En torno a la «Numancia» de Cervantes: de manuscritos, impresos, coleccionistas y colecciones

Testimonios de la Numancia en la colección cervantina de la BNE

De las obras de teatro citadas por Cervantes en su prólogo a las Ocho comedias y ocho entremeses nuevos nunca representados de 1615 y en la Adjunta al Parnaso (1614), solo han llegado hasta nosotros dos: El trato de Argel y la Numancia. Además, si al final se acepta por completo su autoría (que en la actualidad parece ya incuestionable), tendríamos también La conquista de Jerusalén, cuyo manuscrito se conserva en la biblioteca de Palacio Real.

La Numancia, estrenada probablemente entre 1580-1585, se publicó por primera vez, junto con El trato de Argel, dentro de la edición de El viaje del Parnaso que sacó a la luz Antonio de Sancha en 1784, de la que la Biblioteca posee nueve ejemplares.

Viage al Parnaso

Viage al Parnaso

Antonio de Sancha, contemporáneo de Joaquín Ibarra, es una figura destacada de la imprenta del siglo XVIII, que comenzó a ejercer de encuadernador para la Real Academia de la Historia, la Real Academia Española y la Real Biblioteca, posteriormente de editor y finalmente de impresor. Editó fundamentalmente a los clásicos de los Siglos de Oro y especialmente las obras de Cervantes, entre ellas El viaje del Parnaso.

El texto de la Numancia, que figura en esta primera edición (ilustrada con tres láminas dibujadas por José Jimeno y Manuel de la Cruz y grabadas por José Joaquín Fabregat), fue el modelo de las que se realizaron con posterioridad, ante el desconocimiento del original manuscrito utilizado por Sancha. Posteriormente, cuando ingresó en la Biblioteca el que hoy lleva la signatura Mss/15000, estas dos fueron las fuentes, impresa y manuscrita, utilizadas por los editores de la obra, a pesar del poco rigor de la edición de Sancha, llena de enmiendas del propio editor.

Además de estos dos testimonios, en la colección cervantina de la BNE se conservan todas las ediciones realizadas hasta la fecha. La Numancia se editó en el siglo XIX, dentro de obras escogidas o completas de Cervantes (por Arrieta en 1827, por Cayetano Rosell y Hartzenbusch en 1864, entre otras ediciones); por Rodríguez Marín, en 1923, para la RAE; en 1920 por Schevill y Bonilla, dentro de sus Obras Completas; por Francisco Ynduráin en 1963 y, más recientemente, por Robert Marrast, Alfredo Hermenegildo, Baras Escolá, Florencio Sevilla, Gómez Canseco y, en formato digital, por Gastón Gilabert.

En realidad, el manuscrito que utilizó Sancha para su edición es el actual B2341 de la Hispanic Society of America, no el que conservamos en la BNE, siendo la postura más aceptada en la actualidad la de seguir el primero y corregirlo con la versión del segundo, que, aun con múltiples errores, sí se considera válido para completar el anterior.

Retrato de Cayetano Alberto de la Barrera

 Retrato de Cayetano Alberto de la Barrera

Dentro del conocido como “Códice Sancho Rayón,” por figurar en la biblioteca de este importante bibliófilo, fue identificado por Cayetano Alberto de la Barrera en 1852 el manuscrito de imprenta del que se había servido Sancha para su edición de la Numancia y, asimismo, el de El trato de Argel. Junto a estos dos manuscritos, el códice incluía 24 poesías, cartas en prosa y una comedia atribuida a Morales, todos de letras de finales del XVI y de  comienzos y mediados del XVII. Por las marcas de propiedad sabemos que perteneció a Pedro de Llanos y Rivero y posteriormente a Salvador Nogués, de Salamanca. Este fue quien lo entregó a Meléndez Valdés que, a su vez, se lo llevó a Sancha a Madrid, perdiéndosele la pista a partir de la publicación de la obra.

Pero la biblioteca de Sancho Rayón (1830-1900), importante sobre todo por sus manuscritos, fue comprada a su muerte por el marqués de Jerez de los Caballeros, pasando en 1902 a poder de Archer M. Huntington y en 1956 a la HSA, donde se conserva actualmente. En esta institución lo encontró Rodríguez Moñino en 1962, tal como él mismo cuenta, al inventariar, junto con María Brey, sus manuscritos poéticos[1]. De esta manera, la pista del manuscrito, perdida tras la edición de Sancha y hallada por Sancho Rayón, vuelve a perderse de nuevo hasta su definitiva y afortunada localización posterior.

Según los últimos editores, este manuscrito ofrece una versión posiblemente más cercana al autógrafo de Cervantes, aunque algunos errores comunes que contienen este y el de la BNE hacen pensar en uno anterior, del que serían copia y que no necesariamente tuvo que ser el autógrafo de Cervantes. Curiosamente, en el “Sancho Rayón” se titula la obra ”tragedia” y en de la BNE “comedia”.

Originales, copias, manuscritos de actor: transmisión manuscrita del teatro en los Siglos de Oro

Independientemente del rigor filológico que cada uno de los dos manuscritos conservados ofrece al editor contemporáneo de la Numancia, ambos nos sitúan en un contexto en el que merece la pena detenerse: el de los distintos tipos de manuscritos en los que se transmitía el teatro de los Siglos de Oro, cuyo recorrido, desde el autor (“poeta”) al director de la compañía (“autor”) y a los actores, era el que se resume a continuación[2].

Los originales, autógrafos (con correcciones del propio autor o de otras manos) o puestos en limpio por un copista, eran vendidos por los autores a los directores de las compañías. Una vez en manos de estos, se conservaban en el archivo de la compañía, formando parte de su repertorio y añadiéndose datos sobre la fecha de compra y sobre la censura administrativa de los lugares en los que se representaba la obra mediante la nota de remisión, la censura y la licencia dada por el comisionado del Consejo Real.

A partir del original de la compañía, se realizaban copias para que los actores pudieran ensayar, anotándose los cambios que el director considerara necesario introducir. Estas copias, si contenían la obra completa, son las denominadas “copias de actor”, frente a los “papeles de actor”, que solamente contienen el papel exclusivo de estos.

Además, las copias podían contar con correcciones autógrafas del autor o intervención de distintas manos. Actualmente podemos (o no) identificar al copista que las realizó, atribuirlas a alguno conocido o identificarlas como obra de los llamados “memoriones”, que acudían a los corrales y escribían lo que previamente habían memorizado durante la representación.

Las copias llegaron a constituir un negocio, muchas veces pirata, circulando sin control legal y, en muchas ocasiones, sin el propio control por parte del autor de la obra ni por el del director de la compañía. En el caso del teatro de finales del XVI, época de la Numancia, se conservan menos testimonios que en épocas posteriores, lo que dificulta aún más la labor de investigación.

El manuscrito 15000 de la BNE

El cerco de Numancia : tragedia

         El cerco de Numancia : tragedia

Una vez esbozado el contexto en el que se sitúan los testimonios manuscritos de la Numancia, podemos comprobar que el modelo que sigue es el Mss/15000 (cuya datación se calcula en entre 1590 y 1596) es el que se establecía en los talleres de escritura de este tipo de material y cuyas características son las siguientes: en el recto de la primera hoja figura el título de la obra y el reparto de los personajes; el texto es a dos columnas; la obra termina con la palabra “finis”; se incluyen rúbricas al comienzo y al final del texto.

Pero ¿cómo ingresó este manuscrito en la Biblioteca? Es el propio Cayetano Alberto de la Barrera el que cuenta su adquisición en la nota manuscrita que él mismo añade al ejemplar. Por él sabemos que lo adquirió, junto a otros siete manuscritos teatrales[3], al librero Tiburcio González en 1852, que los había comprado a la viuda de D. Manuel Tejada, relojero. En su nota, la Barrera describe el manuscrito de la Numancia, cita la edición de Sancha, a quien critica por su “alto, cuanto indisculpable silencio en aquel preliminar [se refiere a la “advertencia del editor”] acerca de los originales que se tenían presentes para tan interesante publicación” y comunica su descubrimiento del códice “Sancho Rayón”, como señalamos antes.

Además, supone el origen de los ocho manuscritos: pudieron pertenecer a Lope, al que acusa de haber copiado su obra Los cautivos de Argel de Los tratos de Argel de Cervantes y que, probablemente, lo mismo pudo querer hacer con la Numancia, “tal vez sacada por algún amanuense suyo”:

Hemos dicho que el manuscrito autógrafo y firmado por Lope (de su comedia El maestro de danzar) lleva fecha de 1534. Compuestas por Cervantes, así la Numancia como El trato de Argel y otras veinte o treinta, por los años de 1582, a la vuelta de su cautiverio, y notándose que en 1598 compuso Lope la referida suya de Los cautivos de Argel, en que imitó la de El trato de Cervantes, copiando de ella el argumento, el desenlace, algunas expresiones y hasta el nombre del cautivo Saavedra, en que Cervantes se representó a sí mismo; es de creer que, así como tuvo presente Lope al imitarla por aquellos tiempos una copia de El trato de Argel , tuviese también en su poder esta de la Numancia, tal vez sacada por algún amanuense suyo; la cual se ha conservado junta con las siete referidas piezas, que sin duda fueron todas de su propiedad. Es notable el silencio que guardó Lope acerca de su expresada imitación. No lo es menos la falta, en este manuscrito de la Numancia, del nombre del autor; aunque igual falta padece el que disfrutó D. Antonio de Sancha.

Así como la teoría del plagio de Lope de El trato de Argel cuenta con seguidores en la actualidad, no parece ser muy aceptada la versión de la Barrera acerca de las intenciones poco honestas del Fénix con respecto a la Numancia.

La Barrera, además, compara este manuscrito con el “Sancho Rayón”, aprecia las variantes, señalando que algunas “corrigen y mejoran evidentemente el texto impreso y pudieran aprovecharse en ocasiones oportunas”. Que es, en realidad, el criterio que se ha venido aplicando en las diversas ediciones de la obra.

El papel del bibliófilo, coleccionista y, en el caso de La Barrera, bibliógrafo

Todo lo visto hasta ahora, aparte de situar los testimonios que poseemos de la obra cervantina y la trayectoria de estos en la difusión impresa de la Numancia y aparte, también, de situar en su contexto estos testimonios manuscritos como muestra de un material fundamental en la transmisión del teatro del Siglo de Oro, nos hace reflexionar sobre el papel que ha jugado uno de los principales bibliófilos y bibliógrafos a los que la BNE debe estar muy agradecida.

Se trata de Cayetano Alberto de la Barrera (1815-1872), cuya vida, en palabras de Juan Delgado[4], fue “un cúmulo de desgracias, consecuencia de su afán desmesurado por la bibliografía y el amor a los libros, que le llevaron a destrozar su existencia y a morir en la más absoluta pobreza”. Su colección de 2500 libros, pocos pero selectos y en perfecto estado de conservación, fue comprada a su viuda en 1874.

A la Barrera podría aplicársele la frase que dijo de sí mismo Juan Sedó sobre su papel de bibliógrafo: su misión era “intentar perder muchas horas en lo que otros perdieron otras muchas, para que otros, sin perderlas, puedan hallar lo que buscan”[5]. No solo a la Barrera, sino a muchos otros bibliógrafos de la época, autores de grandes obras de referencia que han llegado hasta nosotros sin perder buena parte de su vigencia.

La Barrera, farmacéutico con estudios de medicina que vendió su farmacia para poder dedicarse a los libros[6]  ganó el premio de Bibliografía de la Biblioteca Nacional en 1859 por su Catálogo bibliográfico y biográfico del teatro antiguo español que mencionamos anteriormente. Gracias al premio obtuvo una plaza de gracia en el Cuerpo de Archiveros y Bibliotecarios, ingresando en la Sección de Manuscritos con el puesto de oficial tercero y encargándose de la redacción del índice de materias de la sección. El catálogo recoge 4200 autores, 4300 comedias, 500 autos sacramentales y 4300 entremeses e incorpora el Catálogo de antiguos dramas españoles de Durán y el Índice general de entremeses y piezas análogas de Aureliano Fernández Guerra.

En 1866 volvió a presentar el catálogo, impreso y corregido en los márgenes y con hojas manuscritas intercaladas, al que añadió una nueva biografía de Lope de Vega. El hecho de presentarlo por segunda vez fue cuestionado y no ganó el premio, pero la Biblioteca sí adquirió el manuscrito para su publicación y la biografía fue editada por la RAE en 1890: Nueva biografía de Lope de Vega Carpio. Esta biografía fue polémica por incorporar episodios de la vida de Lope que hoy consideraríamos “políticamente incorrectos”, pero La Barrera, que también desenmascaró al autor El buscapié Adolfo de Castro, atribuido hasta entonces a Cervantes, afirmaba: “No puedo escribir biografías de personas que viven porque acostumbro a tratar verdad”, y era consecuente con esta afirmación.

La procedencia de las obras es un asunto de enorme importancia al que estamos prestando la atención que se merece en nuestro trabajo diario en la BNE. Junto a la importancia de colecciones de bibliófilos como la de la Barrera, hay que señalar también la reconstrucción de colecciones (o de parte de ellas) y la recuperación de testimonios dispersos gracias al estudio codicológico. En este caso, destacamos el realizado por Stephano Arata[7], cuyo examen de un conjunto de manuscritos teatrales, entre los que se encuentra nuestro Mss/15000 y los otros siete comprados por la Barrera, permite llegar más allá de la colección depositada en una institución. Se trata de la colección de comedias del conde de Gondomar.

La colección de comedias del conde de Gondomar, probable origen del Manuscrito 15000

Índiçe y inventario de los libros que ay en la librería de Don Diego Sarmiento de Acuña

Índiçe y inventario de los libros que ay en la librería de Don Diego Sarmiento de Acuña

Diego Sarmiento y Acuña, conde de Gondomar, sirvió a Felipe III y Felipe IV como soldado, funcionario y diplomático en la corte de Jacobo I de Inglaterra (entre 1613 y 1622), desempeñando un importante papel en las relaciones entre los dos países.

Como narra Sánchez Mariana[8], su casa era un museo que incluía una gran biblioteca con cuatro salas, una de ellas destinada a los manuscritos, de la que se ocupaba personalmente el conde. Sus fondos abarcaban obras históricas, literarias y humanistas, escritas en varias lenguas, un gran número de ellas procedentes de Inglaterra. Hacia 1623, su biblioteca de la Casa del Sol de Valladolid era la más importante de España, superando a la del rey y la del conde-duque de Olivares y destacando su colección de comedias manuscritas, algunas de ellas hoy perdidas. Fueron importantes sus relaciones con el mundo del teatro, derivadas de su propia afición y de sus cargos oficiales, como por ejemplo el de corregidor de Toro y Valladolid, que hizo que se ocupara de la organización de festejos públicos y del control de las compañías teatrales. Además, está comprobado que se carteaba con autores de comedias y dramaturgos e incluso parece ser que encargó una comedia genealógica sobre sus antepasados, Los Sarmientos.

En el inventario de su biblioteca, conservado en la BNE (Mss/13593-13594), se puede apreciar su ordenación sistemática, una de las más completas de la época: dentro de la división por lenguas las materias se clasifican en obras religiosas, históricas, cosmografía y geografía, geometría y astronomía, aritmética, música, arquitectura, filosofía, retórica, epistolarios, obras gramaticales, de policía y razón de estado, de varias ciencias, de poesía, juristas, leyes, medicina y libros de estampas.

A su muerte, el marqués de Malpica, su heredero, la cedió a Carlos IV y pasó a formar parte de la biblioteca particular del rey, actualmente la Biblioteca de Palacio. Sin embargo, hay fondos en la Biblioteca Nacional y en la Real Academia de la Historia.

El estudio codicológico de Arata (revisado recientemente por Fausta Antonucci[9]) de dos códices de comedias de la Real Biblioteca, de los ocho manuscritos comprados por la Barrera (entre ellos, el de la Numancia) y de otro códice de la BNE, el Mss/14767, teniendo en cuenta que en el inventario del conde de Gondomar se lee: “Comedias de Lope de Vega y otros diferentes autores 4º, son ocho volúmenes y cada uno tiene una letra del abecedario por señal, como 1º tiene A, el 2º B, el 3º C…”, lleva a la siguiente conclusión (vistas las similitudes codicológicas entre todos los documentos):

  • El conde de Gondomar reúne una colección de alrededor de 60 comedias antes de 1597
  • Los dos volúmenes de Palacio Real pertenecerían a dicha colección; no sabemos su lugar en la serie porque perdieron la encuadernación
  • El volumen de la BNE sería el primero de la serie, a juzgar por el rótulo “Comedias A” que figura en el lomo
  • Los ocho manuscritos adquiridos por la Barrera también habrían formado parte de alguno de esos volúmenes de comedias

Incluso el copista de la Numancia puede identificarse con uno de los dos copistas de Los donaires de Matico, de Lope de Vega, concretamente con Zárate (el otro es Antonio García)[10].

A modo de conclusión: la BNE conserva uno de los dos testimonios manuscritos de la Numancia, estrechamente relacionado con el otro testimonio, depositado en la HSA, a efectos de su consideración como fuentes para la edición crítica de la obra. Y relacionados también desde el punto de vista de su trayectoria histórica, el contexto al que pertenecen y las personas, bibliófilos y coleccionistas, que intervienen en algún momento en dicha trayectoria.

Al mismo tiempo que el estudio de las piezas individuales que constituyen la colección global de la BNE, es fundamental el estudio de las relaciones entre ellas, de sus procedencias y de las características que pueden conducir a la reconstrucción de colecciones más allá de un espacio concreto. El caso del manuscrito de la Numancia es un buen ejemplo de ello.

 

[1] Antonio Rodríguez Moñino: “Reaparición de un manuscrito cervantino (El trato de Argel y la Numancia)”, en Anuario de Letras, IV (1964), pp. 269-275. El inventario dio lugar al Catálogo de los manuscritos poéticos castellanos existentes en la Hispanic Society of America: siglos XV, XVI y XVII. New York: HSA, 1965-1966.

[2] Como explica Manuel Sánchez Mariana, entre otros autores que tratan de esta cuestión, en su entrada al Diccionario de la comedia del Siglo de Oro.  Madrid: Castalia, 2002, pp. 201-203.

[3] Estos son: Los hechos de Garcilaso y moro Tarfe y El maestro de danzar, de Lope (la segunda, considerada autógrafa por la Barrera: comprobar); anónimas: Las bodas de Rugero y Bradamente, Los pronósticos de Alejandre, La famosa Teodora alejandrina y penitencia, vida y muerte suya, El milagroso español y El esclavo fingido.

[4] Delgado, Juan: Un siglo de bibliografía en España: los concursos bibliográficos de la Biblioteca Nacional (1857-1953). Madrid: Ollero y Ramos, 2001, v. 1, p. 231.

[5] Sedó Peris-Mencheta, Juan: Divagaciones, aventuras y desventuras de un aspirante a bibliófilo: disertación de Juan Sedó Peris-Mencheta con motivo de la cuarta cena reglamentaria de la Asociación de Bibliófilos de Barcelona… Barcelona, [s.n.], 1948.

[6] Más detalles de su biografía en el artículo de José Lara Garrido: “Riesgo y ventura de un gran bibliógrafo, estudioso del Siglo de Oro. Nuevo perfil de Cayetano Alberto de la Barrera”, en Lectura y Signo, 1 (2006), pp. 239-297.

[7] Arata, Stephano: “Teatro y coleccionismo teatral a finales del siglo XVI (el conde de Gondomar y Lope de Vega)”, en Anuario Lope de Vega 2 (1996), pp. 7-23.

[8] Manuel Sánchez Mariana: Bibliófilos españoles: desde sus orígenes hasta los albores del siglo XIX, Madrid, Ollero & Ramos, 1993, pp. 47-49.

[9] Antonucci, Fausta: “Nuevas consideraciones sobre los papeles de actor de La conquista de Jerusalén por Godofre de Bullón”, en Etiópicas, 12 (2016), pp. 58-83.

[10] Vega, Lope de: Los donaires de Matico. Edición crítica por Marco Presotto. Kassel: Reichenberger, 1994, pp. 41-46.

Mesa redonda El cerco de Numancia

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