El vino: historia (y más) en la Biblioteca Digital Hispánica

¿Qué pueden tener en común el Génesis bíblico, este manuscrito del Monasterio de Guadalupe, de 1520, el capítulo XXXV de la primera parte de El Quijote, esta puerta de la Alhambra, y estas listas de precios y etiquetas comerciales de finales del XIX?

Todos contienen referencias, o deben su existencia, a uno de los elementos más genuinamente propios de la gastronomía y la historia mediterráneas, que ha influido en los usos sociales de nuestra cultura y es tema recurrente en multitud de manifestaciones artísticas de todos los tiempos.

El vino, la vid… A Noé reveló Dios, según el Libro del Génesis, la manera de hacer vino para librar al hombre de sus preocupaciones diarias. Y tras el diluvio universal, Noé replantó las viñas.

«… amargo y útil como el consejo del filósofo. Empuja al estúpido hacia las tinieblas y guía al sabio hacia Dios», lo definía el médico Avicena en el siglo XI.

Baco. Dionisos para los griegos. Dios del vino, pero también de la agricultura y del teatro. De la locura y el éxtasis, a veces representado como «Libertador» que guía con su música el camino hacia el fin de la preocupación. Es quizás una de las divinidades más polifacéticas y misteriosas: positivo y negativo, al tiempo benéfico y destructor.

Cantado por poetas, estudiado por historiadores y representado por artistas de todas las épocas, en Grecia el vino era un privilegio de las clases superiores, como para los egipcios. Tanto es así, que para el historiador griego Tucídides “las gentes del Mediterráneo empezaron a emerger del barbarismo cuando aprendieron a cultivar el olivo y la vid”.

El Imperio Romano expandió su cultivo y usos, los sistemas de vinificación, la difusión de variedades, nuevas prácticas de viticultura y formas de conservación. Y la elaboración del vino se convirtió en arte y ciencia. Su técnica avanzó y su apreciación se afianzó en la Edad Media gracias a la labor de monasterios repartidos por todo el continente; durante los siglos XVII y XVIII se refinaron sus productos, y el siglo XIX se considera su Edad de Oro, y testimonio de ello son los tratados y manuales sobre elaboración de vinos que proliferaron durante esos años.

Las plagas de filoxera o de oídio que recorrieron Europa a finales del XVIII y principios del XIX pusieron al sector en gravísima crisis (hasta sainetes y zarzuelas se compusieron al respecto, como La Filoxera, de Barbieri). Pero también impulsaron la búsqueda de otras variedades y lugares de cultivo en América.

Y ya en el siglo XX, interesantísimo es rastrear la percepción del vino y cómo ha cambiado a lo largo de los años en la publicidad, el cine o la televisión.

En suma, las referencias históricas, culturales, artísticas, literarias… son innumerables, y de todo tipo. Éstas son sólo algunas. Hay muchas más por descubrir en la Biblioteca Digital Hispánica.

Comparte

Esta entrada tiene 4 comentarios

  1. Ninguno de nosotros sabe nada de nada; ni siquiera esto mismo de si sabemos o no sabemos, ni si sabemos que sabemos o que no sabemos; ni si en total hay algo o no lo hay. Porque las cosas son lo que uno crea de ellas.Por tanto, debe moverse la razón y abrir otro horizonte para que los dioses hablen.
    Canto al bullicioso Dionisos, coronado de hiedra y de laurel, hijo de Zeus y Sémele, miembro de la tribu de los inmortales-
    Dionisos, la Locura Divina
    (Mitos Greco Romanos) SILO

  2. Aquí os dejo más sobre el vino: se trata de un elogio de la tontuna», del aturdimiento o de un especial modo de conocimiento ¿chi lo sa? Filosofando con un mojito en mi jardín
    El vino clásico y sus miles de subrrogados

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *