Alhaquén II, el califa bibliófilo

¿Y Alhaquén? ¿Y Alhaquén, el amante de los libros raros? ¡Qué de miniaturistas y de copistas y de encuadernadores en su palacio! ¡Qué de emisarios suyos por el Cairo y Bagdad, por Alejandría y Damasco, buscando libros para su biblioteca! Bien se leyó en su epitafio: ¡Por Alá, que jamás los tiempos traerán otro semejante a él!

Arturo Capdevila en Caras y Caretas, 10/01/1925, pág. 3

El latiguillo «en la Edad Media la cultura y los libros se recluyen en los monasterios» es tan habitual y tópico que no solemos pararnos a pensarlo. ¿Será verdad? No lo parece: ¿sabíais que una de las bibliotecas más importantes del mundo en el siglo X estaba en Córdoba? Y no penséis en los monjes de El nombre de la rosa, ésta pertenecía al califa Alhaquén II (915-976).

 [Mezquita de Córdoba] : Interior Durante su reinado, a partir de 962, la ciudad de Córdoba fue, junto con Bagdad, el centro cultural y político del mundo conocido. Pero Alhaquén no era un caso extraño en su época y lugar, había heredado el amor por el arte de su padre, Abderramán III, poseedor de una vasta biblioteca personal y responsable de la construcción de Medina Azahara.

Alhaquén continuó la obra de Abderramán y elevó la cultura y el arte de Córdoba a nuevas cotas: hizo ampliar la Mezquita de Córdoba (se derriba el muro de la qibla para ampliar el oratorio y se decora el interior con mosaicos bizantinos llevados desde Constantinopla); concluyó la construcción de Medina Azahara y también dotó a Córdoba de servicios y obras públicas que hoy nos parecen esenciales: bajo su reinado se pavimentaron las calles, se instaló alumbrado nocturno y se construyó un modernísimo sistema de alcantarillado. Creó una red de escuelas públicas y otra de bibliotecas, se dice que hasta 70, la principal de las cuales albergaba 400.000 volúmenes (cifra seguramente exagerada) que abarcaban todas las ramas del saber. Si había algo parecido, entonces, a una Biblioteca Nacional, debía de ser aquélla.

Tabla escolar árabe

Tabla escolar árabe

Pero no era solamente un lugar donde se acumulaba un conocimiento inmóvil: junto a la biblioteca existía un taller de copistas, miniaturistas y encuadernadores que reproducían y restauraban los libros, e incluso conocemos los nombres de las dos copistas más importantes: Lubna, la secretaria personal del califa, y Fátima. ¿Os ha sorprendido que fueran dos mujeres?

Alhaquén enviaba emisarios por todo el mundo en busca de libros para enriquecer sus colecciones y a este comercio debemos la supervivencia de muchas obras clásicas. Fue mecenas de escritores y artistas, cuyas obras hacía llevar a Córdoba sin reparar en gastos.

«Nunca había reinado en España un príncipe tan sabio, y aunque todos sus predecesores habían sido hombres cultos y aficionados a enriquecer sus bibliotecas, ninguno había buscado con tanto afán libros raros y preciosos».

Historia de los musulmanes de España, Dozy, R. vol. 3 p. 99

El propio califa componía versos, también, algunos de los cuales han llegado hasta nosotros, al menos en una versión traducida posterior:

De tus ojos y los míos,
en la triste despedida,
de lágrimas los raudales
inundaban las mejillas.

Líquidas perlas llorabas,
rojos zafiros vertías:
juntos en tu lindo cuello
precioso collar hacían.

Extraño amor al partir
cómo no perdí la vida:
mi corazón se arrancaba;
el alma salir quería

Extraído de Revista de España, enero de 1882, pág.57

Aunque la biblioteca no ha llegado a nuestros días, las fuentes de la época afirman que Alhaquén leyó todos o gran parte de sus libros y dejó anotaciones y comentarios en muchos de ellos. Sabemos también que existía un catálogo de títulos que ocupaba 44 cuadernos de 20 hojas (Dozy). La colección estaba ubicada en el alcázar califal y el bibliotecario responsable de ella y de las labores de copia y restauración era un eunuco llamado Talid.

¿Qué le ocurrió a esta impresionante colección de libros? Tuvo un fin trágico cuando Almanzor hizo quemar las obras de filosofía, astronomía, etc. que consideraba opuestas a la religión. Parte de la colección pervivió a través de copias y muchos volúmenes terminaron en poder de los gobernantes de los reinos de taifas, pero pasarían siglos hasta que se reuniera de nuevo una colección de libros semejante.

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Esta entrada tiene 4 comentarios

  1. Hisam. Su hijo la sucedio pero practicamente fue Almanzor quien se hizo con el poder, No se muy bien que paso con Hisam, aparte de que tubo a la familia en contra y un reinado conflictivo.

    1. Hisham II gobernó sin ejercer el poder real, dominado por Almanzor. Se cree que murió asesinado en el año 1013, en pleno conflicto entre bereberes y árabes

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