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El cartel se pone a punto

marzo 1, 2013 | Sin comentarios

“Un hombre es lo que él hace de sí mismo”. Esa cita del célebre Alexander Graham Bell, inventor del teléfono, puede definir al austríaco Johann Alois Senefelder, que en 1796 inventó la litografía. Con ella propició un destacado boom de creación artística en la historia: el cartel. Este género hunde sus orígenes en Francia, a finales del siglo XIX. La Belle Epoque cautivaba a los franceses y arrastraba al resto de Europa bajo un manto de color y desarrollo que la Primera Guerra Mundial se encargaría de truncar. El optimismo de la época se vio reflejado en los carteles, que además recibieron influencias de las corrientes pictóricas del momento: el Modernismo y el Art Deco.

El primer cartel en España data del siglo XVIII y fue de temática taurina, como muchos de los que se crearon posteriormente en territorio nacional. De hecho, anunció una corrida de toros que recaudó fondos para la construcción de un puente sobre el río Manzanares, en Madrid. El objetivo del soporte cartel, como en la actualidad, era lanzar un mensaje comunicativo, publicitario en muchas ocasiones, que persuadiera e informara a la población. Fiestas municipales, ferias y costumbres quedaron plasmadas en carteles de gran tamaño que sirven hoy día a los investigadores para entender mejor la forma de vida que predominaba en la sociedad de aquella época. Los carteles que la Biblioteca Nacional de España custodia constituyen un gran testimonio de lo mucho que ha cambiado la sociedad.

Entelado

La Biblioteca Nacional de España ha estado realizando labores de restauración desde el 18 de febrero en varios carteles de gran formato. El proceso, excepcional debido al tamaño de las piezas, ha sido coordinado por Esther Alegre, restauradora de la Biblioteca. “Necesitamos hacer estos trabajos en un lugar especial, puesto que el tamaño de las obras impide el uso de los laboratorios”. Victoria Bescansa, otra de las restauradoras, asegura que “es curiosísimo contemplar cómo han cambiado las costumbres en apenas siglo y medio”.

El objetivo de la restauración es la preservación del patrimonio para que, de ese modo, no se pierda información. Los grandes carteles son documentos de difícil conservación debido a la mala calidad del papel y a su gran tamaño. En todos aparecen dobleces por los que el papel termina rompiéndose debido a la imposibilidad de guardarlos extendidos; además hay que contar con el deterioro que provoca el implacable paso del tiempo. Para restaurar estas obras, el equipo, formado por Esther Alegre, Victoria Bescansa, Luz Díaz y Clara Bosch –becada por el Ministerio de Cultura-, ha empleado la técnica del entelado. En este método el soporte original se adhiere a un soporte textil, elegido según el gramaje y las características de la obra que se está tratando, para aportar a esta resistencia y facilitar su manipulación.

Los primeros pasos en la intervención son la limpieza, eliminación de adhesivos antiguos y oxidados, parches, manchas, etc. Se da paso luego a la consolidación y reintegración del soporte, y acaba todo el proceso con la reintegración cromática.

Entre las piezas hay obras de reconocidos cartelistas como el francés Jules Cheret o un cartel de la Metro Goldwyn Mayer que muestra los dibujos de Tom y Jerry como si estuvieran posando para una fotografía, aunque salvo excepciones es el cartel made in Spain el protagonista. “Los primeros carteles hechos en España se caracterizaban por su sencillez, tan solo recogían nombres de personalidades y espectáculos. Con el tiempo mejorarían su diseño”, explica Victoria Bescansa. Llama la atención uno del municipio valenciano de Buñol en el que se recogen las actividades más destacadas de las fiestas patronales de 1897 y en el que no hay ni rastro de la hoy internacionalmente conocida Tomatina. Pero eso sí, se recuerda a los vecinos que podrán jugar a la cucaña, que consistía en trepar un mayo, es decir, un poste decorado que se colocaba durante la festividad del mes de mayo; o que podrían presenciar “carreras de velocípedos”.

El mundo del toreo constituye un género aparte en el cartelismo español. De estética clásica, la notable influencia de esta centenaria tradición se recoge en muchas obras que anunciaban corridas y que presentaban como protagonista al toro para darle más emoción al cartel, como por ejemplo uno de 1898 de las fiestas de la Virgen Blanca de Vitoria. Toreros de la talla de Emilio Torres “El Bombita”, Lagartijo, Espartero, Belmonte o Manolete fueron retratados para el deleite de los aficionados al toreo.

Fernando García Bravo, oficial de gestión en el Departamento de Control Bibliográfico de Revistas de la Biblioteca Nacional, reflexiona sobre el motivo por el cual el cartel ha perdido el espacio de antaño en las ciudades: “La sociedad ha cambiado. Ahora la publicidad inunda la televisión e internet; además es mucho más económico hacer publicidad digital que un gran cartel y ello ha rematado el género”. García Bravo, gran conocedor del cartel taurino, le dedica a este género un capítulo en su libro: Tauromaquia añeja: historias.

En la sala habilitada para la restauración se pueden encontrar también carteles más recientes de películas de mediados del siglo XX, e incluso algunos mapas. Famosos carteles como los de de la guerra civil española o el celebérrimo “I want you for the US Army”, que se usaron como propaganda durante el siglo pasado, fueron consecuencia de un invento, la litografía de Senefelder que revolucionó las artes gráficas.

Javier Portillo Suárez
Servicio de Web

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