclama de estas pioneras y el título de su periódico recuerda, siglo y medio después, la actual lucha del feminismo para que se reconozca el  lenguaje inclusivo en lugar del masculino genérico. Alicia Pérez de Gascuña y las redactoras del periódico que encabezaba, entre ellas la poetisa Carolina Coronado, se veían inmersas según sus palabras en una “cruzada” contra los hombres.

En esta época, en que ni siquiera había sufragio universal masculino, la lucha de las mujeres estaba centrada en reivindicaciones sociales más que políticas, como el derecho a la educación y al trabajo, algo que no era incompatible con la revalorización del papel de la madre y esposa en la familia y la sociedad.
En el último número que se conserva de Ellas, que acabó fusionándose con El Correo de la Moda y perdiendo algo de su beligerancia, podemos leer:

La educación, esa clave fundamental de la civilización, que tan atrasada se ve aun en España, tanto por el descuido de ciertos padres imprudentes en la clase media, cuanto por el poco estímulo que ofrece a la proletaria; esa antorcha que debiera brillar en el taller como en el salón.

Otros periódicos de las décadas de 1850 y 1860 dirigidos al bello sexo, expresión muy utilizada entonces, se preocuparon de la formación de la mujer, como El Ángel del Hogar, dirigido por la escritora Pilar Sinués de Marco, y en el que ya se defiende, desde una posición católica, el derecho al trabajo de la mujer fuera de la casa en caso de necesidad.

Publicación periódica La mujer

Publicación periódica La mujer

Pero el derecho al trabajo y a un salario igual al del hombre serán ya reivindicaciones que adopten otros dos periódicos protofeministas, La Mujer y La Ilustración de la Mujer, tras el destronamiento de Isabel II en 1868 y el llamado Sexenio revolucionario, con la promulgación de la Constitución de 1869 que amplió los derechos y libertades.

El primero de ellos, dirigido por Faustina Sáez de Melgar, se proponía, según proclamaba en su primer número de junio de 1871, propagar las ideas de progreso que han hecho de la mujer inglesa y norteamericana una mujer fuerte, independiente, instruida y digna sin apartarse de los deberes que la encadenan al hogar por los lazos sagrados del amor y de la familia.

En el mismo año en que salió este periódico se examinó por primera vez en España una mujer para acceder a la enseñanza secundaria. El Instituto La Rábida (Huelva) conserva el examen de ingreso de las asignaturas de Latín y Castellano realizado por Antonia Arrobas con 13 años. Y en 1872, María Elena Maseras obtenía autorización para matricularse en la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona, siendo la primera mujer universitaria de España.

Un momento de mayor libertad se vivió en 1873, año en que se proclamó la I República y en que debido a la tolerancia religiosa la viuda del bibliófilo Luis de Usoz, María Sandalia del Acebal, decidió donar a la Biblioteca Nacional la extraordinaria colección de autores heterodoxos y libros prohibidos de su marido, la mayor que ha habido en España.

La ilustración de la mujer

La ilustración de la mujer

En marzo de ese año salió a la calle La Ilustración de la Mujer, publicación fundada por Concepción Gimeno de Flaquer y dirigida por Sofía Tartilán. La revista estaba volcada también en la educación de la mujer y de hecho dedicaba el producto de su venta a la creación de escuelas gratuitas para niñas pobres. Pero iba más allá en sus reivindicaciones. Ya entonces el trabajo de la mujer fuera de casa era un hecho desde hacía algunos años, con talleres y huelgas de trabajadoras como las protagonizadas por las cigarreras, pioneras en la demanda de mejores salarios y condiciones laborales.

En el primer número de esta publicación que posee la BNE, de 31  de mayo de 1875, se denuncia claramente la baja retribución que recibe la mujer en comparación con el hombre.

El trabajo de la mujer hace mucho tiempo que está siendo objeto de la más escandalosa explotación, tanto el que de derecho le pertenece como algunas de las industrias que antes ejercían los hombres y que, a pretexto de filantropía, hoy se permite ejercer a las mujeres para obtenerlos con una retribución menor.

Y tras mencionar toda la clase de ocupaciones de las mujeres, la autora del artículo, Sofía Tartilán,  sigue abundando en la misma idea de desigualdad en el salario:

Los hilados, los tejidos, la preparación de conservas alimenticias, la iluminación de países para abanicos, la cestería, el ramo de agujas y alfileres, la fabricación de cajas para fósforos, los fósforos de cartón, el cordaje de navíos, la fabricación de redes de pescar, la limpia del azúcar y el cacao y otras muchas industrias que en este momento no recordamos, las ejercían antes los hombres, y por más que no fuera con grandes jornales, eran sin embargo más que el doble de lo que hoy se da a las mujeres por el mismo trabajo y por igual número de horas empleadas en él, estando además probado que no sólo lo ejecutan con igual perfección, sino con mejor en algunos casos.

La Ilustración de la Mujer sobrevivió a la I República, que desapareció en medio de las guerras que asolaban el país, y continuó editándose durante la restauración de la monarquía borbónica en la persona de Alfonso XII hasta por lo menos 1877, sin que se sepa muy bien cuál fue su último número y las causas de su desaparición, dado que pese a su importancia su tirada debió ser corta y no recibió la atención que merecía en la historia del periodismo español hasta fechas muy recientes.

 

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