Puesta al día y nuevas reflexiones sobre el libro y su editor y el editor y su libro en el Siglo XVI

11 abril, 2019

Manuel José Pedraza

Anales de documentación, ISSN-e 1697-7904, Vol. 22, n. 1, 2019, p. 1-14

 

Por mucho que la elaboración de los libros en el Antiguo Régimen Tipográfico se pueda interpretar desde el punto de vista de sus tres figuras esenciales: autor, impresor y editor, la impresión que proporcionan los estudios realizados es que esta labor se ha llevado a cabo con una perspectiva más fundamentada en la realidad actual que en la situación real del momento de referencia. En este estudio se analiza en profundidad la figura del autor, impresor, editor, así como todos los momentos en los que interviene en la elaboración de un libro hasta llegar al producto final. Por lo que respecta al autor las diversas ciencias que se han dedicado a tratar su figura y sus obras profundizan en su relación con la producción del libro en muy escasas ocasiones, centrándose, en la obra y el personaje. La principal actividad de un editor es decidir qué se da a conocer, qué se publica, y costear su edición o reedición y ambas actividades van de la mano. Su primera actuación debería ser el hacerse con el privilegio de impresión y como segunda actuación debía encargar la elaboración de una copia del original. Puede decirse que puede haber ocasiones en las que el editor interviene en el proceso de publicación desde momentos previos a la imprescindible relación con el impresor. No es extraño que realice correcciones, que intervenga en la estructura del libro o en el ámbito técnico. Como consecuencia, se puede llegar a la conclusión general de que el producto final de una imprenta no siempre es la consecuencia de un conjunto de decisiones de los responsables de la elaboración del impreso como producto, los impresores. Por tanto, no parece que el libro de un taller tipográfico sea el resultado de la decisión en exclusiva del impresor. Las salvaguardas que quedan plasmadas en los contratos muestran todas estas cuestiones en las que el editor interviene, puesto que se trata de la libre decisión de dos partes sin controles externos al respecto más allá de la legislación vigente. Se observa que con el transcurso del tiempo las diferentes posibilidades que las partes seleccionan para perfeccionar el contrato se van encorsetando dando lugar a esquemas más normalizados. Resulta evidente que desde el primer momento de la producción bibliográfica por medios mecánicos, el autor confecciona una obra y el impresor produce un producto múltiple, pero también existe una actividad, que solamente puede denominarse edición, que procura que un contenido y un continente múltiple confluyan en una edición y se difundan.

Resumen realizado por José María Amate Sánchez

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