La Biblioteca Nacional remueve la historia

Los trabajadores de la Biblioteca Nacional de España están realizando labores de recuento de su fondo documental, pero ¿qué es el recuento? Se trata de una actividad, que se remonta al año 2008, fundamental para el correcto funcionamiento de esta institución que almacena y preserva desde 1712 el patrimonio bibliográfico español. Un total de 220 trabajadores –tanto en la sede del Paseo de Recoletos como en la de Alcalá de Henares- revisan un buen número de depósitos en busca de errores de catalogación y problemas de conservación de entre los 426.000 archivos que serán inspeccionados en esta ocasión.

El recuento se lleva a cabo la tercera semana del mes de enero y durante los siete días que dura se moviliza a la mayor parte del personal de la Biblioteca, aunque sus obligaciones diarias se encuentren lejos de los depósitos. El recuento no aumenta el volumen de trabajo de los profesionales. “Sería inviable”, dice Yolanda Ruiz, coordinadora del proceso. La sala de lectura y otras estancias de la Biblioteca permanecen cerradas al público, a excepción del Museo y las salas de exposiciones.

La Biblioteca no solo conserva libros y manuscritos, como habitualmente se suele pensar. En sus entrañas reposan colecciones de fotografía, mapas, grabados, partituras, vinilos… y todo tipo de soportes sonoros que son examinados de manera muy precisa con el objetivo de actualizar el catálogo y hacer que coincida exactamente con el depósito. También se revisa el estado de conservación de dicho patrimonio. Los profesionales encargados de realizar el recuento diseccionan el fondo documental con una ficha de incidencias que varía en función del tipo de documento, aunque todas comparten campos esenciales.

Los libros y manuscritos necesitan un cuidado específico; los tomos que contengan unos niveles de acidez elevados en el papel son aislados en las estanterías con unas cajas hechas a medida para frenar su deterioro y evitar que contagien a sus compañeros de estantería; si alguien quiere consultar la información de estos ejemplares aislados se le entrega un microfilm. En el caso de que alguno de ellos no se encuentre en el lugar que debería, se extrae y se coloca una ficha donde se informa del error para su posterior corrección. Con las fotografías y el material gráfico la tarea es doble: no solo se ha de proceder a su recuento sino que además se ha de introducir en el catálogo.

Dos de las trabajadoras encargadas del depósito de fotografías comentan lo arduo de su trabajo, que compensan con el placer de tener entre las manos “auténticas obras de arte” que les hacen “aprender cada día más”. Los trabajadores encargados del recuento de los grabados se ponen los guantes para contar, una a una, ilustraciones de Antoni Tàpies o Eduardo Chillida. Todo parece indicar que su trabajo es muy entretenido.

La música y el vinilo

Los depósitos que albergan las partituras y los vinilos tienen un ritmo diferente, allí los trabajadores remueven auténticas reliquias plasmadas hace doscientos años; música escrita por grandes compositores españoles como Isaac Albéniz. Mucho más cercano al presente y no por ello menos interesante es el recuento de los vinilos. Músicos nacionales como Mocedades o Nino Bravo y extranjeros como Elton Jhon o The Beatles son los protagonistas de los recuerdos que evocan a los profesionales que pasan su tiempo revisando su estado y colocación. Entre tanta sabiduría, un veterano empleado comenta: “La gran parte de la producción cultural del siglo XX se va a perder debido a la mala calidad de sus materiales. En plena revolución tecnológica, por ejemplo, no hay sonido que supere el de un buen vinilo”.

El recuento es también una oportunidad de potenciar el trabajo en equipo y de conocer o intensificar las relaciones con compañeros de trabajo de otras áreas. En algunos casos, incluso, ya es una tradición lucirse en los fogones y compartir el almuerzo.

La memoria de una nación y la brillantez de sus artistas se remueven y actualizan estos días. La actividad habitual de la Biblioteca se ha visto alterada y, aunque el público no pueda disfrutar de sus servicios,  gracias a los empleados de este templo del saber, el patrimonio nacional seguirá siendo eterno.

                                                                                             Javier Portillo Suárez
Servicio de Web

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Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. No es un error tan grave, máxime cuando apetece olvidar que la razón fundamental de la institución en 2008 de la iniciativa recontadora fue el conocido robo de varios mapas de la Geographiae de Ptolomeo… A la BNE no se la puede acusar de desmemoria… ¿O es que recontar es tan pesado que hace que duela haber participado en un lustro de recuentos? ¡Ay, las vigas en el ojo propio!

  2. El recuento se hace todos los años desde el año 2008 no desde el 2005 y lo sé de buena tinta porque he estado participando en todos ellos…

    A ver si nos documentamos un poquito

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