El Inca y su biblioteca: una entrevista

En 1539, 471 años antes de que la Academia sueca concediera a Mario Vargas Llosa el Premio Nobel de Literatura (situando la literatura peruana en la república mundial de las letras) y 372 antes de que el explorador norteamericano Hiram Bingham llegara a Machu Picchu (mostrando al mundo el esplendor de la cultura inca) nació en Cuzco Gómez Suárez de Figueroa, más conocido por el nombre que eligió para sí mismo: el Inca Garcilaso de la Vega. El Inca, erudito humanista, traductor de León Hebreo y primer mestizo en denominarse orgullosamente a sí mismo como tal, fue entre muchas otras cosas el autor de dos grandes obras de historia de Perú: los Comentarios reales de los incas (1609) y su continuación, la Historia general del Perú (1616-1617).

En 2016, conmemorando los 400 años de su muerte en Córdoba, donde pasó buena parte de su vida, puede visitarse en la Biblioteca Nacional una exposición que recupera la que fuera su biblioteca, “rescatada” del inventario de sus bienes que se hizo a su muerte y reconstruida ahora por Esperanza López Parada, Marta Ortiz Canseco y Paul Firbas, comisarios de la muestra que puede visitarse hasta el 2 de mayo.

La suerte de poder desayunar con Marta y Esperanza una mañana de sol poco después de la inauguración de la exposición ha dado lugar a esta entrevista:

Pregunta: Para comenzar quisiera dar una idea del Cuzco que vivió el Inca, el Cuzco virreinal. La imagen que me viene a la mente es la que relata Arguedas en Los ríos profundos, la de las casas coloniales edificadas sobre las piedras incas, que puede verse también en el Coricancha, el antiguo Templo del Sol. ¿Qué tiene de ello?

Marta: El Cuzco que vivió Garcilaso, y el que ha trascendido históricamente, es el Cuzco dividido en las cuatro partes del Imperio Inca, un microcosmos de este. También es un Cuzco muy jerárquico, en el que el mismo Garcilaso se reivindica como hijo de una princesa. La ciudad también representa eso. Al mismo tiempo es la ciudad de las guerras civiles entre españoles que vivió de niño y, en este sentido, sí es ya similar al que describirá Arguedas, con una fuerte presencia española.

Construcciones españolas sobre las piedras incas: el Coricancha o Templo del Sol y el Convento de Santo Domingo

Construcciones españolas sobre las piedras incas: el Coricancha o Templo del Sol y el Convento de Santo Domingo

Esperanza: El Inca abandona el Cuzco muy pronto, con veinte años. Es una ciudad que está cambiando, pero ya puede apreciar parte de esas modificaciones. En los Comentarios reales, de hecho, hace un mapa en tres dimensiones: narra el Cuzco de los incas y a continuación, casi a renglón seguido, cómo esas mismas casas van siendo ocupadas por españoles, relatando con detalle qué español vive en cada una. Es un mapa en movimiento, en 3D: le habrían encantado la tecnología de hoy y sus posibilidades. Hay un momento en que recrea un regreso a Cuzco, entrando por la calle de San Agustín… y ese mismo recorrido aún lo puedes hacer hoy.

Pregunta: Lo que nos lleva a la segunda cuestión, a su relación con Perú. Lo abandona muy joven y nunca vuelve. ¿Cómo es su relación?

Esperanza: Complicada. Y muy difícil de rastrear, muy llena de silencios. En los Comentarios reales, por ejemplo, escribe que han venido a España dos mestizos, hijos de nobles incas, a pedir reivindicaciones y que él se ha encargado de ayudarlos a redactar la carta y los ha mandado a Valladolid. Y ya no dice más, ahí queda todo.

Marta: Se conservan además dos cartas, y en una de ellas menciona que quiere volver al Perú. Llega a pedir permiso al Rey y el Consejo de Indias, contrariamente a lo que ocurrió con Cervantes, se lo concede. Pero nunca llega a irse.

Esperanza: Hay también una especie de relación de amor-odio. Un miedo a no saber qué Perú se va encontrar, a qué lugar va a volver.

Pregunta: Se ha hablado mucho de la conjunción en el Inca del Humanismo europeo y la cultura precolombina que vivió. ¿En qué diríais que se materializa esa conjunción?

Esperanza: Es un humanista que, a mi modo de ver, pone todas las herramientas de la retórica y el pensamiento humanista al servicio de reivindicar la cultura inca. Por poner un ejemplo, al exaltar las virtudes de la coca el método que utiliza es un exemplum, del que Erasmo había afirmado que era el mejor método para probar un argumento.

Marta y Esperanza: Se observa también en cualquier descripción de objetos que hace. Por ejemplo, con las momias. Antes de marcharse de Cuzco, Polo de Ondegardo le había mostrado las momias que custodiaba, en un ejemplo fascinante de conquistador conquistado. Cuando Polo de Ondegardo llega a Cuzco, le muestran las momias del Coricancha y se siente tan fascinado por ellas que se convierte en su guardián. La cuestión es que Garcilaso, como adulto, recuerda esa visita y lamenta no poder verlas de nuevo, desde la formación humanista y casi científica que ha adquirido.

Esperanza: Antes hablábamos del Cuzco, y es otro buen ejemplo. El Cuzco, de hecho, ha ido asemejándose al que él describe, que es utópico: Garcilaso describe una utopía urbana, una ciudad que no existe en ese momento pues era, como todas, una ciudad de aluvión. Describe una ciudad hipercivilizada y perfectamente estructurada porque en ese momento, en el Renacimiento humanista, la urbe es el centro por excelencia: lo que diferencia del bárbaro es tener una ciudad.

Pregunta: No hay ediciones peruanas de los Comentarios reales ni de la Historia del Perú hasta bien entrado del siglo XVIII. Pero la imprenta había llegado a Lima en la década de los ochenta del siglo XVI. ¿A qué diríais que se debe esa ausencia de ediciones peruanas?

Marta: La imprenta estaba dedicada principalmente a la religión. Tampoco hay ediciones del Quijote, por poner un ejemplo. Todo lo que se entendiera como historia o ficción estaba fuera de ese mercado.

Esperanza: La política de la imprenta en América era muy restrictiva, y la crónica y la novela estaban muy vigiladas. De hecho, no hay ninguna crónica de la época que se publique en las Indias. Antonio Ricardo, el primer impresor con taller en Lima, vivía de reproducir estampitas religiosas.

Marta: Eso no implica, sin embargo, que la obra no se difundiera. Simplemente es otro concepto: ese tipo de obras no se imprimían allí, pero se leían importadas de España.

Esperanza: Además, la cultura manuscrita sigue siendo muy activa en América en esa época. Por ejemplo, Francisco de Ávila lo lee y lo resume ya en 1613 (lo que implica que había leído la primera edición), en un documento que se encuentra en la Biblioteca Nacional, el manuscrito 3169.

Mss/3169: La crónica de Juan de Santa Cruz Pachacuti Yamqui

Mss/3169: La crónica de Juan de Santa Cruz Pachacuti Yamqui

 

Pregunta: Un manuscrito sobre el que también quería preguntaros…

Esperanza: Es un legajo maravilloso con cinco crónicas que perteneció a Francisco de Ávila, extirpador de idolatrías y un personaje muy repudiado en Perú. Pero ahí está el primer resumen, en unos tres folios, de los Comentarios reales. El manuscrito en su conjunto es precioso. Contiene la crónica de un lenguaraz, un sacerdote que hablaba cusqueño maravillosamente; una recopilación de la tradiciones de Huarochirí que recoge el propio Ávila; un texto de Polo de Ondegardo, el cuidador de momias; el resumen de los Comentarios reales; y la crónica de Juan de Santa Cruz Pachacuti Yamqui, un indio ladino bautizado que acaba de aprender a escribir y al que Ávila le pide que cuente desde su lado la conquista, como una crónica complementaria. Lo bueno es que dibuja muchísimo. Un buen ejemplo es la imagen reproducida en el catálogo, que sería la copia de una placa de oro que estaba en el Coricancha, donde aparece el mito fundacional: están Mama Ocllo y Manco Capac, buscando el Cuzco para clavar su varilla de oro y fundar la ciudad.

Marta: El sol, la luna, la Pachamama, la Mamacocha, que es la laguna, el Titicaca de donde salen. Es una especie de compendio mitológico ilustrado.

Pregunta: En su biblioteca hay muchas obras importantes sobre historia de América de la época: la Historia natural y moral de las Indias de José de Acosta, la Crónica del Perú de Pedro Cieza de León, la Historia general de las Indias y nuevo mundo de Francisco López de Gómara… Mucho autor castellano y andaluz, en resumen. ¿Qué hay de los “papeles rotos” de Blas Valera?

Marta: Blas Valera era un jesuita de Chachapoyas, un mestizo hijo de una indígena y un soldado español. Se ordenó sacerdote cuando los jesuitas aún permitían que pudieran ordenarse los mestizos y lo curioso de este personaje es que escribió una historia del Perú, pero en latín. Estuvo preso, viajó a España y murió durante el saqueo de Cádiz. Sus papeles llegaron al Inca Garcilaso y es uno de los autores más citados en los Comentarios reales. Los cita siempre como “papeles rotos” o “los papeles de Blas Valera”. Me parece especialmente interesante el salto que da: la historia narrada por un quechuahablante que escribe en latín y que posteriormente el Inca traduce al castellano.

Esperanza: Es muy bonito porque hace una especie de arqueografía. Garcilaso es un filólogo, uno de los primeros arqueógrafos. También tuvo que pagar un precio muy alto por ello porque en ocasiones se ha dicho que era un plagiario.

Marta: A comienzos del siglo XX fue el punto álgido de esa postura. Y a lo largo de todo el siglo XX a Blas Valera se le han ido atribuyendo obras que no ha podido probarse que fueran suyas.

Esperanza: Ha llegado a decirse que hasta Guaman Poma era en realidad Blas Valera. Y que toda la obra del inca la había copiado de él. Esa tesis está ya totalmente desestimada. Pero forma parte, de algún modo, del atractivo del Inca, de ese juego textual fascinante que pone en pie.

Pregunta: ¿Qué ha supuesto para vosotras, personalmente, esta exposición?

Marta: Mostrar la biblioteca de una persona, qué es lo que se estaba leyendo, cómo era la biblioteca de un intelectual andaluz y poder ponerla en pie, con ejemplares de las ediciones que probablemente tuvo.

Esperanza: Es un regalo, una experiencia única. A mí se me ha revelado un Inca amante de los libros, con una visión de la biblioteca como una biblioteca activa, práctica, no un espacio de erudición y exhibicionismo. Que muestra, además, sus preferencias.

Marta: Por ejemplo, cuando en el inventario aparecen dos ejemplares de una obra es muy probable que tuviera dos traducciones diferentes: para su labor como traductor, para comparar cómo se estaba traduciendo.

Esperanza: Él viene de una cultura ágrafa, y no hay nadie más apasionado que un converso. Su biblioteca es muy selecta y, por ejemplo, del humanismo italiano tiene obras exquisitas, y no siempre lo más popular.

Marta: Es, además, una biblioteca de vejez. Una síntesis de lo que más le interesó a lo largo de su vida. Además del inventario hemos recogido libros que no están en él pero que sí cita, por lo que debió tenerlos en algún momento.

La "cocina" del escritor: la Historia de López de Gómara anotada por el Inca

La «cocina» del escritor: la Historia de López de Gómara anotada por el Inca

 

Esperanza: También es importante poder haber mostrado la Historia de López de Gómara, anotada de su puño y letra, que se conserva en la Biblioteca Nacional del Perú y es la primera vez que se expone en España. De algún modo es la “cocina” del escritor, la crónica que va a leer para luego desmentirla en los Comentarios reales. La exposición es preciosa y, además, lo es el juego de espejos que consiste una biblioteca dentro de otra biblioteca.

Marta: Y el catálogo, antes que un catálogo, es un libro.

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Esta entrada tiene 6 comentarios

  1. […] Se trata de una reconstrucción de lo que era su biblioteca personal al momento de su muerte, el 22 de abril de 1616. Y uno se encuentra que –mientras que los peruanos tenemos esta imagen de Garcilaso como una especie de historiador amateur acriollado y poco confiable– para los españoles, el Inca Garcilaso es parte de su Siglo de Oro. Insisto: la prensa española está repleta de artículos celebrando –desde hace meses– los 400 años del Inca Garcilaso. […]

  2. […] Se trata de una reconstrucción de lo que era su biblioteca personal al momento de su muerte, el 22 de abril de 1616. Y uno se encuentra que –mientras que los peruanos tenemos esta imagen de Garcilaso como una especie de historiador amateur acriollado y poco confiable– para los españoles, el Inca Garcilaso es parte de su Siglo de Oro. Insisto: la prensa española está repleta de artículos celebrando –desde hace meses– los 400 años del Inca Garcilaso. […]

  3. Datos inéditos sobre la vida de Blas Valera se leen en los manuscritos Miccinelli y en documentos del Archivo Nacional de Nápoles descubiertos en 1999 por F Cantú. Eminente investigadora mundialmente conocida y que gracias a ella desde hace 50 años se descubrió obra desconocida de Cieza de Leon en Roma. Esos documentos habría que leerlos bien bien; antes de afirmar que entre ellos no se pirateaban entonces.

  4. Felicitaciones por la muestra y la entrevista. Solamente una precisión, el nombre del jesuita mestizo chachapoyano consultado por el Inca Garcilaso fue Blas Valera (hijo del capitán Luis Valera y de Francisca Pérez, mujer indígena), no apellidaba Varela. Cordiales saludos

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