La irresistible atracción del infierno dantesco

Dante describió en su Divina Comedia el Paraíso, el Purgatorio y el Infierno después de viajar por los tres lugares durante una semana. De este viaje alegórico el lugar más comentado y que más atracción ha ejercido a lo largo de la historia ha sido el Infierno, el llanto y crujir de dientes de los condenados, los suplicios sin fin de los pecadores. Esta inclinación que la humanidad siente por lo espantoso debe deberse al mismo resorte psicológico que nos empuja a ver una película de terror aun tapándonos los ojos.

Los penados de la Divina Comedia se reparten como en un embudo en círculos infernales y dependiendo de sus faltas así de duro es su castigo. Los peores pecadores ocupan los círculos más profundos en dirección al centro de la Tierra. En estos colocó Dante a algunos de sus enemigos, como los Papas de su tiempo. A Nicolás III le metió bocabajo en un agujero ardiente envuelto en llamas. El poeta florentino se tenía por buen católico, pero no tuvo reparos en colocar en el infierno a las más altas jerarquías de la Iglesia por su avaricia y nepotismo.

En la prensa histórica tenemos muchos ejemplos de cómo se ha hecho uso del Infierno de Dante para en unas ocasiones describir situaciones dolorosas e indeseables y en otras para censurar a personajes malvados o antipáticos de la época.   Así, en 1865, cuando Estados Unidos acababa de sufrir una cruenta guerra civil a causa de la esclavitud, odiosa institución que todavía estaba en vigor en la colonia española de Cuba, en la revista hispanoamericana La Violeta, dirigida por Faustina Sáez de Melgar, podía leerse esto:

No hay mirada bastante poderosa que pueda penetrar sin estremecerse en ese infierno dantesco donde se retuerce el esclavo mordiendo sus cadenas, rodeado de tinieblas y amarguras, apurando hasta las heces el cáliz de todas las agonías, sin pan, sin fuego, sin vestido, marcado el rostro y las espaldas con los ramales del látigo…

Y un ejemplo de otro tipo: la revista satírica y anticlerical El Motín, fundada por el periodista republicano José Nakens en 1881 y que tuvo una larga vida pues se prolongó hasta 1926, tomó ejemplo de Dante y colocó a clérigos y monjes en el Infierno. Al igual que el poeta medieval, Nakens imagina un viaje a las regiones de ultratumba para visitar a Satanás, que está encantado con El Motín, periódico al que nombra su órgano oficial y concede la gran cruz del Mérito Infernal por la labor en su favor que hace en la Tierra.

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Caricatura de la entrada en el Infierno, poblado de miembros de la Iglesia, en el semanario El Motín

Un espléndido dibujo coloreado a doble página acompaña al texto. En él vemos a Nakens llegando triunfante al Infierno en un carro tirado por miembros de la Iglesia. Alrededor de las llamas se arremolinan Papas, cardenales, obispos y otros clérigos que abarrotan los dominios del demonio.

Lucifer colma de honores al fundador de El Motín y le despide pidiéndole un favor:

Una sola advertencia tengo que hacerte, y es que prosigas incansable en tu ingrata y difícil tarea de moralizar al clero, para evitar de este modo que vengan tantos curas al Infierno y me alboroten y perturben estos reinos; pues ya habrás advertido que son los vasallos más revoltosos y levantiscos.

La desbordante imaginación del dibujante satírico se aleja de lo que era la representación clásica del Infierno de Dante. Una imagen canónica es la que vemos en la revista Alrededor del Mundo (17/9/1927). Con el título ‘El Infierno en la Edad Media’ publicó un estupendo grabado de Dante acompañado de su guía el poeta latino Virgilio en las regiones infernales. Les rodea una legión de diablos en el momento en que se disponen a penetrar en los valles de dolor, esos parajes inhóspitos donde hay que abandonar toda esperanza.

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Grabado de Dante y Virgilio en las regiones infernales, en la revista Alrededor del Mundo

En el anillo infernal más cercano al limbo, el lugar reservado a los no bautizados y paganos virtuosos que no conocieron a Cristo, se encuentra el círculo de los lujuriosos. Aquí Dante colocó entre otros a Paolo Malatesta y Francesa de Rímini, una pareja de adúlteros de su tiempo que han sido, gracias a la Divina Comedia, ampliamente representados en el arte y la literatura.

La revista Alrededor del Mundo (8/9/1899) contó la pasión de esta pareja y su trágico fin. Francesca estaba casada con Gianciotto, hermano de Paolo, pero se enamoró de su cuñado y el marido los mató a los dos. El reportaje se acompaña de un grabado de los espectros vaporosos de los amantes realizado por el gran ilustrador francés Gustavo Doré. El autor del texto destaca que:

Era la suya una época en que se amaba con intensidad y en que el amor era grande y grave pasión…Los archivos y las tradiciones de Italia abundan en historias amorosas como las de Paolo y Francesca, bruscamente cortadas por el puñal, la cuerda o la copa de veneno.

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Ilustración de Paolo y Francesa de Gustavo Doré, en la revista Alrededor del Mundo

Curiosamente, Dante puso al asesino en un círculo infernal más profundo que el de los amantes. Para el poeta, que conoció de joven esta tragedia, era mayor el pecado de Gianciotto que el de Paolo y Francesca, pese a que en la época se disculpaba que un marido matara a su mujer adúltera y a su amante.

Una moderna y original representación de los dos amantes es la publicada por la Ilustración artística (26/12/1910). En ella se ve a Francesca leyendo a Paolo la historia de Lanzarote o Lancelot del Lago, un caballero de la Mesa Redonda que se enamoró de la reina Ginebra, quien fue infiel a su marido, el rey Arturo.

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Francesca leyendo a Paolo la historia de Lanzarote y la reina Ginebra, en la Ilustración artística

En la Divina Comedia, Francesca cuenta a Dante cómo ella y Paolo se unieron amorosamente mientras leían esta historia legendaria que sirvió de estímulo a su pasión.

Es curioso que esta pareja de amantes coetánea de Dante haya sido a lo largo de la Historia casi tan célebre como la pareja del propio poeta y su musa platónica, Beatriz, quien le sirve de guía en su viaje al Paraíso. Como si el amor puro no pudiera sobrevivir en este mundo sin la compañía del amor carnal. En realidad, en la exposición teológica que es la Divina Comedia Beatriz simboliza el amor espiritual, el impulso a la perfección del alma.

La misma revista anterior reprodujo (9/12/1912) el monumento escultórico a Dante realizado por un artista de Italia que la colonia italiana regaló a la ciudad de Nueva York. La obra incluye escenas del Paraíso, el Purgatorio y el Infierno. En este último figuran los grandes traidores de la historia de Florencia, lo que pone de relieve el contenido político que, aparte de la escatología católica, rezuma la Divina Comedia, escrita cuando Dante estaba exiliado de su ciudad natal.

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Monumento dedicado a la Divina Comedia que la colonia italiana regaló a la ciudad de Nueva York

Puede parecer extraño que una obra literaria medieval, al fin y al cabo un libro para minorías, tuviera tanta repercusión popular que mereciera el honor de un monumento público en Nueva York, sobre todo hace más de cien años cuando el nivel cultural general era menor. Pero ayuda a explicarlo la película que se había estrenado el año anterior, en 1911, basada en la obra de Dante. La cinta, que llevaba el título L’Inferno, es uno de los primeros largometrajes y una de las primeras películas de terror del entonces nuevo arte cinematográfico.

El cine naciente hizo uso de todo tipo de trucos para recrear el Infierno creado por Dante con todos los horrores imaginables. Naturalmente, es una película muda, pero da igual porque el asunto que trata es más para ver que para oír. En la revista Caras y Caretas (4/2/1911) podemos contemplar uno de los fotogramas de este film que contribuyó a popularizar la Divina Comedia, sobre todo el Infierno dantesco.

Fotograma de la película L’Inferno, de 1911, en la revista Caras y Caretas

Hubo luego más películas sobre la obra de Dante, pero siempre recreándose en los tormentos del Infierno. A nadie se le ocurrió filmar los placeres puros del Paraíso, ni siquiera las reconfortantes penas del Purgatorio, al fin y al cabo penas con esperanza pues los que allí estaban confiaban en alcanzar algún día la Gloria. Eran estas felices estampas demasiado aburridas comparadas con las morbosas imágenes de los eternos suplicios y horrores infernales.

Así comentaba el diario La Libertad (19/3/1925) otro film de los años 20 sobre el tema:

En un argumento moderno, lleno de interés y emoción, la casa Fox ha editado una película en que nos presenta el Infierno con todos sus horrores, martirios, torturas; en una palabra, con su espantosa grandeza. La visita que a los dominios de Satán hace el Dante está cinematografiada de un modo maravilloso, verdaderamente sorprendente y en forma que imaginación alguna podía concebir. Los espíritus medrosos, los corazones pusilánimes quizás no deban ver esta película; los hombres fuertes, las mujeres cristianas deben verla, pues de ella obtendrán provechosas enseñanzas, al mismo tiempo que pasan unas horas agradables admirando un asunto interesantísimo y una obra todo arte y grandeza.

Tenemos una idea del Infierno como un lugar siempre en llamas, con el fuego como principal protagonista, las tradicionales calderas de Pedro Botero. Pero lo cierto es que el Infierno que imaginó Dante no solo era de fuego. Había lugares de hielo, tierras congeladas con condenados sepultados a los que solo se les veía la cabeza y había también lugares desérticos, con paisajes desolados llenos de sabandijas.

No se nos ocurriría, por ejemplo, comparar el Infierno con los Pirineos, pero eso es lo  que hizo la revista Nuevo Mundo (9/3/1928) hablando del recién creado Parque Nacional de Ordesa, en el Pirineo de Huesca. El periodista escribe que los enormes peñascos pelados evocan el Infierno de la Divina Comedia así como sus verdes valles pueden darnos la imagen del Paraíso:

Porque en Ordesa hay que admirar sus tres aspectos; el de Paraíso terrenal, en sus bosques; el de infierno dantesco, en sus maravillosas grandezas pétreas; el de un ensueño de hadas, en el encaje purísimo de sus níveas cumbres…

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Gigantes de piedra que recuerdan el desolador paisaje del Infierno de la Divina Comedia, en Nuevo Mundo

El nombre de Dante ha pasado a la lengua coloquial. Dantesco es un adjetivo que se usaba y seguimos usando para describir una escena o situación horrorosa. Este es un ejemplo de un periódico del siglo XIX, El Observador (18/1/1850), donde se informa de un estudio realizado sobre más de mil mujeres obreras en Gran Bretaña que confirma que su salario no les permite llevar una vida digna: 

Acaba de pasar en Londres una de esas espantosas escenas dignas del infierno de Dante. Se trataba de demostrar de una manera, segura, evidente, la posición de las obreras, y de confirmar, de hecho, la opinión de muchos escritores que declaraban que el producto del trabajo de las mujeres es tan inferior a lo que exige la primera necesidad que se encuentran inevitablemente arrastradas a la prostitución

Si nos pidieran a alguno de nosotros describir los minutos que se vivieron en el Titanic mientras el barco se estaba hundiendo en las aguas del Atlántico norte en abril de 1912, posiblemente emplearíamos el adjetivo dantesco. Eso es lo que hizo aquel año la revista La moda elegante, que sólo unos días después de la tragedia escribió esto:

Una ciudad flotante, un palacio colosal y espléndido, en el cual el genio de los hombres amontonó todas las maravillas de la moderna industria y todos los refinamientos del lujo y de la comodidad, se ha hundido en las entrañas del mar, sirviendo de ataúd a mil quinientas personas. Conturba el ánimo y angustia el corazón la lectura del relato del naufragio del Titanic. El momento supremo de la catástrofe supera en horror a la descripción de un círculo del Infierno dantesco, y hace pensar en algo apocalíptico, en algo que sugiere la idea espantosa de! día postrero de! Mundo…

Y para terminar, un reportaje surrealista publicado en la Estampa en 1934 a cuenta del ingenio de los chinos, reconocido por haber inventado tantas cosas, desde el papel hasta la pólvora. La revista se preguntaba retóricamente con grandes titulares:

¿También el Infierno de la Divina Comedia lo han inventado los chinos?

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Dibujo del guardián chino que impide evadirse a los condenados, en Estampa

El reportaje, acompañado de varias estampas orientales, muestra al Satán chino cómo un pacífico mandarín de primera clase con su burocracia infernal.

El gran príncipe del infierno tenía su secretaria encargada del archivo y de las fichas de los condenados, que monstruos mitad cerdos y mitad hombres—hombres y cerdos con cuernos—arrastraban por entre espantosas llamas.

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Dibujos chinos que reflejan la burocracia infernal, en la revista Estampa

Pero el infierno chino tiene poco que ver con el imaginado por Dante. Este puso allí a Paolo y Francesca por sus amores adúlteros, los dos con el mismo castigo, y al marido asesino en un círculo mucho más profundo, condenado a mayor pena, pero el infierno chino es machista y el autor del artículo deplora esta discriminación:

Los chinos reservaban los suplicios más refinados para las mujeres infieles. Menudos sectarios eran los chinos. Nada de castigos para el hombre infiel, todos los suplicios para la mujer. El infierno chino lo han inventado evidentemente los hombres.

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