40 años en la Biblioteca Nacional de España

El reencuentro de Mercedes Dexeus, Nieves Iglesias y Elena Santiago

En la imagen de izq. a dcha. Mercedes Dexeus, Elena Santiago y Nieves Iglesias

De izq. a dcha. Mercedes Dexeus, Elena Santiago y Nieves Iglesias.

De la Biblioteca del siglo XIX a las del XXI. Han vivido el franquismo, la transición a la democracia, la revolución femenina, la movida madrileña, la era de la informática y de la digitalización… Mercedes Dexeus, Nieves Iglesias y Elena Santiago han conocido todo lo que es y ha sido España entre las salas y los depósitos de la Sede de Recoletos de la Biblioteca Nacional de España. Las tres formaron parte de la gran familia de la Biblioteca durante más de cuarenta años. Miles son las experiencias y anécdotas, igual reivindicaban mayor personal para su departamento que duplicaban las llaves de servicio de señoras para no tener que pedir permiso, se enfrentaban a la prohibición de usar pantalones o sacaban el cristasol para montar una exposición. Cada una en su ámbito, han visto cómo ha cambiado la sociedad española a través de la cultura. Esta transformación y sus experiencias son la base de las conferencias que impartirán en el ciclo Acércate a la Nacional.

¿Qué os ha dado la Biblioteca, y qué le habéis aportado a ella?

Mercedes Dexeus (M.D.): La Biblioteca me ha dado a mí casi todo. Tenemos que reconocer lo que nos ha proporcionado la Biblioteca a todos. Me he encontrado casos en los que no se ha reconocido, y me parece una injusticia tremenda, porque creo que a todos los que hemos estado aquí nos ha concedido mucho.

Elena Santiago (E.S.): Muchísimo. Nos ha dado el privilegio de trabajar con unos fondos maravillosos, de conocer a gente excepcional, por una parte los compañeros y por otra parte los investigadores, porque hemos tenido contacto con los mejores investigadores, cada una en nuestro campo. A los que nosotros ayudábamos, pero de los que nosotras aprendíamos. Y realmente ha sido una relación muy rica, fluida e interesante. Hemos hecho amigos para siempre. Yo creo que jamás me he aburrido ni un minuto en los cuarenta años. Era imposible  Que se lo cuenten a nieves.

Nieves Iglesias (N.I.): Bueno, yo soy incapaz de aburrirme en mi vida privada, pero aquí era imposible, porque pasabas de un estado de exaltación a otro de depresión total. Nosotras proponíamos continuamente trabajos, ideas, proyectos… Una vez hice yo la presentación de un libro junto con una directora. Cuando dije que lo había conseguido después de haberlo pedido cien veces, me acuerdo que se enfadaron. La directora salió sin saludarme.

M.D.: Uno de los directores que hubo aquí en la Biblioteca, en un momento en el que estábamos los jefes de departamento luchando por tener más personal, me dijo: “pero es que nadie se lo creería, se pensarían que estáis luchando por dinero, y lo único que queréis es catalogar”.

N.I.: Queríamos catalogar más, y yo no hacía más que presentar proyectos y proyectos, porque sabía que tenía que presentar muchos para colar alguno a la dirección. Siempre que te encontrabas con un no, tenías una depresión horrible. Pero nunca lo dejábamos, inmediatamente pasábamos a otro.

Tesón teníais…

N.I.: Un tesón espantoso.

E.S.: Y nunca perdíamos la esperanza. No se sabe de dónde sacábamos fuerzas. A veces, tenías la sensación de que molestabas, y lo único que querías era trabajar.

M.D.: Yo creo que de estar cerca de los fondos. La gente me decía muchas veces que la Biblioteca Nacional parecía un lugar difícil y complicado, y me preguntaban que cómo aguantaba. Yo decía: “es que tengo fondos que no encuentro en ninguna otra parte”. Solamente por estar cerca de estos libros merece la pena.

E.S.: Siempre decíamos eso, mientras no regalen los fondos, ya pueden cambiar todo el sistema. Y es que los fondos son un tesoro, y son un orgullo para este país.

M.D.: Si hemos elegido esta profesión es, precisamente, porque nos interesan los fondos que están en la Biblioteca. Aquí teníamos lo mejor que podíamos encontrar.

Después de tantos años en la Biblioteca, ¿sentís que no podíais haber encajado en otros sitios?

E.S.: Yo no, aunque nací prácticamente aquí y me he jubilado aquí. De hecho, he estado en otros dos sitios. El primer destino fue la Biblioteca del Ateneo, y fue una experiencia nefasta, y después estuve un año en la Biblioteca de la Universidad de Barcelona.

M.D.: Donde estuve yo, poco después.

E.S.: Donde estuviste tú. Fue una experiencia estupenda. Y luego, aquí, hasta que nos hemos jubilado. Ésta ha sido nuestra casa, aquí hemos vivido las tres. Veníamos de nueve de la mañana a nueve de la noche porque queríamos.

N.I.: Porque, además, no teníamos horario. Yo no tenía horario. Me extrañaba cuando la gente se iba. Yo me levantaba a las siete y a las ocho estaba aquí. Y me iba a las ocho de la noche. Y eso de las fiestas de San Isidro, yo nunca las he cogido. No me imagino una vida fuera de la Biblioteca.

En pocas décadas, la Biblioteca Nacional cambió sus sistemas de funcionamiento, más pertenecientes a una institución decimonónica, hacia un modelo bibliotecario del siglo XXI, ¿cómo fue esa transformación?

N.I.: Ha sido dramático.

E.S.: Traumático.

M.D.: Yo no creo que fuera tan traumático

N.I.: Fue súper dramático, Mercedes. No tienes esa sensación porque no estabas con los documentos, estabas en el tesoro.

M.D.: Yo he estado siempre con documentos. No me quise meter en un despacho para no dejar los libros.

N.I.: Fue muy traumático porque se empezó a informatizar las fichas desde el índice, ¿te acuerdas? La Biblioteca tenía un índice central, y luego fueron haciendo las secciones especiales. Entonces, estas secciones se quedaron muy aparte.

M.D.: Los catálogos antiguos son fichas que todavía se conservan. Son buenísimos para encontrar información.

E.S.: Afortunadamente, se han conservado. Son la historia de la Biblioteca.

Incluso hoy en día, no se podrían descartar…

E.S.: No, por Dios. En esas fichas manuales está la historia de la Biblioteca. Por las letras de las fichas sabes, más o menos, en qué época se hicieron, si están bien hechas y si son totalmente fiables. Esas fichas son un tesoro, porque eran el corazón de la Biblioteca. Cuando te destinaban a la Biblioteca, por lo general, pasabas por el índice y por Catalogación, porque aquello era el corazón. Allí es donde estaba todo. Entonces, esas fichas son el testimonio. No se pueden tirar, aunque lo hayan intentado alguna vez que otra.

N.I.: Sí, lo han intentado.

M.D.: Son documentos históricos, no hay que tirarlos.

¿Cómo habéis vivido la digitalización de la Biblioteca?

M.D.: Yo creo que la cuestión de la digitalización es utilísima para trabajar en casa con los documentos que has visto originariamente, porque sin ver el original no se puede hacer una investigación, no es serio. Si ves la investigación de alguien que se basa en un libro, en un manuscrito, en unos impresos, y  no ha visto el original, esa investigación no vale para nada, porque no podemos saber a qué contenido se refiere, puede ser una copia, puede estar manipulado. En cambio, el original está ahí, nos dice de dónde procede el libro, quién lo hizo, cómo se hizo, y ésta es la forma de autentificar un testimonio, sino no vale para nada, está completamente falta de rigor y de credibilidad. Esta es una lucha que hemos tenido, porque la gente se cree que los libros son solamente lo que pone en ellos.

E.S.: Sí, es que, realmente, ahora se piensa que todo está en internet, y no hay ni una mínima parte. Y, hay que tener otra cosa en cuenta, para que esté en internet, antes ha habido un bibliotecario que lo ha estudiado e investigado, porque hacer un registro supone realizar una investigación seria y rigurosa, para después digitalizarlo y ponerlo en internet. Entonces, se ha avanzado muchísimo, lo que dice Mercedes, en casa puedes preparar el trabajo, pero, si quieres hacer el trabajo serio, tienes que venir. Y luego, para ver la riqueza de la Biblioteca, tienes que venir a ver las exposiciones.

M.D.: No recordáis aquellas exposiciones en que montábamos todo.

N.I.: Íbamos todos con el cristasol y un trapo limpiando las vitrinas, seleccionando los libros, colocando todo, luego ya vino el diseño.

E.S.: Me acuerdo que con las astillas de calefacción se hacían montoncitos, y luego, se cubrían con unos paños de terciopelo dorado y rojo, y ahí se apoyaban los libros y los grabados. Eso eran las exposiciones. Así fue durante muchos años. Siempre estábamos preparando algo.

N.I.: En cuanto a lo del cambio, cuando yo presente mi libro, leí un artículo de Steve Hoffman de la Library of Congress, que decía que las bibliotecas tenían que cambiar porque lo que ofrecemos ahora ha cambiado muchísimo, no sé si aquí se han dado cuenta. Por ejemplo, para la descripción de los libros, nosotros hacíamos una ficha. Y resulta que, ahora, las librerías y las editoriales ofrecen esa ficha y más completa. Así que la Biblioteca se ha quedado anticuada. La Biblioteca tiene que ofrecer algo más. Creo que eso no lo ha captado la Biblioteca, se ha quedado un poco anclada a un sistema de catalogación un poco antiguo.

M.D.: Sí, pero lo que son los fondos antiguos.

E.S.: Depende de los fondos.

N.I.: En el fondo antiguo yo creo que también se da, Mercedes. La Biblioteca se ha creído que había que seguir las normas internacionales de catalogación. Eso vale para las bibliotecas públicas. La Biblioteca Nacional tiene que dar un paso más. Es lo que decías tú, cada ejemplar vale por sí mismo. Tiene un sello, una encuadernación, una procedencia, una firma y unas características que son únicas. Entonces, eso hay que añadirlo, y la ficha normal que se hace no añade nada.

M.D.: Porque están basadas en el libro moderno, porque llevamos muchos años en los que se ha pensado en el fondo antiguo en plan despreciativo, a la que no había que servir.

E.S.: Esa ha sido la lucha de los departamentos especiales, intentar que entendieran que los documentos especiales son documentos especiales, y que las normas para catalogar fondo moderno había que modificarla, adaptarla a cada documento.

M.D.: Y la formación de los bibliotecarios.

E.S.: La formación es fundamental, los fondos especiales tienen que tratarlos personal especializado. Porque si tú tienes un dibujo delante y no sabes de qué época es, de qué escuela es, de qué artista es y qué representa, qué vas a poner en el registro. Ésa ha sido la gran lucha nuestra, intentar formar equipos especializados que pudieran tratar esos fondos, y eso se ha perdido.

M.D.: En muchos casos, se han tenido que formar después. Porque, desde hace unos años, en las oposiciones, se ha dejado completamente de lado el libro antiguo.

E.S.: La Biblioteca Nacional no es una biblioteca pública, es la Biblioteca Nacional de España, y eso hay que tenerlo clarísimo para todo, para pensar en un futuro, en un presente y  para tener muy claro qué se quiere de esta biblioteca.

La lucha por los pantalones

N.I.: Cuando yo llegué a trabajar, empecé en Clasificación, donde había un servicio para las señoritas y había que pedir la llave para usarlo. Y no podíamos llevar pantalones, y era la época de la minifalda. Cuando los llevaba, no me quitaba el abrigo.

M.D.: En el primer puesto que tuve, en el Ministerio de Educación, tenía una jefa que era archivera, Vicenta Cortés, una mujer muy valiosa, y no se preocupa de cómo iba yo vestida. “Oye, vas con pantalones, ¿qué te dice tu jefe?”, me decían en otros departamentos del Ministerio, y yo les contestaba: “mira, mi jefe quiere que trabaje, si voy con pantalones o con faldas”.

N.I.: La mujer aquí era un apoyo total a la autoridad. Bueno, depende. Por ejemplo, la madre de Elena no, la madre de Elena era una bibliotecaria llamativa y audaz, pero las demás no. Mira, lo del servicio lo solucionamos duplicando las llaves. Había tantas llaves, que ya no era posible cerrar la puerta. Para una visita de los reyes, me compré un vestido que tenía un escote relativo, y una señora que me dijo: “estás muy guapa, estás muy guapa, ¡pero el escote!”. Y menudo escote que llevaba yo que era delgadísima.

E.S.: Sí, yo me acuerdo que me llamó el director de turno y me dijo: “Elena, en el consejo de dirección se ha tratado el tema de los pantalones”. Yo le dije: “no hay problema, me voy a mi casa”. Claro, trabajaba en el ala norte, en una esquina con un frío horroroso.

M.D.: ¡Qué frío hemos pasado!

E.S.: Yo decía: “bueno, si cada dos por tres estoy con pulmonía, vale, a ver que le compensa más a la Biblioteca”. Y me dijo: “no, hija, tienes toda la razón, haz lo que quieras, pero yo te lo tenía que decir”.

N.I.: ¡Qué cosas hemos vivido!

E.S.: Parece que fue la prehistoria, pero es que somos historia.

¿De qué trata cada una de vuestras conferencias?

N.I.: Yo lo que voy a hacer es empezar diciendo quién soy yo, cuánto tiempo he trabajado y los cambios fundamentales que ha habido. Explicaré una característica de música, que a mí me gusta, y es un poco opuesta a las demás secciones, donde se destacan mucho los tesoros. En música, ha habido otra manera de actuar. Cuando yo llegué, era la época de los conjuntos yeyés, el año 66. A música llegaban miles y miles de partituras y discos, y eso se dejaba ahí sin catalogar. Yo lo he catalogado, y me ha sorprendido, ahora desde casa, cómo eso no se ha atendido en la Biblioteca. Se ha despreciado un poco lo que de verdad oía la sociedad. Y eso se ha quedado muy oculto. Es lo que me gustaría destacar, la relación de la Biblioteca con la sociedad. La relación con lo que era real, con lo que la gente oía en la salas de fiestas o en los teatros. Y la biblioteca se ha apartado mucho de eso. Se ha quedado en los tesoros, y a mí eso no me parece bien.

E.S.: En mi caso, son testimonios de la sociedad, de la mentalidad, de las ideas, de la política, de lo que desde el poder, que era el que creaba las ideas gráficas, se quería transmitir a la sociedad. De manera, que no son sólo obras de arte, son muchísimo más. Son, sobre todo, testimonios de la historia y de la cultura. Entonces, no se trata de pasar la vista por una obra de arte perfecta y maravillosa, hay que intentar entender que más nos dice esa obra.

M.D.: Creo que estamos las tres de acuerdo en este interés para ligar lo que ha sido la sociedad de cada momento con los fondos que aquí tiene. Por ejemplo, y estoy muy de acuerdo con Nieves y con Elena, en la cuestión de que los tesoros son bonitos, pueden a traer a la gente, pero, en realidad, en el fondo general que hay en la Biblioteca, los impresos, los despreciados impresos porque los tenemos en casa son lo que la gente leía. Entonces, tienes que ver lo que hay en cada momento, porque en los libros que hay en esta Biblioteca está la historia intelectual de España. Se ha hablado mucho de que la historia está en los archivos porque allí están las firmas de los reyes, bueno esto es importantísimo, pero lo que ha sido la mentalidad de la gente está en estos libros, en sus imágenes y en su música.

N.I.: Todo iba junto.

E.S.: No se puede separar nada. La cultura es un total, son muchas cosas y no se puede compartimentar. Y, aquí, está junto. Ésta es la gran ventaja, cuando se quiere investigar la historia, la literatura, la cultura de las comunidades, hay que venir a la Biblioteca Nacional porque aquí está todo junto.

N.I.: Mira, había una planta de los depósitos generales cuando yo llegué aquí, no sé si ahora está, donde iban llegando los libros y se colocaban según llegaban. Aquello era maravilloso porque te paseabas por allí y veías lo que se había publicado. Así que tiene razón Elena, es como una masa, aquí está la historia de España, la buena, la mala, la regular, la que se ha olvidado. Es extraordinario.

¿Ha sido un placer trabajar más de cuarenta años en la Biblioteca?

E.S.: Lo ha sido.

N.I.: ha sido un placer.

E.S.: Si no, no habríamos aguantado con lo que hemos rabiado.

M.D.: Yo he tenido remordimientos de pasármelo tan bien mientras trabajaba, mientras que había otra gente que lo pasaba muy mal.

E.S.: Remordimiento no, porque lo estábamos dando todo.

N.I.: Eso es verdad.

M.D.: Yo no lo hubiera cambiado por irme de juerga.

E.S.: De hecho, no lo hemos cambiado.

N.I.: Aquí hemos muerto.

Cuando paseáis por El Paseo de Recoletos, ¿tenéis la necesidad de girar la cabeza para contemplar el edificio?

N.I.: Siempre.

E.S.: Es inevitable.

M.D.: Yo no había caído, pero es cierto. Tanto es así que siempre nos olvidamos de lo que hay en el otro lado, por lo menos yo.

N.I.: Sí.

Rocío Olivares
Vídeo: Borja Sierra y Adrián Domínguez

Comparte

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *