El Quijote y el libro antiguo alemán: ediciones y traducciones

quijote alemánEl impacto del Quijote en Europa fue inmediato: en 1612, tan solo siete años después de la impresión de la primera parte por Juan de la Cuesta, se editó la versión inglesa de Thomas Shelton; en 1614, la francesa de César Oudin; en 1622, la italiana de Lorenzo Franciosini. En Alemania, en cambio, el Caballero de la Triste Figura se adentró con lentitud y sosiego. En las fiestas celebradas en Heidelberg en 1613 con motivo del enlace de Federico V del Palatinado e Isabel Estuardo pudo verse un cartel en el que figuraba un discurso puesto en boca de don Quijote. Para conmemorar otras fiestas, las que tuvieron lugar el mismo año para solemnizar el bautizo de Juan Jorge II de Sajonia, se publicó el libro de Tobias Hübner Cartel, Auffzüge, Vers und Abrisse, que albergaba una estampa del pintor y grabador de Dresde Andreas Bretschneider que constituye la primera imagen conocida de don Quijote, Sancho Panza y otros personajes de la novela. Durante la década de 1620, la novela cervantina fue anunciada en varios catálogos de las ferias del libro de Fráncfort y Leipzig. Pero la primera traducción al alemán no vio la luz hasta 1648, el año de finalización de la Guerra de los Treinta Años, y lo hizo en Fráncfort, pilar histórico del libro germano por entonces en franco declive. Impresa por Salomon Schadewitz a costa de Thomas Matthias Götze, la traducción salió de la pluma de Pahsch Basteln von der Sohle, en realidad seudónimo de Joachim Caesar, entre cuyos trabajos previos se encontraba el traslado del español al latín de la obra de Huarte de San Juan Examen de ingenios para las ciencias. Aunque incompleta, se trata de una versión muy meritoria, por cuanto Caesar rechaza acudir a traducciones mediadoras y toma como lengua origen la española. Estilísticamente se caracteriza por la abundancia de ropaje expresivo propia del gusto barroco. Por otro lado, el traductor, a buen seguro bajo la influencia de la Fruchtbringende Gesellschaft, una sociedad de depuración de la lengua alemana y defensa contra los extranjerismos, lleva a cabo una profunda germanización del texto, que afecta incluso a los nombres propios: así, Sancho Panza pasa a ser Sancho Dickwanst o Großpantsch, en tanto que La Mancha se denomina Fleckenland.

“Cómprame y léeme”, rezaba la portada de la edición de Fráncfort (“kauff mich und liß mich”), y, ciertamente, no pocos lo harían: el trabajo de Caesar gozó de un éxito considerable y fue la traducción de referencia hasta muy avanzado el siglo XVIII. Concretamente, hasta 1775-77, cuando se publicó la versión de Friedrich Justin Bertuch, consejero y tesorero del duque de Weimar y editor de la revista Magazin der spanischen und portugiesischen Literatur. La nueva encarnación de la obra cervantina apareció en Leipzig, que enseñoreaba el paisaje libresco alemán desde finales del siglo XVII y continuaría haciéndolo durante todo el XIX, de la mano de la casa Fritsch, uno de los nombres más significados de la historia editorial de la ciudad. En el pie de imprenta figura un segundo lugar, Weimar, lo que resulta de gran interés: 1775 fue el año del traslado a Weimar de Goethe, quien, junto con Schiller, Wieland y Herder, convertirían este ducado en el centro intelectual y artístico de la Alemania del cambio de siglo; don Quijote no quiso perderse este florecer cultural y llegó a Weimar el mismo año que el autor de Fausto. Situada en el marco de una poderosa eclosión del hispanismo germano, con episodios como el volcado al alemán de los Orígenes de la poesía castellana de Luis José Velázquez o la reivindicación del papel histórico de España trazada por el germano-italiano Carlo Denina ante la Academia de las Ciencias de Berlín, la traslación de Bertuch expone un Quijote simplificado y fuertemente germanizado, que tuvo una repercusión fabulosa: a Bertuch se debe la incorporación de la novela al imaginario colectivo germano y del término Quijote a la lengua alemana, con la acepción de ‘noble, desinteresado, idealista’. Dieron lustre a su versión, por lo demás, las soberbias ilustraciones del pintor y grabador polaco Daniel Nikolaus Chodowiecki.

Las prensas berlinesas de Johann Friedrich Unger, impresor y editor de Goethe, Schiller y los primeros románticos alemanes y creador de un exitoso tipo gótico de trazos suaves (el denominado Unger-Fraktur), alumbraron entre 1799 y 1801 la traducción del romántico del Círculo de Jena Ludwig Tieck, otro de los hitos en la historia de la recepción del Quijote en suelo germano. En la lectura romántica, Don Quijote pierde sus atributos de “libro de bufones” y pasa a representar el conflicto más serio que puede imaginarse: el del individuo, excepcional y poético, frente a la sociedad, uniforme y prosaica. Alonso Quijano romantiza, según la definición del término formulada por Novalis: “En tanto doy a lo común un sentido superior, a lo habitual una apariencia secreta, a lo conocido la dignidad de lo desconocido, a lo finito una apariencia infinita, lo romantizo”. Exponente de la fascinación del romanticismo alemán por la cultura española, la traslación de Tieck es meticulosa, fiel y sensible al contexto. Se trata, en definitiva, de una versión espléndida, como señaló Thomas Mann partiendo de la imagen con la que Cervantes singulariza la actividad traductora: “Insuperable es la crítica del arte de traducir que Cervantes pone en boca de don Quijote de la Mancha. Le parece, dice este, que el traducir de una lengua a otra es obra semejante a los tapices flamencos cuando se los mira por el revés, ‘que aunque se ven las figuras, son llenas de hilos que las oscurecen y no se ven con la lisura y tez de la haz’. La caracterización es contundente. Solo excluye a dos traductores españoles, Figueroa y Jáuregui. En estos apenas puede distinguirse cuál es la traducción y cuál el original. Gente magnífica debieron ser. Pero, en nombre de Cervantes, desearíamos hacer otra excepción: Ludwig Tieck, que ha dado al Quijote su segunda haz, la alemana”.

En las mismas fechas que la de Tieck vio la luz la traducción del ilustrado Dietrich Wilhelm Soltau, un logro notable que, sin embargo, pasaría prácticamente desapercibido en el mundo editorial. Por el contrario, la del romántico se convertiría en la favorita de los alemanes y ha seguido publicándose hasta la actualidad. Solo la versión de Ludwig Braunfels, aparecida en la década de los ochenta del siglo XIX —fuera, por tanto, de la época de la imprenta manual—, podría rivalizar con la de Tieck en el gusto de los editores y lectores alemanes.

 

EDICIONES COMENTADAS:

– Cervantes Saavedra, Miguel de: Don Kichote de la Mantzscha, das ist: Juncker Harnisch aus Fleckenland. Franckfurt: in Verlegung Thomae Matthiae Götzen, 1648. [Traducción de Joachim Caesar].

– Cervantes Saavedra, Miguel de: Leben und Thaten des weisen Junkers Don Quixote von Mancha. Weimar und Leipzig: zu finden in der fritschischen Buchhandlung, 1775-1777. [Traducción de Friedrich Justin Bertuch].

– Cervantes Saavedra, Miguel de: Leben und Thaten des scharfsinnigen Edlen Don Quixote von La Mancha. Berlin: bey Johanna Friedrich Unger, 1799-1801. [Traducción de Ludwig Tieck].

BIBLIOGRAFÍA SELECCIONADA:

– Close, A. J.: La concepción romántica del “Quijote”. Barcelona: Crítica, 2005.

– Funke, Fritz: Buchkunde: ein Überblick über die Geschichte des Buches. München: K.G.Saur, 1999.

– Kremer, Detlef: Romantik: Lehrbuch Germanistik. Stuttgart: J.B.Metzler, 2007.

– Navarro Domínguez, Fernando y Vega Cernuda, Miguel Ángel (eds.:) España en Europa: la recepción de “El Quijote”. Alicante: Librería Logos, 2007.

– Pano Alamán, Ana y Vercher García, Enrique Javier: Avatares del “Quijote” en Europa. Madrid: Cátedra, 2010.

– Suarez, Michael F. y Woudhuysen, H. R.: The Oxford Companion to the Book. Oxford: Oxford University Press, 2010.

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