Bienvenidos a Bibliotecalandia

Érase una vez una ciudad, Klagenfurt, que tenía la mala suerte de no disponer de ninguna biblioteca pública pese a albergar una importante feria del libro alemán.

Para poner fin a esta contradicción, esta pequeña ciudad decidió que había que hacer algo al respecto, así que ya que no podían construir una, conviertieron la propia ciudad en biblioteca.

¿Estanterías en las calles? ¿Salas de lectura en el transporte público? No, algo mucho más sorprendente y, sobre todo, acorde a los tiempos.

Los intrépidos klagenfurtenses colocaron 70 pegatinas con códigos QR en los rincones más pintorescos del lugar. Estos códigos permiten la descarga gratuita de libros al aventurero que los localice (por el momento ni están indexados por los buscadores ni nadie ha elaborado un mapa del tesoro).  Los libros que esconde cada código suelen guardar relación con el espacio en el que están colocados, así que los aficionados a la novela negra deberían comenzar por la comisaría y los turistas por la oficina de turismo

Este proyecto, llamado Project Ingeborg en honor de la escritora austríaca Ingeborg Bachmann (nacida en Klagenfurt en 1926) ha transformado la ciudad en una biblioteca entre real y virtual esgrimiendo dos motivos como bandera:

  • Mostrar las posibilidades bibliotecarias de las nuevas tecnologías
  • Luchar contras unas leyes de propiedad intelectual que consideran anacrónicas: todos los libros se descargan gratuitamente de plataformas de libros de dominio público, como Project Gutenberg.

Aunque de momento el proyecto únicamente implica la descarga de libros, los bibliotecarios-ciudadanos planean incluir en el futuro información de referencia, obras de arte y música.

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Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Es curioso, acabo de cruzarme por segunda vez en una semana con Ingebord Bachmann y Klagenfurt. Para que luego alguien diga que no comprende el término «serendipidad»; para mi es eso, encuentros de información, caminos que se cruzan o que se bifurcan…
    Estaría bien que se institucionalizaran de algún modo las sorpresas literarias, en esta época de dominio absoluto de las cuestiones económicas.

  2. Podíamos hacer lo mismo en Madrid, sobretodo en los pueblos de alrededor, donde hay poca accesibilidad a la lectura de calidad.
    Además cerca de la capital siempre hay historias que han ocurrido y han pasado desapercibidas. de esta manera se ampliaría la cultura de los ciudadanos y ellos a su vez podrían compartir sus conocimientos a través de internet.
    Moraleja «todos nos beneficiamos».

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