La Biblioteca Nacional se llena de pequeños superhéroes

Durante este verano, como cada año, la Biblioteca Nacional ha ofrecido un taller orientado a niños y niñas de hasta 12 años que han querido disfrutar de un campamento urbano diferente. Así, a través de la historia del libro y la escritura, las vacaciones de los más pequeños se convierten en un viaje interesante y, al mismo tiempo, educativo.

Desde 2005, durante las dos quincenas de julio, la BNE ofrece estos talleres didácticos que invitan a los peques, separados en dos grupos de edad, a pasar un verano divertido y aprendiendo, gracias a un programa formativo y de entretenimiento centrado en el libro, la lectura y el papel de las bibliotecas.

Mientras sus compañeros corretean jugando al escondite por el jardín de la BNE, Luis Esplá, de 7 años y Eva Cobo, de 4, hablan de las actividades que llevan a cabo.

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“Lo chulo es que pintamos, dibujamos…” dice Luis, un niño inquieto y vivaracho, “y lo que más mola del campamento es cuando nos ponen pelis”. No es su primera vez, sino que ya es el cuarto verano que pasa en la Biblioteca Nacional. Cada año las actividades se centran en un tema distinto,  alrededor del cual se articulan. Esta vez, de la mano de numerosos personajes heroicos, han realizado juegos, talleres y gymkhanas que les han permitido conocer aspectos relacionados con el museo y sus exposiciones. Superhéroes, monstruos, y villanos de cuento han sido, junto a los niños, los protagonistas de este verano. “Cuando más me ha gustado ha sido esta vez y un año que hicimos cosas de científicos”, comenta Luis.

Eva, más pequeña y apacible, está disfrutando de sus primeras vacaciones aquí, aunque no le ha costado nada de trabajo hacer amigos. ”Hemos visto una película de dibujos del Conde Drácula y el otro día vimos la de Hércules”, comenta. Al grupo de los más pequeños se les introduce en los talleres del día por medio de cuentos y proyecciones, para amenizarles el tiempo y facilitarles la compresión de los temas.

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Luis cuenta emocionado las actividades que han realizado hasta ahora: “hemos hecho la copia de un libro que es un bestiario animalario. Recortas partes de distintos animales y las vas mezclando. Por ejemplo: medio tigre, medio pavo real y medio elefante. Y así salen diferentes tipos de animal, como el ave fénix”. Mientras vuelven a las aulas después de la pausa para el bocadillo, habla de las que aún les quedan por hacer. “Hoy vamos a hacer un monstruo”, dice ilusionado. El taller que se ha programado es que los niños realicen un muñeco con objetos reciclados. En la sala polivalente, todos los miembros del grupo de los mayores se reúnen en torno a sus mesas. Las monitoras sacan varias bolsas llenas de productos reciclados y les enseñan en la pantalla diversos muñecos terminados. También llevan uno que ellas mismas han construido para ejemplificar el trabajo a realizar. Los niños se acercan a coger el material que necesitan para crear sus obras: limpiapipas, cintas de colores, botellas de plástico, tapones, tetrabriks, cápsulas de café, pelotas de porexpán, hebras de lana, cajas y rollos de cartón… Una hora y media después, cada uno tiene un monstruo diferente entre sus manos. Más grandes, con cuerpos hechos con botellas, o más pequeños, pero igual de aterradores, como el de Luis. Con esta actividad han aprendido el valor del reciclaje y lo divertido que puede ser reutilizar los residuos. Además, han fomentado su creatividad y su confianza en sí mismos al ver terminada la tarea que planearon llevar a cabo.

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Eva está sentada en el suelo del aula Quijote junto a sus compañeros, prestando atención a las historias que cuenta la monitora. Mientras todos los miembros del grupo de los más pequeños están sentados en corro, ella les muestra en una pantalla una imagen del monstruo de Frankenstein. Les cuenta que así se llamaba el doctor que lo hizo y que por eso la criatura tiene ese nombre. Los niños escuchan con atención, y en sus ojos se nota el interés y la ilusión por estar aprendiendo.

El museo es el lugar en el que se realizan los talleres, pero, además, se llevan a cabo recorridos guiados por la Biblioteca en los que los pequeños pueden descubrir las diferentes zonas y salas del edificio. “Nos enseñaron el museo y me gustó mucho”, dice Luis, “ahora quiero ir a la sede de Alcalá de Henares porque hay un robot. Tecleas el número de un libro que quieres y una cosa mecánica baja y te lo da”. Se refiere al dispositivo de almacenamiento robotizado, que dispone de armarios rotativos y unos brazos mecánicos que buscan y extraen la bandeja en la que se ubica el documento buscado, uno de los hallazgos que más llaman la atención a pequeños y mayores.

Cuando sea mayor, Luis quiere dedicarse a probar toboganes peligrosos o trabajar en la Biblioteca, pero “si le admiten, porque hay que hacer un examen muy difícil”. A Eva también le gustaría ser bibliotecaria para así poder contar muchos cuentos a los niños.

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Con actividades como las que ofrece la BNE, los más pequeños aprenden el valor de la lectura y la importancia de la formación cultural. “Me gusta leer cosas relacionadas con China y con Japón, ¡pero no con las letras de allí!”, exclama Luis. Gracias a los talleres, cuando Eva vuelve a casa juega en su habitación, imaginando que está todavía en la Biblioteca Nacional.

Esta oferta de ocio educativo proporciona a los más pequeños la posibilidad de disfrutar de un verano diferente en una institución cultural. “Aquí se almacenan libros y también hay un montón de cosas antiguas. Me gusta mucho porque es la Biblioteca más grande y más bonita de España”, concluye Luis.

Texto: Mara Jarones

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Esta entrada tiene un comentario

  1. Me parecen fantásticas este tipo de iniciativas que abren la Biblioteca Nacional a los niños, para que éstos no vean el edificio como un lugar triste y aburrido sino abierto a todos. Felicidades a quienes lo hacen posible.

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