Guernica, 80 años del horror

El 26 de abril de 1937 era un día soleado en la ciudad de Guernica, símbolo de los fueros vascos. Era lunes, día de mercado, aunque este se había cancelado ante el inminente avance de la guerra en el norte.

A pesar de estar cerca de las tropas vascas y republicanas que impedían el avance de los sublevados, esta pequeña localidad no había estado muy involucrada en la guerra civil que desde hacía casi un año asolaba al país. Por aquel entonces tenía censados unos 5000 habitantes a los que hay que añadir las tropas republicanas que se dirigían a defender Bilbao y una gran cantidad de refugiados que huían de los horrores de la contienda.

Sobre las cuatro de la tarde un avión lanzó algunas bombas sobre la sorprendida población; quince minutos más tarde empezó la primera oleada. Comenzaba así un bombardeo de más de tres horas que convertiría a Guernica en símbolo del horror de la guerra.

Portada del diario Ahora (28/04/1937)

Portada del diario Ahora (28/04/1937)

Portada del diario La Libertad (28/04/1937)

Portada del diario La Libertad (28/04/1937)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El bombardeo de Ochandiano del 22 de julio de 1936 provocó que se tomara la decisión de hacer un sistema de refugios para civiles y el de Durango, poco conocido pero similar al de Guernica, del 31 de marzo de 1937, aceleró el proyecto. De esta manera, en el momento de ser atacada Guernica contaba con cinco refugios públicos construidos por orden de las autoridades y otros siete privados, además de algunos que tenían empresas como “Talleres de Guernica”, “Cuberterías Jypsa” y “Armas Astra, Unceta y Cía”.

Aparte de estos refugios, en Guernica se había diseñado un sistema de señales de alerta visual y sonoro: un vigilante situado en la cumbre del monte Kosnoaga avisaba con una bandera roja en caso de que hubiera algún peligro. Un segundo vigilante situado en la Iglesia de Santa María tocaba las campanas al ver la bandera y, tras él, todas las industrias de la ciudad que tenían sirenas las tocaban.

Este sistema de refugios y alarmas funcionó aquel fatídico 26 de abril y salvó muchas vidas.

Guernica sufrió lo que los expertos llaman un “bombardeo en alfombra” cuya intención es la destrucción total del objetivo para la eliminación personal y/o militar o para desmoralizar al enemigo. No fue, sin embargo, el único caso similar durante la guerra: Barcelona o Asturias también sufrieron esta técnica. Lo especial en el caso de Guernica, lo que la convierte en un símbolo, es que el hecho de que grandes ciudades como Madrid o Barcelona fueran sitiadas durante una guerra civil era previsible y, sin duda, no sorprendió a nadie, pero que una pequeña ciudad con apenas 5000 habitantes, casi todos civiles, sin un papel importante en la contienda y sin ningún tipo de defensa, fuera atacada sin previo aviso conmocionó al mundo.

Durante la tarde del 26 de abril cayeron sobre Guernica entre 25 y 30 toneladas de bombas Clic para tuitear

Durante la tarde de aquel  fatídico 26 de abril se calcula que cayeron sobre Guernica entre 25 y 30 toneladas de bombas, una cifra enorme para la época. El centro urbano quedó arrasado, más de un 80% de los edificios totalmente destruidos y el resto quedaron muy afectados. Además, las bombas incendiarias provocaron un enorme fuego que tardó varios días en ser apagado. La BNE conserva en sus fondos muchas de las publicaciones que informaron del suceso.

Fotos de Guernica tras el bombardeo (Mi Revista, 01/06/1937)

Fotos de Guernica tras el bombardeo (Mi Revista, 01/06/1937)

Sin duda las más graves consecuencias de este ataque las sufrieron los civiles: aún hoy no ha sido posible saber con certeza la cifra de víctimas mortales. El gobierno de Euskadi afirmó que habían muerto 1654 personas y que otras 889 habían quedado heridas; por su parte, Jose Labauria, alcalde de Guernica, aseveró que habían fallecido más de 1000 personas. Muchos expertos han afirmado que, si bien es cierto que los antifranquistas exageraron las cifras, los franquistas las disminuyeron con creces. El número total es difícil de conocer ya que los más de 60000 m³ de escombros no se retiraron en su totalidad hasta 1941 y el gobierno franquista procuró eliminar los registros existentes.

Mucho se ha hablado de la autoría del bombardeo que desde el principio fue atribuida a la Legión Cóndor alemana que se encontraba en España ayudando al ejército sublevado. Un decisivo papel para ello tuvieron los corresponsales extranjeros que se encontraban en el norte de la península cubriendo la guerra civil y que pronto se trasladaron a Guernica para ser testigos de lo ocurrido. El más destacado fue el periodista George Steer en cuya crónica sobre lo sucedido, publicada el 28 de abril en The Times y The New York Times, afirmaba que “tres modelos alemanes, bombarderos Junker y Heinkel y de combate Heinkel, no dejaron de descargar sobre la ciudad más de mil libras de bombas, y se calcula que más de 3.000 proyectiles incendiarios”. Así, el mundo entero conoció lo sucedido en la pequeña localidad vasca que no sería para los alemanes más que un campo de pruebas de la segunda guerra mundial que se avecinaba.

Pabellón español de la Exposición Internacional de París de 1937 (revista Crónica, 19/09/1937)

Pabellón español de la Exposición Internacional de París de 1937 (revista Crónica, 19/09/1937)

De hecho, fue en París donde Pablo Picasso recibió la noticia de lo ocurrido y el acontecimiento le afectó de tal manera que decidió pintar, en apenas unos días, la que sería su obra más famosa, el Guernica, un cuadro que simboliza los horrores de la guerra y que se mostró por primera vez en la Exposición Internacional de París de 1937.

La cobertura internacional que se le dio al bombardeo de Guernica contribuyó, sin duda, a aumentar su leyenda, sin embargo, aunque la comunidad internacional tildó de bárbaros a los alemanes por romper las reglas de la guerra no respondió al bombardeo tan activamente como el gobierno republicano habría esperado.

El bando sublevado, por su parte, desde el principio atribuyó lo ocurrido al ejército republicano que, ante la inminente caída del norte, había llevado a cabo una política de “tierra quemada” tal y como había hecho anteriormente en Eibar o Irún.

Tras la guerra civil la ciudad tardó cinco años en ser reconstruida por presos políticos y personas libres asalariadas. Además, paradójicamente, Franco fue nombrado hijo adoptivo de Guernica en 1966, título que el primer gobierno democrático de la ciudad le retiró en 1979 por considerarlo “un agravio al pueblo de Guernica”.

Artículo de la Nueva España (28/04/1937)

Artículo de la Nueva España (28/04/1937)

Artículo de la Nueva España (29/04/1937)

Artículo de la Nueva España (29/04/1937)

En 1981 el famoso cuadro de Picasso llegó a España desde el MoMA de Nueva York para instalarse aquí definitivamente, cumpliendo así el deseo de su autor de que volviera a su país natal una vez que se hubieran restaurado los valores democráticos. Desde entonces el Guernica, un recordatorio constante de los horrores de la guerra, puede visitarse en el Museo Reina Sofía.

Más tarde, cuando en 1997 se cumplía el sesenta aniversario del bombardeo, tuvo lugar un hecho sin precedentes: el entonces presidente de Alemania, Roman Herzog, envió una carta que fue leída por el embajador alemán en España ante el pueblo de Guernica en la que Alemania pidió perdón públicamente y, por primera vez, reconoció haber sido la autora del bombardeo, sacando a la luz la verdad de uno de los episodios más dolorosos de la historia de España.

Berta García Julve

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