Archivos personales de música: descubriendo nuevos tesoros (parte I)

Beethoven murió el lunes 26 de marzo de 1827. La tarde del 29 de marzo de 1827 su funeral congregó una inmensa muchedumbre deseosa de despedir al genial músico. Se dice que la mitad de Viena abarrotaba las calles por donde iba a pasar el cortejo  fúnebre y la otra mitad esperaba su llegada en la Iglesia de la Trinidad, en la Alserstrasse.

Ocho Kappelmeister llevaban el féretro;  entre los portadores de antorchas estaban tanto los más íntimos amigos de Beethoven, como los principales músicos de Viena, incluyendo a un acongojado y doliente  Franz Schubert, que, por cierto, moriría un año más tarde.  A las puertas del cementerio, el actor Heinrich Anschütz leyó la oración fúnebre escrita la noche anterior por el poeta Franz Grillparzer.

Beethoven fue llevado a la tumba como un aristócrata de alta jerarquía. Como un héroe nacional. Incluso las escuelas estaban cerradas. Stephan von Breuning pidió una guardia militar de los cuarteles de Alser para mantener el orden. A pesar de la presencia militar y con esa enorme multitud,  la procesión tardó horas en llegar a su destino. Como era habitual en aquella época, el cadáver sólo se acompañaba hasta la puerta del cementerio. El entierro real tuvo lugar en silencio.

Y ustedes  se preguntarán qué tiene que ver esta historia con el título de la entrada. Bien, ahora toca  hablar del  “tesoro”. Quizá me excedo un poco, pero en los archivos personales de música a veces se encuentran esos objetos que por raros o escasos, o esa pequeña singularidad, se convierten en pequeñas joyas. Les estoy hablando de dos rarezas que alberga la colección personal del musicólogo José Subirá, uno de los grandes y  muchos (pero no tantos), padres de la musicología española. Este gran intelectual de larga vida y enorme obra, coleccionaba de todo, desde postales artísticas a esquelas funerarias. Y  hoy vengo a hablarles de dos de ellas: ambas de músicos, ambas únicas (bueno casi), y ambas muy singulares y apreciadas. No consta que fueran adquiridas en subasta o algo parecido, así que es lícito pensar que José Subirá las obtuvo en el curso de sus viajes (viajó por toda Europa), y gracias a sus numerosas amistades y contactos con libreros, músicos y gentes de gran raigambre en la cultura.

La primera de ellas es una invitación para asistir al funeral  de Beethoven. El que les he contado más arriba, pero desde un lugar privilegiado. El texto fue compuesto por el amigo de Beethoven, Stephan von Breuning:

Ein

ladung

Zu

Ludwig van Beethoven

Leichenbegängnis
welches am 29. März um 3 Uhr nachmittags stattfinden wird.
Man versammelt sich in der Wohnung des Verstorbenen im Schwarzspanier-Hause Nr. 20
am Clacis vor dem Schottenthore.
Der Zug begibt sich von da nach der Dreyfaltigkeits-Kirche
bey dem P. P. Minoriten in der Alsergasse.
Die musikalische Welt erlitt den unersetzlichen Verlust des berühmten Tondichters am 26.

März 1827 Abends gegen 6 Uhr.
Beethoven starb an den Folgen der Wassersucht im 56 Jahre seines Alters

nach empfangenen heil. Sakramenten.
Der Tag der Erequien wird nachträglich bekannt gemacht von

L. van Beethovens Verehrern und Freunden.
(Diese Karte wird in Tb. Haslingers Musikhandlung verteilt)
Gedruckt bey Anton Strauß

Invitación al funeral de Beethoven

Invitación al funeral de Beethoven

Que traducido y resumido viene a decir:

“Invitación a las honras fúnebres de Ludwig van Beethoven. Se invita a los dolientes a reunirse en la casa del difunto en la Schwarzspanier-Haus, no.200 («am Glacis vor dem Schottenthore»). El cortejo se dirigirá desde allí a la Iglesia de la Trinidad en la Alserstrasse.  La irreparable pérdida para el mundo musical del célebre maestro tuvo lugar el 26 de marzo de 1827, a las 6 pm. Beethoven murió a consecuencia de una hidropesía, con  56 años de edad, después de haber recibido el Santísimo Sacramento. Los deudos y amigos de L. van Beethoven darán a conocer el día de las exequias”.

¿Alguna vez les han invitado a un funeral de forma tan ceremoniosa? Bien, parece ser que esto era algo habitual antiguamente.

Cuando se escribió el texto, nadie podría haber imaginado que aparecería una cantidad tan grande de gente para despedir al músico. Tal vez por ello en seguida la tarjeta se convirtió en objeto de deseo y los investigadores han encontrado dos versiones de la invitación o Einladung. La primera se distribuyó en la tienda de música de Tobias Haslinger y el impresor, identificado en la esquina inferior derecha como Anton Strauss, era un editor de libros que también imprimió una canción de Beethoven en 1820, «Abendlied unterm gestirnten Himmel», WoO 150. En 1832 se descubrió una segunda versión de la Einladung, editada por la viuda de Strauss, que a primera vista parecía ser el formato conocido de la versión de 1827. ¡Pero un examen más detallado revelaba  al menos veinte discrepancias, tanto mayores como menores, entre ambas! Esto no hubiera sido posible si se hubieran utilizado las planchas originales, así que todo invita a pensar que se imprimieron  nuevas Einladung, aprovechando el tirón de la popularidad de Beethoven. En mi humilde opinión el ejemplar que adquirió José Subirá para su colección era el “genuino” de 1827.

El segundo de los “tesoros” de José Subirá contrasta con el anterior en que, precisamente, ilustra la situación contraria: también es la despedida de un compositor, Fernando Sor, pero, no sólo absolutamente olvidado en su patria, sino incluso repudiado. De Fernando Sor sí quiero contarles algo.

El musicólogo francés Fétis lo llamó el “Beethoven de la guitarra” (¡qué casualidad, hombre, al final todo tiene que ver!). Fue Sor uno de esos personajes geniales de agitada vida y obra fecunda. Con diecisiete años luchó como  voluntario contra los franceses en la Guerra de la Convención de 1795. Parece que fue en esta época cuando se aficionó a la guitarra, instrumento con el que pasó  a la historia como uno de los mejores compositores del siglo XIX.

En 1808 asistió al levantamiento del 2 de mayo en Madrid. De nuevo se alistó en el ejército, al tiempo que se implicaba en la causa nacionalista, componiendo las más patrióticas canciones de la Guerra de Independencia. En seguida se le presentó a Sor el dilema, como a tantos otros españoles contemporáneos suyos, de luchar contra los franceses o aceptar la ocupación: se decidió por esto último, es decir, por el partido de los progresistas que veían en la monarquía de José Bonaparte la esperanza de una España reformada. Al final esta decisión le llevó al exilio, un exilio azaroso, pues viajó a Londres, Berlín, Varsovia, Moscú, París… Tuvo grandes éxitos, escribió mucho, dio muchos conciertos – como intérprete de guitarra o bien como cantante-, fue profesor de canto y de guitarra y publicó una ingente cantidad de obras.

Carta de Hercule et Omphale

Carta de Hercule et Omphale

Pensando en el regreso a España, Sor escribió su obertura para Hercule et Omphale dedicada personalmente a Fernando VII, con una carta manuscrita (MC/4429/13) en la que declara que es “a mi juicio, la mejor que he compuesto” y dedicada por “su humilde vasallo (…) al primero  a quién debo este homenaje”. Ni que decir tiene que sus esfuerzos no sirvieron de nada. Años más tarde lo volvió a intentar con un Himno (M.REINA/16(23)) dedicado al cumpleaños de la reina regente María Cristina, rogándole que le dejase volver, presumiendo de su fama en Europa y lamentando ser ignorado en su patria. No sabemos qué respondió la reina, ni siquiera si respondió.

La última etapa de la vida de Sor transcurre en París, entre 1826  y 1839, año de su muerte. En esta época se dedicó sobre todo a la guitarra: fue profesor y compuso música para ella, dio conciertos guitarrísticos y publicó su  célebre Méthode pour la Guitare. Estos últimos años fueron amargos: su mujer y su hija adolescente murieron con muy poco tiempo de diferencia.  Fernando Sor no murió en la miseria, pero sí en el olvido y la tristeza, acompañado únicamente de sus amigos Antonio Gironella y José Perriera  de Lira. Su entierro se celebró el 12 de julio en el cementerio de Montmatre, como se lee en la invitación a su funeral redactada por José de Lira, “frére et ami du défunt”, y en donde lacónicamente pide que “On se réunira à 8 heures Marché St. Honoré 36”.

Invitación al funeral de Fernando Sor

Invitación al funeral de Fernando Sor

Como ven, en este caso no hubo cortejo fúnebre, ni multitudes llorosas, ni duelo nacional.

Una partitura manuscrita atribuida a Sor (Mc/4198/33 y 53) tiene un emotivo texto, tal vez profético, que comienza así:

No tocarán campanas cuando yo muera
Que la muerte de un triste muy poco suena

En próximas entradas les hablaré de otros tesoros que albergan nuestros archivos personales de música.

Les dejo con música de guitarra. De Fernando Sor, por supuesto.

Para saber más sobre las dos versiones de la Einladung:

The Invitation to Beethoven’s Funeral – The Second Version
Y sobre Fernando Sor.

 

Juan Bautista Escribano Sierra
Departamento de Música y Audiovisuales

Comparte

Esta entrada tiene 4 comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *