El «Quijote» y el libro antiguo ruso: ediciones y traducciones

La huella del Quijote en la cultura rusa es particularmente profunda; como escribió Miguel de Unamuno, don Quijote, “después de haber resucitado del sepulcro en que le depositó Cervantes, ha corrido el mundo entero, siendo aclamado y comprendido en muchas partes de él —en Inglaterra y en Rusia muy especialmente—”. Sin embargo, en comparación con otros países europeos, el melancólico caballero andante se adentró en suelo ruso tardía y pausadamente. Las primeras alusiones a la novela cervantina y a su protagonista datan de fines del siglo XVII e inicios del XVIII: el general escocés Patrick Gordon, que estuvo a las órdenes del zar Pedro el Grande, pidió en 1691 que le trajeran una traducción inglesa; por su parte, el castrato italiano Filippo Balatri, que vivió en Rusia entre 1699 y 1701, recuerda en sus memorias que en el barrio alemán de Moscú hacía de gorrón y de don Quijote: “Vacío platos y hago reverencias a las damas”. El melancólico caballero andante se adentró en suelo ruso tardía y pausadamente Clic para tuitearTambién Pedro el Grande conocía en cierta medida la obra: en la colección de anécdotas sobre el zar reunida por Andréi Nartov se lee que, partiendo hacia Dunkerque, exclamó al ver un conjunto de molinos de viento: “¡Mucho trabajo tendría don Quijote si anduviera por aquí!”; durante su viaje a París en 1717 visitó la Manufactura de Gobelinos, donde fabricaban tapices de temática quijotesca a partir de los cartones de Coypel. Conforme el siglo XVIII se acercaba a su ecuador, Don Quijote se fue haciendo un hueco en las bibliotecas de las grandes figuras literarias rusas, como la de Mijaíl Lomonósov, en la que figuraba en versión alemana. Pero la primera traslación rusa de la novela no llegaría hasta 1769, siglo y medio más tarde que la inglesa de Thomas Shelton (1612), la francesa de César Oudin (1614) y la italiana de Lorenzo Franciosini (1622).

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Y es que el paisaje libresco ruso no era nada favorable a Don Quijote. Con la Iglesia ortodoxa como motor principal, la imprenta del siglo XVII produjo ante todo obras religiosas. Durante el reinado de Pedro el Grande (1682-1725), el Estado se interesó en mayor medida por el mundo de la edición y, en consecuencia, las publicaciones administrativas y legales ganaron terreno. Pero fue en el tercer cuarto del siglo XVIII, al hacerse cargo de la mayor parte de las casas editoriales institucionales los estudiantes, graduados y profesores, cuando los géneros literarios laicos pasaron al primer plano. Asimismo, el sistema de educación secundaria general y humanista que surgió a mediados del siglo alentó a las elites a familiarizarse con el acervo cultural europeo, a lo que también contribuyó muy mucho Catalina la Grande con la fundación, en 1768, de la Sociedad para la Publicación de Libros Extranjeros, que se convertiría en la voz cantante de la Ilustración rusa. En estos años fueron transferidas al ruso obras de autores como, entre otros, Voltaire, Montesquieu, Tasso y, en fin, Cervantes.

En 1769 la Imprenta del Cuerpo de Infantería, de San Petersburgo, alumbró la traducción parcial del Quijote de Ignati Antónovich Teils, profesor de alemán y secretario del claustro de la escuela militar para cadetes de la nobleza. Entre las tachas de su versión están la simplificación de los personajes y la adaptación de los refranes; más inspirado se mostró al trasladar la comicidad cervantina, la entonación de la lengua del siglo XVII y los monólogos de don Quijote. Por otro lado, la traducción de Teils está basada en la francesa de Filleau de Saint-Martin. No fue una excepción: el francés fue la lengua vehicular de la cultura europea en los siglos XVII y, sobre todo, XVIII, y ejerció un papel fundamental en la difusión del Quijote a través del continente. Y muy especialmente por tierras eslavas: en Rusia, como narra evocadoramente Orlando Figes en El baile de Natacha, el francés era la lengua de la alta sociedad y las elites educaban a sus hijos con preceptores frecuentemente de origen galo; de igual modo, los autores rusos a menudo no encontraban en su idioma las palabras adecuadas para expresar conceptos literarios básicos, como los relacionados con el mundo privado del individuo, y acudían para ello al francés. El segundo traductor de Don Quijote, Nikolai Ósipov, también adoptó el francés como lengua origen; su versión, incompleta y bastante libre y rusificada, salió a la luz en 1791 en la Imprenta Imperial petersburguesa.

Las dos traducciones citadas son exponentes de la interpretación del Quijote como un libro cómico acerca de las peripecias de un necio demente formulada en la Ilustración. De hecho, Ósipov tituló la suya El inauditamente extravagante (o Inaudito milagrero) y la concluyó con don Quijote sanado de su locura gracias a una “medicina apropiada para la curación de tales tonterías”.

"Portada de la traducción de Zhukovski, signaturas CERV/3300-CERV/3305 de la Biblioteca Nacional".

Portada de la traducción de Zhukovski, signaturas CERV/3300-CERV/3305 de la Biblioteca Nacional

Ya a comienzos del siglo XIX, entre 1804 y 1806, el siguiente traductor, Vasili Zhukovski, rompió con esta corriente y propuso una rehabilitación del hidalgo manchego. Ilustre poeta y precursor del movimiento romántico en Rusia, Zhukovski lo interpretó como un soñador virtuoso y heroico, movido por nobles ideales; esta lectura conectaba con las reflexiones sobre la novela de los autores del sentimentalismo ruso, como Nikolai Karamzín en su obra El caballero de nuestro tiempo. En cambio, Zhukovski continuó la tradición de volcar el Quijote desde el francés, esta vez desde la célebre versión de Florian, y, de hecho, heredó buena parte de los defectos de su modelo, como la supresión de capítulos enteros y el sacrificio de la fidelidad al original en aras de la amenidad del texto y la suavidad del idioma. En su haber, vertió con tino los refranes y los monólogos de don Quijote, introdujo sugerentes dosis de folclorismo a partir de la poesía popular de su país y, en general, logró sus cometidos de popularizar la novela cervantina y desarrollar la prosa rusa. Por lo demás, para su tercera encarnación rusa el Caballero de la Triste Figura viajó de San Petersburgo a Moscú, en concreto a la imprenta de Platón Beketov, una de las más afamadas de su tiempo.

La traslación de Zhukovski contó con múltiples admiradores —entre ellos, nada menos que Pushkin— y durante el primer tercio del siglo XIX en absoluto perdió actualidad: en 1815 conoció una segunda edición, a cargo de la Imprenta de la Universidad de Moscú —recién restablecida tras quedar destruida en el incendio de Moscú de tres años antes—, y en 1831 Samuil Chaplette publicó una versión que a menudo la seguía de forma casi literal. Pero faltaba traducir el Quijote directamente desde el original español, tarea que acometería Konstantín Masalski, autor de numerosas novelas históricas, fábulas y obras poéticas, de El Don Quijote del siglo XIX —novela en la que no son los libros de caballería los que hacen perder el juicio al protagonista, sino la filosofía idealista alemana— y traductor no solo de Cervantes, sino también de Lope de Vega o de Tomás de Iriarte. Impresa en San Petersburgo en 1838 por Adolf Pliushar —brillante discípulo de Firmin Didot—, su traducción también es meritoria por renunciar a las reelaboraciones libres y por enmarcar acertadamente la novela de Cervantes en su contexto histórico y literario, pero la afean su excesiva literalidad y los frecuentes errores de comprensión.

La versión de Masalski se componía solamente del prólogo y los veintisiete primeros capítulos de la primera parte. La traducción integral del Quijote se haría esperar hasta después de la Revolución de Octubre de 1917, muy lejos, por tanto, de la época de la imprenta manual.

 

 

Ediciones comentadas:

— Cervantes Saavedra, Miguel de: Istoria o slavnom Lamanjskom rytsare Don Kishote. San Petersburgo: Tip. Suhoput. kadet. korpusa, 1769. [Traducción de Ignati Antónovich Teils].

— Cervantes Saavedra, Miguel de: Neslyjanny chudodei, ili neobychainye i udivitelneishie podvigui i prikliuchenia jrabogo i znamenitogo stranstvuiuschego rytsaria Don Kishota. San Petersburgo: Imperatorskaia tipografia izhdiveniem V. S., 1791. [Traducción de Nikolai Ósipov].

— Cervantes Saavedra, Miguel de: Don Kishot La Manjski. Sochinenie Servanta. Moscú: Platón Beketov, 1804-1806. [Traducción de Vasili Zhukovski].

— Cervantes Saavedra, Miguel de: Don Kijot Lamanchski. San Petersburgo: Adolf Pliushar, 1838. [Traducción de Konstantín Masalski].

Bibliografía seleccionada:

— Bagnó, Vsévolod: El Quijote vivido por los rusos. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas; Ciudad Real: Área de Cultura, Diputación Provincial, 1995.

— Figes, Orlando: El baile de Natacha: una historia cultural rusa. Barcelona; Buenos Aires: Edhasa, 2006.

— Marker, Gary: Publishing, Printing, and the Origins of the Intellectual Life in Russia, 1700-1800. Princeton; Guildford: Princeton University Press, 1985.

— Monforte Dupret, Roberto: Las andanzas del “Quijote” por la literatura rusa. Madrid: Huerga & Fierro, 2007.

— Pano Alamán, Ana y Vercher García, Enrique Javier: Avatares del “Quijote” en Europa. Madrid: Cátedra, 2010.

— Suarez, Michael F. y Woudhuysen, H. R. (eds.): The Oxford Companion to the Book. Oxford: Oxford University Press, 2010.

— Vercher García, Enrique Javier: Don Quijote entre las nieves: la transmisión al ruso de culturemas españoles en las traducciones de “Don Quijote” de K. P. Masal’skij y N. M. Ljubimov. Alcalá de Henares, Madrid: Centro de Estudios Cervantinos, 2011.

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