De Clifford a Kâulak y de Juliá a Calvache: un paseo fotográfico guiado (II)

Parada 2 (elaborada por Belén Palacios). Puerta del Sol: “La maleta madrileña”

OLYMPUS DIGITAL CAMERANos situamos cerca del nº 12 de la Puerta del Sol. Elegimos este punto para detenernos porque en ese portal aún quedan vestigios de la “civilización de los estudios fotográficos”: en la fachada, una placa conmemorativa recuerda que allí estuvo el estudio de Amador. Ya dentro, en el portal, todavía permanecen a ambos lados dos vitrinas que exhiben copias modernas de fotografías de vistas de la Puerta del Sol. Una Puerta del Sol que durante el siglo XIX y gran parte del siglo XX  fue una elegante encrucijada de hoteles y comercio de lujo.

Desde que en 1851 se instalara en el nº 11 de la Puerta del Sol “El Daguerrotipo inglés”, hasta finales del siglo XX hemos contado 35 establecimientos fotográficos, casa Kodak incluida. Estos negocios estaban repartidos por todos los  portales, con la única excepción del nº7, edificio proyectado en 1760 por Ventura Rodríguez como Real Casa de Correos que ha sido utilizado desde entonces para diferentes usos, todos ellos de carácter público.

Con el paso del tiempo fueron estableciéndose “Fotografías”, “Galerías de cristales”, “Gabinetes fotográficos” o simplemente “Estudio de fotografía” unos fueron negocios nuevos, otros  traspasados y otros estuvieron regentados por las viudas de los titulares cuando estos fallecían.

Así, pues, hasta finales del siglo XX, en la Puerta del Sol abundaban los establecimientos comerciales encargados de mantener vivos los recuerdos. Se fotografiaban los recién nacidos, las niñas y niños vestidos de  primera comunión, parejas recién casadas, parejas de viaje de novios de paso por la ciudad,  familias al completo, grupos de amigos que deseaban detener en el tiempo su amistad, satisfechos compañeros de trabajo, los que marchaban a la guerra o los que venían de ella, los que emigraban, los inmigrantes…. 175 años retratándose.

Y hoy como ayer,  en la Puerta del Sol si miran a su alrededor, aunque no existan ya establecimientos fotográficos, hay decenas de personas empuñando sus teléfonos móviles para conservar sus “yo también estuve aquí”.

Sintetizar en unos minutos la actividad fotográfica de la Puerta del Sol es todo un desafío, pero ya que habíamos resuelto nuestro primer gran obstáculo, encontrar testimonio del pasado fotográfico de nuestra ciudad, no íbamos a cejar en el empeño justo ahora, así que inspiradas en las noticias aparecidas en la prensa sobre novelescos hallazgos de negativos (niñera Vivian Maier, los de la Antártida o La maleta mexicana) nos inventamos nuestro  propio hallazgo de copias positivas y lo denominamos “La maleta madrileña”, cuyo objetivo es mostrar de un golpe de vista la proliferación de fotógrafos.

Cada “tira de positivos” es un portal y cada fotografía digitalizada un estudio fotográfico, de esta manera estábamos convencidas de que quedaría clara la frenética  actividad fotográfica en esta plaza madrileña.

Parada 3 (elaborada por Belén Palacios). Calle Alcalá nº 4: “Kâulak: un sportman fotógrafo”

KAULAK estudioDesde 1904, fecha en que se inauguró esta galería, hasta mayo de 1989 cualquier paseante que transitara por la calle de Alcalá, muy cerca de la Puerta del Sol, al pasar por el nº 4 podía leer un rótulo grabado en una placa de bronce que decía: “Kâulak”.

Tras este rótulo se esconde Antonio Cánovas del Castillo, fotógrafo exquisito, fundador de una de las galerías más elegantes y de más larga trayectoria de la ciudad. Sobrino del político del mismo nombre, artífice de la  restauración de la monarquía borbónica.

Nuestro Antonio Cánovas era un polifacético artista  que cultivó tantos géneros artísticos como seudónimos por los que fue conocido (Vascano, Dalton Kâulak o Kàulak).  Cosmopolita refinado, hablaba francés e inglés,  abogado de formación, diputado a cortes por  Cieza (Murcia), estudió pintura con Carlos de Haes, publicó dos novelas, ejerció como crítico de arte, escribió sobre arboricultura y llegó a la fotografía como al deporte, por afición.

Su amateurismo le granjeó gran fama como retratista. Era tan numeroso y distinguido el público que quería ser retratado por Cánovas, que según la revista “Gran Vida”,  no  abrió la galería por afán de lucro sino para dar satisfacción a tantas y tantas personas que deseaban ser fotografiadas por él.

Y no es de extrañar porque cada retrato era producto de un cuidado extremo y de un refinado proceso artístico. Sus colaboradores más próximos eran relevantes artistas, el pintor retratista Isidro Gamonal codirigió la galería, el escenógrafo Amalio (que trabajaba en Broadway) diseñó forillos, Maumejean construyó las vidrieras…  A todo lo anterior añadimos una sutileza: Kâulak era un gran maestro en el retoque fotográfico.

Fiel a su lema publicitario “La fotografía más cara de Madrid, pero también la predilecta del mundo elegante y aristocrático”, contó entre su clientela más asidua con Alfonso XIII y la reina Victoria Eugenia.

A partir de 1931, fecha de la muerte de Kâulak, el estudio cambia de manos, estalla la guerra civil…  el resplandor de los buenos tiempos va apagándose, resurge cierto fulgor durante los años cincuenta y parte de los sesenta  con Jose María Ardizone, sobrino nieto de Kâulak al frente del negocio para finalmente cerrar en 1989. En ese mismo año la Biblioteca Nacional de España adquiere los negativos y positivos que sobrevivieron a más de 80 años de actividad comercial.

Parada 4 (elaborada por Amparo Beguer). Carrera de San Jerónimo, 16: “Antonio Calvache. Fotógrafo, novillero, actor y director cinematográfico”

Fachada estudio CalvacheAntonio Calvache nace en Córdoba en 1896. Su infancia transcurre en Jerez, donde su padre, el fotógrafo Diego Calvache Yañez, regentaba un estudio de fotografía.

En 1909 los Calvache –Diego, José y Antonio– alquilan la galería del nº 16 de la Carrera de San Jerónimo, edificio que fue bombardeado durante la Guerra Civil.

En poco tiempo los hermanos Calvache se integran en el círculo profesional de la fotografía. Por su gabinete pasaron muchos toreros importantes del momento y muchos artistas en ciernes y consagrados. Diego, impulsor del negocio familiar, llegó incluso a mantener una tertulia con los intelectuales de la época. Publica sus retratos de famosos en muchas revistas gráficas como Blanco y Negro, Mundo Gráfico, Comedias y Comediantes y especialmente en La Esfera, donde dirige la sección “Éxitos teatrales”.

José Calvache, “Walken”, abre su propia galería en la calle Sevilla número 16, en 1917.

Antonio, el más conocido de los Calvache, debutó como novillero en Yuncler (Toledo) en 1913. Al morir su hermano Diego, en 1919, tuvo que dejar sus aspiraciones taurinas para hacerse cargo del estudio familiar, si bien siempre siguió vinculado con el mundo de la tauromaquia.

Como fotógrafo, Antonio Calvache alcanzó una tremenda popularidad en el Madrid de los años 20. Inmortalizó a una amplia galería de personajes importantes de la sociedad española de la época: Alfonso XIII, Unamuno, Pérez Galdós, los hermanos Álvarez Quintero, Pastora Imperio, Raquel Meller, El Gallo, etcétera.

Su fama como retratista, pregonada por las cantantes, actrices y bailarinas que  posaban frecuentemente ante su cámara, se extendió tanto que incluso Joan Miró se inspiró en el retrato de Angustias la gitana, publicado en la portada de “La  Unión Ilustrada” de Málaga el 25 de noviembre de 1920, para realizar los dibujos preparatorios de su obra Ballarina espanyola de 1924.

En 1923 Calvache fue llamado por la Casa Real, realizó una serie de fotografías de magnífica calidad, entre las que destaca un retrato de la reina Victoria Eugenia, que fue reproducido en los principales rotativos y revistas de todo el país. A partir de ese momento en sus papeles de trabajo firma como “A. Calvache, retratista de SS. MM. y AA. RR.”, y en sus montajes de entrega imprime la corona real.

En 1924, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, se organizó una de sus más famosas exposiciones, donde mostró sus vistas de España al bromóleo y retratos de personajes populares.

Calvache desde siempre había sentido fascinación por el cine. En 1918 había actuado en un papel de novillero en la película La España Trágica y en 1925 en Currito de la Cruz, producida por “Walken”. Crea la productora Numancia Film para rodar dos películas: La chica del gato (1926) y Vencedores de la Muerte (1927), ambas estrenadas en el Palacio de la Música.

Durante la Guerra Civil Calvache se afilia a la Falange y llega a ser jefe de la Sección de Cinematografía. Trabaja como reportero de guerra. En 1939 rueda Rutas de fuego y Derrumbamiento del ejército rojo, estrenadas también en el Palacio de la Música.

Su último rodaje fue Boy, producida por CIFESA en 1940, que resultó un fracaso comercial.

Al término de la contienda Calvache, represaliado por haber retratado en su estudio al presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, se va a Tánger, donde en 1940 abre un nuevo estudio. En la década de 1950 Calvache dirige cinco galerías fotográficas: Tánger, Melilla, Ceuta, Gibraltar y Madrid (Carrera de San Jerónimo, ahora en el número 18).

A finales de la década de los sesenta regresa a Madrid, donde intenta instalarse nuevamente como fotógrafo profesional en la calle Atocha sin ningún éxito.

Fallece el 31 de enero de 1984 a los 88 años en la más completa indigencia.

El fondo fotográfico de Calvache fue adquirido en 2005 por la BNE. Se compone de más de 3.400 positivos, negativos en placas de vidrio y otros soportes, libros de registro y  materiales diversos.

Belén Palacios
Amparo Beguer

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