Blas de Lezo, el medio hombre

Apuesto lo que usted quiera á que los Ingleses
no entran en Cartagena; y si acaso entraren—que
Dios no lo permitirá,—jamás Don Blas de Lezo
entregará la espada: yo le conozco.

 (Los piratas en Cartagena, Soledad Acosta de Samper)

Érase una vez un héroe muy peculiar. Blas de Lezo era, físicamente, lo contrario de lo que relacionamos con la palabra «héroe». Tuerto, cojo y manco, era conocido como «El medio hombre» y «Patapalo». Pero sus problemillas físicos no le impidieron defender Cartagena (de Indias) del ataque de la flota inglesa con tan sólo 6 barcos.

Vasco, nacido en 1687, inició su carrera militar en la Guerra de Sucesión Española. Perdió la pierna izquierda en la batalla de Vélez-Málaga (1704), en la que se enfrentaron las escuadras anglo-holandesa, partidaria del Archiduque Carlos, y la franco-española, partidaria del Duque de Anjou, futuro rey Felipe V.

Dos años más tarde, en el Sitio de Tolón, un cañonazo provocó una lluvia de astillas que fueron a clavarse en el ojo izquierdo de nuestro intrépido héroe, que quedó tuerto. Y ya con 26 años, con la Guerra de Sucesión técnicamente concluida, sufrió su última desgracia. Cataluña seguía en armas a favor de los partidarios de la casa de Austria y los combates continuaban. En el asalto a Barcelona el 11 de septiembre de 1714, Blas de Lezo recibió un balazo de mosquete en el antebrazo derecho que le dejó manco.
Patapalo o el Medio hombre había nacido.
Aunque sus aventuras comienzan con la persecución de corsarios ingleses en los Mares del Sur (Perú, en concreto), su mayor hazaña fue sin duda la defensa de Cartagena de Indias (Colombia).
 Carte Topographique de la Baye, Ville et Faubourg de Cartagene Avec les Forts et Batteries Nouvellement Etablies pour Servir a sa Deffense

Mapa de Cartagena de Indias y sus defensas, 1741

Era el centro de las rutas comerciales del Nuevo Mundo, el lugar donde se reunían las riquezas que más tarde se enviaban a España y por tanto un punto estratégico de vital importancia. Los ingleses atacaron esta ciudad como desagravio a la afrenta de la Oreja de Jenkins: En 1731 un guardacostas español abordó un barco inglés, el Rebecca, y cortó una oreja del contrabandista Peter Jenkins, además de requisar toda su mercancía.

El Almirante Edward Vernon inició con esta excusa la mayor operación militar anfibia nunca vista (hasta el desembarco de Normandía). 195 navíos, 3.000 cañones y 25.000 soldados ingleses apoyados por 4.000 reclutas norteamericanos. En el otro bando, Blas de Lezo contaba con una exigua fuerza formada por 3.000 soldados españoles, 600 americanos y 6 barcos. Su única opción era usar la cabeza.

13 de marzo de 1741. Lezo desmonta los cañones de varios barcos y los emplaza en las entradas a la bahía que da acceso a Cartagena de Indias, llamadas «Bocachica» y «Bocagrande». Los buques se disponen en éstas más para obstaculizarlas que para combatir. Los ingleses bombardearon los fuertes defensivos que protegían la bahía durante 13 días, hasta que Lezo ordenó quemar y hundir sus propios barcos para frenar el avance del enemigo.

Medalla conmemorativa de la victoria del almirante Vernon

Fue inútil: Vernon desembarcó y daba la batalla por ganada. Tanto es así que envió un mensaje a Inglaterra anunciando su victoria y hasta se acuñaron monedas y medallas conmemorativas de su hazaña con la leyenda «El orgullo español, humillado por Vernon». Una de ellas, junto a estas líneas, puede verse en el Museo Arqueológico Nacional.

El inglés sólo tenía que capturar una última posición, el fuerte de San Felipe, para completar la gesta, pero Blas de Lezo estaba preparado para resistir. Ordenó excavar un foso en torno al fuerte que hizo inútiles las escalas inglesas. En el primer ataque murieron 1.500 ingleses sin apenas bajas españolas. Cuando Vernon ordenó la retirada, los defensores salieron de sus murallas para terminar de rematar al enemigo con una carga de bayonetas.

El ataque aún continuó: los ingleses bombardearon Cartagena de Indias desde sus barcos durante más de un mes, pero no consiguieron tomar la plaza. Agotados, sin víveres y azotados por la fiebre amarilla, tuvieron que retirarse vergonzosamente. Tan vergonzosamente que el rey de Inglaterra ordenó que no se hablara ni escribiera sobre la derrota.

Al retirarse, Vernon escribió a Lezo: «Hemos decidido retirarnos para volver pronto a esta plaza después de reforzarnos en Jamaica». Y él le respondió: «Para venir a Cartagena es necesario que el rey de Inglaterra construya otra escuadra, porque ésta sólo ha quedado para conducir carbón de Irlanda a Londres».

¿Queréis saber más? Biografía de Blas de Lezo en la Biblioteca Digital Hispánica (página 283 en adelante)

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