Muchos cambios y algunas certezas para las bibliotecas de investigación, especializadas y centros de documentación

7 mayo, 2019

Lluis M. Anglada

El profesional de la información, ISSN 1699-2407, Vol. 28, n. 1, 2019, p. 1-9

 

Vivimos en una época de cambios constantes y acelerados, y esto crea en nuestra subjetividad la sensación de que cualquier cambio es permanente y bueno, y que en los tiempos que corren, gestionar es adaptarse al cambio. Casi toda la biblioteconomía hecha hasta ahora se ha centrado en la información objeto. Lógico, en un contexto de información escasa, lo primero es recoger, y luego organizar. Pero en el cambio de paradigma que estamos viviendo, la información pasa a ser abundante y se comodiza. El uso de información dependerá menos de sus tratamiento físico que del trabajo que puedan hacer los centros de información para adaptar sus técnicas a los procesos intelectuales tal como nos vienen modulados por la época que vivimos. Así pues, si ha lugar redefinir la biblioteca para el futuro, no ha de ser a partir de un nuevo marco tecnológico sino a partir de un nuevo marco sociológico. Olvidemos los soportes documentales y preguntémonos qué necesidades cubría y qué necesidades debe cubrir la biblioteca o centro de documentación y qué lenguaje debe emplear para hablar con sus usuarios. Archiveros, bibliotecarios, documentalistas e incluso museólogos tenemos el objetivo profesional común de procesar información para que ésta pueda ser encontrada y utilizada con facilidad por el ciudadano y el investigador. En este artículo se describen las motivaciones y consecuencias de la Ciencia Abierta y de las Humanidades Digitales. Acto seguido se habla de las bibliotecas de investigación, especializadas y centros de documentación como la web del  Museo del Prado, Transcribe Bentham, eBird, Mapa Literari Català, en relación a ejemplos relacionados con esta etapa de cambios. Vivimos en un momento que tiende a hacer que toda la información que una persona tendrá en cuenta esté en la Red. La biblioteca como agregador de contenidos escasos pierde valor, por ello la manera que bibliotecas y centros de documentación tienen de ganar valor es desplazar su atención y servicios desde el documento hacia el proceso de usarlo. Vistos los cambios en las técnicas documentales, los documentalistas o bibliotecarios deben orientar sus servicios a digitalizar, vehiculizar la participación ciudadana y crear comunidades. En muchos aspectos las bibliotecas han sido creaciones que una autoridad ilustrada ofrecía a sus administrados, pero la gente reclama formar parte del movimiento. Las bibliotecas y centros de documentación ocupan una posición de privilegio para quien haga de enlace entre una institución y el público al que se dirige.

Resumen realizado por José María Amate Sánchez

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