Athelstan Spilhaus, un cartógrafo a contracorriente

Desde tiempos muy remotos, el hombre siempre ha querido conocer otros lugares y tierras lejanas. Según ha sido explorado el terreno, se han conocido las costumbres de otras culturas, se han establecido vínculos comerciales o se ha tenido acceso a materias primas provocando la exploración de nuevos lugares y continentes.

Atlas portulano

Martines, J. “Atlas portulano” (1570). BNE. GMg/103

La investigación de nuestro planeta es una tarea complicada y peligrosa, sin duda, por ello, no es de extrañar que se buscase un instrumento con el que plasmar todo el conocimiento sobre un territorio.

Los mapas han sido el instrumento que permite tener información sobre la tierra conocida y que posibilita poder presentarla de manera gráfica y visual.

Los mapas están fuertemente marcados por la concepción cultural, científica y religiosa del mundo. Por ejemplo, en los llamados mapas de T en O medievales o en los portulanos, se puede ver el Mar Rojo, el Paraíso con Adán y Eva o Jerusalén reflejados como lugares destacados por su importancia en la Biblia. Este tipo de mapas presentaban la tierra con forma esférica, y una concepción del mundo imaginando cómo se creía que podía ser y no como realmente era.

No obstante, aquellas partes de la Tierra que eran desconocidas planteaban suposiciones sobre quiénes eran las personas que las habitaban y qué criaturas fantásticas escondía el mar para acceder a dichas tierras. Pero había que representar el territorio conocido.

A la hora de representar la Tierra se presentan dos problemas importantes:

– Las dimensiones, un tamaño muy grande para una superficie pequeña

– La forma, la Tierra tiene una forma casi esférica y la superficie para representar la Tierra es plana.

El primer problema se resuelve con la escala y el segundo con las proyecciones, en este último aspecto es en el que nos vamos a detener.

PROYECCIONES CARTOGRÁFICAS

Para el hombre siempre ha sido necesario representar la superficie terrestre y los elementos que la conforman.

La superficie de la Tierra es semejante a una figura geométrica denominada elipsoide (casi forma esférica), achatada por los polos y ensanchada por el Ecuador.

Una de las dificultades que plantea crear un mapa radica en cómo reflejar en una superficie plana (el papel, de forma más habitual) una superficie esférica como es el planeta Tierra. La dificultad también consiste en cómo reflejar de manera fidedigna la forma y tamaño de los continentes y la distancia entre ellos. En cartografía, el término proyección define la plasmación en una superficie plana de la esfericidad de la Tierra.

Figura 2. Mercator, Gerard. “Gerardi Mercatoris Atlas …” (1630). BNE. GMg/1108

Mercator, Gerard. “Gerardi Mercatoris Atlas …” (1630). BNE. GMg/1108

En este aspecto, cabe destacar el gran avance que se produjo en la cartografía con la aportación de Gerard Kremer, conocido también por su nombre latino, Gerardus Mercator. Este cartógrafo, astrónomo y matemático del siglo XVI, creó un sistema de proyección cartográfica conforme que respetaba la forma de los continentes, pero no los tamaños, en lo que se ha llamado posteriormente Proyección de Mercator.

Muchas son las proyecciones que han ido apareciendo, además de la de Mercator, con la finalidad de ir mejorando la representación de la Tierra e ir adaptándola al uso del mapa. Proyección de Peters, Proyección de Robinson, Proyección conforme de Lambert, Proyección de Mollweide, etc. por nombrar solo algunas.

Figura 3. Proyección de Mollweide. IGN

Proyección de Mollweide. IGN

Todas estas proyecciones se han referido principalmente a la representación terrestre quedando en segundo plano las masas oceánicas.

Y es que, a menudo, cuando pensamos  en un mapa, siempre imaginamos la primacía de la superficie terrestre respecto al agua. En gran medida, el hombre quiere conocer un nuevo territorio y habitarlo, saber cómo es la costa de un país o una isla en las cartas náuticas, cómo es el clima y los habitantes de una región o continente, etc., sin embargo el agua, mares y océanos, la vemos, más bien, como un medio de comunicación entre continentes y países, no dándole quizás la importancia que se merece.


ATHELSTAN SPILHAUS

En el siglo XX, aparece una proyección poco conocida en la que nos vamos a centrar y que da protagonismo al agua por encima de las masas continentales. Se trata de la Proyección Spilhaus.

Athelstan Spilhaus

Athelstan Spilhaus, (a la derecha en la segunda fila) (© NASA) https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1592200

Athelstan Spilhaus, cartógrafo “heterodoxo”, fue un oceanógrafo y climatólogo sudafricano, nacido en 1911 y fallecido en 1998. Fue una persona muy polifacética, ya que destacó por su faceta de inventor, promotor de escuelas navales y de pensador. Incluso tuvo una tira cómica en el periódico Boston Globe.

En su faceta de inventor destaca por la creación de un aparato, el batitermógrafo, un instrumento capaz de calcular las temperaturas en las profundidades de los océanos y que fue empleado por los aliados en la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo, su principal aportación al mundo de la cartografía es la que se ha llamado “Proyección de Spilhaus”. Como oceanógrafo, su planteamiento era mostrar la superficie de la Tierra desde el punto de vista del mar. Dado que la mayor parte de la Tierra es agua, y que el mar es vital para el comercio, para la biología y para la mera subsistencia humana ¿por qué no mostrar la Tierra desde el punto de vista de un barco?

Es en el año 1942 cuando “replantea” el mapamundi. Su visión cartográfica del mundo situaba a la Antártida en el centro del planeta y distribuía al resto de continentes a sus márgenes, sin apenas información de sus interiores y tan sólo plasmando sus líneas costeras. Era una proyección muy a contracorriente y en gran medida extraña.

La proyección es algo novedoso y hasta cierto punto radical. Los mapas convencionales tienden a reproducir de forma más o menos fidedigna la posición de los continentes en el planeta, a costa de poner en segundo plano la importancia del tamaño real de los océanos. Cuando mentalmente imaginamos nuestro mapa “habitual”, apenas pensamos en las aguas. Sin embargo, pese a que el planeta se llama Tierra, las masas de agua que forman mares y océanos, constituyen son el 70% del planeta. Spilhaus creía que entender su relevancia era más fácil si todas ellas formaban un sólo océano  enorme sobre el que flotaban los continentes.

La obra Atlas of the World with Geophysical Boundaries, publicada en el año  1991 es una recopilación de diversos trabajos suyos entre los que destaca su proyección. Se convirtió en una rareza, algo distinto y curioso dentro del mundo de la cartografía.

En un mapa hecho según la proyección de Spilhaus, los océanos Atlántico, Pacífico e Índico se funden en una enorme masa de agua que pivota sobre la  Antártida, y en él las tierras se reparten en los márgenes. Llevada a su máxima expresión, se puede ver una imagen del mundo en la que  los cinco continentes están unidos entre sí, de tal modo que sería posible caminar desde la punta sur de África hasta el Estrecho de Bering, lo cual es inabordable.

Spilhaus tenía interés en hablar de forma clara planteándose hasta qué punto las conexiones y el comercio por el mar son cruciales para la humanidad. Es por ello por lo que, a juzgar por su plasmación de la imagen del planeta en sus mapas, cabría suponer que asume la perspectiva de un barco que navega por un planeta donde el agua es el elemento predominante y donde los continentes son, en la práctica, obstáculos sobre un extenso mar.

 

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