Aprender de los errores para pensar el futuro del patrimonio

25 abril, 2019

Manel Miró Alaix

Cuadiernu: difusión, investigación y conservación del patrimonio cultural, ISSN-e 2340-6895, n. 6, 2018, p. 159-174

 

Para ser conscientes de la encrucijada en que actualmente se encuentra el sector del patrimonio en España, es necesario reflexionar y recordar el camino recorrido en los últimos treinta años y ver dónde y cómo se forjó la tradición en la que estamos inmersos y que nos proporciona una identidad que nos identifica. La tradición democrática de la puesta en valor del patrimonio en España se forjó en un contexto de lucha contra la especulación y en el seno de una sociedad con poca sensibilización hacia la preservación de los bienes culturales. Esta tradición democrática se construyó sobre la tradición que se heredó de los cuarenta años de Dictadura, con una fuerte carga administrativa y poco interés por la gestión. La peor consecuencia fue el alejamiento de la sociedad de unas instituciones patrimoniales muy elitistas. El solapamiento de ambas tradiciones que se produjo en ese contexto de lucha por la salvaguarda de los bienes culturales acabó por generar una mentalidad orientada a la conservación del sector. Quizá el rasgo más relevante de todos sea que las instituciones y los profesionales tienden más a preocuparse por el patrimonio que por las personas para las que se conserva y se gestiona este mismo. Esta actitud deriva en gran medida de que en las instituciones se suele poner más el acento en la administración de los bienes patrimoniales que en su gestión creativa. En este artículo se establece un recorrido a través de las diferentes políticas de patrimonio, por un lado se analiza la ilusión del desarrollo local basado en la activación patrimonial y por otro se establecen cuatro lecciones para su futuro. Como conclusión habría que destacar que la más importante lección que deberíamos tener en cuenta es la necesidad de aprender de los errores para pensar en el mañana. La precariedad que padece el sector se debe a la poca sensibilidad de la sociedad española de la que deriva una falta de voluntad política. Quizá la crisis económica, institucional y social servirá para tomar conciencia, aprender del pasado y apostar por un sistema patrimonial más eficiente. Quizá nuestros bienes convivirán de manera armónica con un nuevo turismo más sensible al concepto de sostenibilidad. Quizá el sector del patrimonio en España crecerá y podrá absorber a las nuevas generaciones de jóvenes formados en nuestras universidades que ahora ven pocas oportunidades en nuestro país.

Resumen realizado por José María Amate Sánchez

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