La Gran Guerra (1914-1918) en la narrativa

Desde el punto de vista literario la primera característica a destacar sobre la narrativa en la Primera Guerra Mundial es la cantidad y calidad de las obras que surgen y tienen como tema central la gran Guerra. El impacto de la guerra es tan grande que explica el número de obras que se publican, pero en cuanto a la calidad viene dada por el número de grandes escritores que participaron en la contienda.

Se hace necesario diferenciar dos grandes grupos: los que estuvieron en el frente y luego se basaron en sus propias experiencias y los que no la protagonizaron o la vieron desde la retaguardia. Este hecho es un condicionante a la hora de narrar los acontecimientos. En cuanto a estos últimos, sus novelas narran hechos históricos que no hay que desdeñar pero carecen de la complejidad de lo narrado por los protagonistas y adolecen de una visión idealizada de la guerra, a diferencia de los que sí presenciaron ese horror.

Entre los grandes nombres que publicaron en esta época podemos destacar, entre otros, a autores británicos como Robert Graves con Adios a todo eso o T. E. Lawrence y Los siete pilares de la sabiduría. ; franceses, como Louis-Ferdinand Céline y Viaje al fin de la noche o Louis Barthas y su Cuadernos de guerra.

Entre los alemanes reseñamos dos obras con una visión diferente sobre la guerra. Nos referimos a Ernst Jünger y su muy reeditada obra Tempestades de acero y Erich María Remarque y su novela Sin novedad en el frente.

En cuanto a España, las crónicas sobre la guerra del periodista y escritor español Agustí Calvet Pascual, “Gaziel” fueron muy leídas en la época. Mientras tanto, obras como Los cuatro Jinetes del Apocalipsis de Vicente Blasco Ibañez, marcadamente antialemana, alcanzaron una enorme popularidad y se pusieron a la cabeza en las ventas de novelas de los EEUU durante estos años. Los americanos, horrorizados por la guerra europea, pasaron de una posición pacifista y neutral a involucrarse en el conflicto. Todo ello motivado entre otras razones por una gran campaña publicitaria y la postura de la iglesia, ambas favorables a la causa aliada.

Alguno de los escritores voluntarios americanos fueron a la guerra como conductores de ambulancia. Esta era una manera de participar sin luchar y al mismo tiempo de satisfacer la curiosidad por conocer de primera mano lo que estaba ocurriendo en Europa. Del horror que experimentaron surgieron amargas novelas denunciando la guerra: Hemingway y su Adios a las armas escrita diez años después de que acabara el conflicto;  John Dos Passos con su Iniciación de un hombre: 1917 ; Humprey Cobb y su famosa obra Senderos de gloria, o Dalton Trumbo y su impactante novela antibelicista Johnny cogió su fusil son algunas de las más conocidas. Algunas de ellas  fueron llevadas al cine con gran éxito.

Pero estos escritores no se limitaron a ser meros observadores, sino que su posición terminó siendo de crítica general a la guerra y sus personajes denotan el efecto que la guerra ejerce sobre ellos y sus fatales consecuencias.

Enlace a la Exposición Bibliográfica en la BNE

                                                            Lourdes Gutiérrez Gutiérrez

Sección de Biblioteca Referencia

Purificación Lafuente García

Sección de Ingreso de Publicaciones

Comparte

Esta entrada tiene un comentario

  1. Soy de una generación que se ha librado por los pelos de las mil guerras del siglo pasado. Por los pelos y no del todo, porque en España nuestra guerra in-Civil sobrevuela el destino de todos los que nacimos después.
    Las guerras siempre generan mucha creación literaria, quizás para contrarrestar la mortandad física y el destrozo anímico. Pero yo creo que prefiero menos creatividad y más gente viviendo en paz y buscando la felicidad propia y de los demás.
    Ya lo dijo Miguel, que vivió a fondo la guerra:

    Tristes guerras
    si no es amor la empresa.
    Tristes, tristes.

    Tristes armas
    si no son las palabras.
    Tristes, tristes.

    Tristes hombres
    si no mueren de amores.
    Tristes, tristes.

    Cancionero y romancero de ausencias
    Miguel Hernández
    –oooOooo–
    Por lo demás, gracias por el post «Servicio de Información Bibliográfica, no falta ni sobra nada

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *