La epidemia de gripe de 1918 retrasó el comienzo del curso escolar hasta enero

Colegios y universidades permanecieron cerrados en otoño pero estuvieron abiertos teatros, cines y cafés-conciertos

La gripe de 1918, la pandemia del siglo XX más parecida a la que ahora vivimos, había llegado en la primavera a España procedente del norte de Europa y afectó sobre todo a Madrid. Tras atenuarse durante el verano, volvió con fuerza en el otoño, esta vez extendida por todo el país. Una de las consecuencias de la epidemia fue el retraso de la apertura del curso académico en las escuelas, colegios, institutos y universidades, algo que fue generalmente aceptado por todos. Una vez más, la Hemeroteca Digital ofrece un excelente testimonio de cómo se afrontó y cuáles fueron los efectos de aquella otra pandemia global e histórica.

La medida nos parece muy oportuna, pues la aglomeración de jóvenes en aulas generalmente poco higiénicas daría lugar a contagios que ocasionarían graves trastornos.

Esto es lo que dijo un medio especializado, la Revista General de Enseñanza y Bellas Artes, en su número de 1 de octubre, aunque dejando claro que eso no debía significar acortar la duración del curso:

Otro aspecto debe verse en el actual aplazamiento, que es la abreviación del curso, a lo que, del ministro al padre de familia, todos debemos oponernos. Aparte de la posible prórroga de aquél tomando los días de retraso en el comienzo de los estudios de los meses de mayo y junio, procede, en su caso, la radical supresión de las abusivas vacaciones de Navidad, vacaciones éstas que con y sin epidemia deben reducirse a los términos que la ley señala.

La citada revista decía esto porque aún no se sabía si el aplazamiento sería de días o semanas. Al final, con carácter general las clases no empezaron hasta enero por la gravedad de la situación, aunque los gobernadores civiles de cada provincia podían decidir adelantar la apertura en función de la evolución de la enfermedad.

En otoño la epidemia fue mucho más letal que en primavera. Lo que se había tomado un poco a broma empezó a tomarse en serio. El cambio de humor al respecto puede verse en las caricaturas de los periódicos. Así, en el diario La Acción, el 30 de mayo aparece en portada el simpático chiste de un guardia buscando con una enorme lupa el bacilo de lo que se conocía como la enfermedad de moda o la epidemia reinante.

Diario La Acción, 30 de mayo 1918

Un guardia busca el bacilo de la gripe, en La Acción del 30 de mayo

 

Irónica caricatura de Bagaria en El Sol del 14 de octubre

Irónica caricatura de Bagaria en El Sol del 14 de octubre

Pero en octubre los chistes tenían ya un gusto amargo. Una pieza antológica de humor negro es la que publicó Luis Bagaria en la portada de El Sol el 14 de octubre. El gran caricaturista dibujó a una víctima de la gripe en el ataúd con el siguiente texto: El muerto: lo que más me molesta es dejar mal a la Junta Provincial de Sanidad.

Para captar la fina ironía del chiste hay que tener en cuenta que en Madrid no se habían tomado aún medidas enérgicas porque las autoridades sanitarias pensaban que la epidemia estaba ahora afectando sobre todo «en provincias». Ya ese mismo día 14, bajo el título Los estragos de la epidemia, El Sol informaba de las primeras medidas en la capital de España:

El subsecretario de Gobernación manifestó ayer que el ministro ha dispuesto que, como medidas preventivas, se retrase la apertura de curso y se clausuren todos los colegios oficiales y particulares. También ha ordenado la desinfección constante de los teatros y de toda clase de locales donde se celebren espectáculos públicos. Igualmente serán desinfectados, varias veces al día, todos los edificios donde concurran muchas personas, como iglesias, cafés, fondas, hoteles y oficinas públicas. La medida se hará extensiva a los tranvías y a los ferrocarriles.

En la misma información se daba cuenta, por ejemplo, de que en Lorca (Murcia) se registraban de 25 a 30 fallecimientos diarios, en Ávila había numerosas defunciones y se habían suspendido las fiestas en honor de Santa Teresa, en El Ferrol se había abierto una suscripción a favor de las familias pobres por el alto número de contagiados, en Logroño no había suficientes peones para la vendimia, en Pamplona se celebraban rogativas en la catedral para pedir el fin de la epidemia y en Castellón había ya 800 atacados, muchos de ellos graves. Y así en prácticamente todas las provincias.

Lo curioso es que los espectáculos públicos seguían abiertos en casi toda España, lo que motivó la queja de la Revista general de Enseñanza y Bellas Artes, que en su número de 15 de octubre decía:

Por indicación de la Dirección de Sanidad, han sido clausurados todos los establecimientos de enseñanza públicos y privados. Algo de inconveniencia vemos en la resolución; pues mientras se sienten tales escrúpulos con los centros de enseñanza se dejan abiertos los centros de diversión, cines, teatros, etc., en donde, por regla general, la higiene es imposible y la estancia de mayor duración con gentes de ignorada procedencia. No se puede ir a la escuela, pero sí al cine.

Se dio el caso de que los empresarios de Barcelona, en una decisión respaldada por los de Madrid, Valencia y Zaragoza, acordaron cerrar el día 14 los teatros, cafés-conciertos y cines en protesta por la subida de las tarifas que tenían que pagar en concepto de derechos de propiedad intelectual a la Sociedad de Autores, pero quisieron dejar claro que el cierre no tenía nada que ver con la epidemia. Los cines pagaban también por las piezas de música que se interpretaban en las salas. Las películas todavía era mudas.

Portada de España Médica del 1 de noviembre de 1918 con médicos fallecidos por la gripe

Portada de España Médica del 1 de noviembre de 1918 con médicos fallecidos por la gripe

Ver la portada de la revista España médica del 1 de noviembre pone los pelos de punta. Se da ahí una relación con nombres y apellidos de médicos fallecidos en distintos puntos de España por la gripe contraída al contagiarse visitando enfermos.

El tono entre elegiaco e iracundo al mismo tiempo del artículo que acompaña a la relación de fallecidos es tan elocuente que merece una cita amplia:

¿Con qué premia el Estado el heroísmo de estos compañeros que mueren por salvar la vida del prójimo; que visitan al enfermo teniendo ellos 40 grados de fiebre; que caen extenuados por un exceso de trabajo superior a toda humana energía? ¿Con qué acude el Estado en remedio de la situación angustiosa en que quedan la viuda y los hijos de estos héroes anónimos que caen aquí y allá en el rincón de los pueblos y ejerciendo el más grande sacerdocio de la vida moderna, puesto que se lleva a cabo con exposición de la propia existencia? ¡Con nadal El maldito burocratismo pone trabas a todo y se discute si son servicios extraordinarios; si no está declarada la epidemia; si la gripe es del apartado dos o del párrafo 4; en resumen: ridiculas triquiñuelas de leguleyos que resultan detestables cuando se trata de la existencia de aquéllos que perdieron el pan, porque quien en la casa lo ganaba sucumbió en el cumplimiento de su deber.

Pese a que la situación era tan grave, había quien le restaba importancia. Es el sorprendente caso del mismísimo premio Nobel de Medicina Ramón y Cajal en unas declaraciones que hizo al periódico El Parlamentario y que fueron replicadas por otros medios, entre ellos El Globo en su edición del 21 de octubre:

El Parlamentario de anoche recoge unas manifestaciones del doctor Ramón y Cajal acerca de la epidemia actual. Opina el citado doctor que la epidemia no presenta los caracteres de gravedad que se le atribuyen. El número de defunciones, con relación al de atacados, no es exagerado. Claro está que en los individuos de escasa resistencia orgánica las consecuencias de la epidemia suelen ser funestas. Pero no hay nada que justifique la alarma lanzada a la circulación.

La epidemia se recrudeció justo en medio de la lucha de los maestros por conseguir una mejora salarial. El ministro de Instrucción Pública, Santiago Alba, dimitió el mismo mes de octubre al no ver aprobados sus planes por el resto de sus compañeros de Gobierno. Había en España unos 27.500 maestros públicos de primera enseñanza, la mayoría de los cuales cobraba 2’5 pesetas diarias. El ministro quería subir el sueldo a 4 pesetas diarias, lo que cobraba el resto de funcionarios del Estado. Los telegrafistas, por ejemplo, cobraban de media el doble que los maestros. El conflicto fue tan agudo que en 1918 llegó a haber hasta seis ministros de Instrucción Pública y la prensa bromeaba sobre los días que iba a durar el recién nombrado.

Retrato del rey tras su enfermedad, en Nuevo Mundo del 8 de noviembre

Retrato del rey tras su enfermedad, en Nuevo Mundo del 8 de noviembre

Los maestros, a través de la Asociación Nacional del Magisterio Primario, llegaron a telegrafiar al rey Alfonso XIII para que les apoyara en sus reivindicaciones. No le pidieron una audiencia en palacio porque era sabido que estaba convaleciente. El monarca había sufrido una gripe leve en primavera, pero en otoño volvió a enfermar, esta vez se cree que de escarlatina. A primeros de noviembre, la Casa Real difundió una foto inusual del rey que fue publicada por varios medios, como Nuevo Mundo.

Meses más tarde los maestros consiguieron alguna mejora salarial, pero su situación siguió siendo precaria. ‘Pasas más hambre que un maestro de escuela’ era un dicho popular entre nuestros abuelos.

La educación obligatoria llegaba entonces hasta los 12 años, pero había en España decenas de miles de niños sin escolarizar o escolarizados en aulas insalubres en una sociedad en la que todavía la mitad de la población era analfabeta. Sólo en Madrid se calculaba que había 20.000 niños que no recibían educación por falta de escuelas públicas, a los que había que añadir otros 10.000 que asistían a los colegios particulares o de las órdenes religiosas por caridad, es decir sin pagar, lo que recargaba el trabajo de los maestros.

Afortunadamente, para mediados de noviembre la epidemia había remitido lo suficiente para que se alzaran voces reclamando ya el inicio del curso académico. Es el caso de la combativa Revista general de enseñanza y Bellas Artes, que el 15 de noviembre decía lo siguiente:

El nuevo ministro debe ordenar que inmediatamente se abran todos los establecimientos de enseñanza de España. Lo que ocurre es sencillamente vergonzoso. Se trata de inaugurar el curso en enero, sin que se sepa a quién pueda interesar esa castración del curso y sin que el estado sanitario de Madrid ni de provincias lo justifique. El curso debe abrirse en este mismo mes, antes hoy que mañana suprimiendo las vacaciones de Navidad, reduciéndolas a los días 23 de diciembre al 2 de enero. Los catedráticos y los alumnos lo desean y se está causando un notorio daño a la enseñanza.

En Madrid una de las iniciativas mejor recibidas fue la inauguración del Grupo Escolar Conde de Peñalver, edificado por el Ayuntamiento con capacidad para 600 alumnos. Se inauguró ya en diciembre, cerca de las fiestas de Navidad, pero sirvió para certificar que lo peor había pasado. La revista Mundo gráfico inmortalizó el momento con un aula llena de niños y niñas en una foto que publicó el mismo 25 de diciembre.

Una de las clases de un colegio recién inaugurado, en Mundo gráfico

Una de las clases de un colegio recién inaugurado, en Mundo gráfico

El curso académico comenzó con carácter general en España el 7 de enero y se prolongó hasta finales de junio, exámenes incluidos. En febrero y marzo de 1919 hubo un ligero repunte de la epidemia, aunque no con la virulencia que había tenido en el otoño.

Inauguración de las Escuelas-Bosque en Madrid, en Mundo gráfico el 12 de junio de 1918

Inauguración de las Escuelas-Bosque en Madrid, en Mundo gráfico el 12 de junio de 1918

Uno de los episodios más tristes de ese año aciago de 1918, en lo que a educación se refiere, fue el ocurrido con las Escuelas-Bosque, un magnífico proyecto que recogía el espíritu de la Institución Libre de Enseñanza y que aspiraba a educar a los niños en contacto con la naturaleza. Tras sufrir algún retraso en su construcción, las escuelas fueron inauguradas en junio en la Dehesa de la Villa, uno de los grandes parques madrileños. Asistían a ellas niños párvulos de familias de pocos recursos que eran allí educados y alimentados. Mundo gráfico dedicó una página entera al acontecimiento.

En otoño reapareció la epidemia y los pabellones tuvieron que echar el cierre. El diario El Liberal del 19 de octubre lo contó en una noticia que era todo un lamento:

El alcalde, con el noble deseo de evitar el contagio, ha ordenado que sean cerradas las escuelas-bosque. Nosotros vamos a rogar al señor alcalde revoque esa orden, por tratarse de una escuela al aire libre con cantina (comedor). En ella, la higiene y la alimentación sana es un motivo de salud para los 700 niños que allí asisten. Estas criaturas, recogidas en sus casas, mal saneadas, faltas de ventilación y sin tener que comer la mayoría de los días, no tienen más remedio que aumentar la enfermería. Si hubiera presenciado el Sr Silvela las lágrimas que costó a las madres y a los niños la clausura de esas escuelas, seguramente que hubiera revocado la orden inmediatamente.

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  1. Magnífico post, muy bien documentado. Impresiona comprobar como la historia se repite un siglo después, pese a todos los avances médicos y sociales.

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