Concurso de microrrelatos de la Biblioteca

A veces una anotación, una dedicatoria o un apunte, escritos descuidadamente (o no) y encontrados años después en las hojas en blanco de un libro de otra época, pueden disparar la imaginación.

Así os incitábamos a participar en nuestro concurso de microrrelatos, el pasado 19 de junio.

Como os comentábamos, entre los documentos que conservamos habíamos descubierto unas curiosas notas al margen y unas dedicatorias inquietantes al final de un volumen de partituras manuscritas de 1830:

camisas – 4 4
enaguas – 2 2
medias – 4 4
pañuelos – 7 4
cuellos – 2 4
servilletas – 2
trapo – 1

Eusebio mient…

Nuestra propuesta generó más de 120 microrrelatos, que nos hicisteis llegar durante las dos semanas que duró el concurso, todos ellos magníficos.

Una vez reunido el jurado, los cuatro mejores relatos seleccionados son los que publicamos a continuación.

¡Enhorabuena al ganador y a los finalistas!. Como sabéis, podréis disfrutar de una visita guiada por los rincones más ocultos y mágicos de la BNE, y de alguna otra sorpresa.

Relato ganador:

Teatro Tacón, de Valentín Río

En La Habana truena. El Teatro Tacón rebosa para escuchar tocar a Luisa. Los esclavos cubren las calesas comiendo tasajo. Dentro, los sudores de tanto pirata vistiendo paños nuevos y los olores de doñas emperifolladas resultan más sofocantes que las ciénagas del pantano. Dos horas de música y pasión. Ovación. Al cerrar el cuaderno de partituras descubre unas notas y una sentencia: “Eusebio miente”.¿Cómo lo ha sabido? Vítores. Sus ojos son un diluvio. ¿Su huida con él?: frustrada. Vivas. La pianista, abatida, volvió a mirar hacia el palco y adivinó el horror en la sonrisa de caimán del Marqués.

Finalistas:

La sinfonía de los martes, de Aitor Sagastizábal

Tras un frugal desayuno, María Luisa comenzó a escribir las canciones para su pedida de mano. Encadenaba melodías con maestría, no en vano era la mejor pianista de la comarca.

Al finalizar, metódica, anotaba detalles a pie de partitura enumerando blancas camisas, sus finas enaguas… nada al azar. Su prometido Eusebio cantaría con su voz de barítono. Entonces, su mano tembló y una lágrima emborronó el apunte. Años atrás, un martes, la había abandonado.

Ante el desgarrador llanto, las enfermeras la inmovilizaron en su camastro para poder sedarla. Durmió soñando con el siguiente martes. Tras desayunar, volvería con los preparativos.

 

Notas discordantes, de Javier Pérez de la Cruz

–       ¿Pero qué has hecho Fa? ¡Nos condenarán por homicidio! Quién sabe qué le puede pasar a alguien como nosotras en un lugar tan sucio y silencioso como la cárcel.

–       Lo habíamos acordado. ¿Recuerdas, Mi?: “!Nunca más siervos suyos!” Y esta obra era demasiado buena para que se llevara nuestro mérito este juntarruidos.

–       Nos encarcelarán…

–       Cállate. ¿Cómo se llamaba el de vestuario?

–       Eusebio.

–       Camisas 4, 4… Enaguas 2, 2…

–       ¿Desde cuándo sabes escribir, Fa?

–        Son demasiados años viendo a otros hacerlo. Rápido, reúne a las otras. Aquí nadie sabe nada. Nunca nos descubrirán.

 

Eusebio miente, de Demetrio Vert

Eusebio miente. Faltan dos servilletas y un trapo. Nada anormal, suele engañarme. También añade más cuellos y más pañuelos. !Esto es demasiado! ¡Me va a oír! ¡Abre Eusebio, soy yo! Empujó la puerta hecha una furia. Allí está Eusebio. ¡Pobre Eusebio! Viste mis enaguas, mis medias, se está poniendo mi camisa y luego se pondrá mi cuello. Sorprendido, se cubre la boca con mi pañuelo. Sus ojos asustados, pintados. Toma el trapo, quiere limpiarse. ¡Eusebio! ¡Otra vez! Llora. ¡No volverá a pasar!, promete. No sé por qué me casé con él.

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