¿Bienvenido, Mr. Zóbel?

28 febrero, 2019

Manuel Fontán del Junco

Revista de museología, ISSN 1134-0576, n. 73, 2018, p. 54-67

 

En el año 2016 se cumplieron cincuenta años desde que Fernando Zóbel fundara el Museo de Arte Abstracto Español en las Casas Colgadas de Cuenca. Artista y persona de sensibilidad y vasta cultura humanista, se interesó por un gran número de actividades, entre ellas el arte y el coleccionismo, adquiriendo desde 1955 obras singulares de artistas españoles de su generación en la época en la que el arte realizado en nuestro país empezaba a ser conocido internacionalmente. El museo abrió sus puertas en julio de 1966. Las obras de la colección del museo se presentan como individualidades en unos espacios museísticos diseñados por Gustavo Torner, con la ayuda de Gerardo Rueda y otros artistas, unos espacios que llamarían la atención de todos sus visitantes en cuanto el nuevo museo abrió sus puertas. El espacio expositivo es muy conocido no solo por las obras de su colección de arte abstracto español, sino por el imponente grupo de edificaciones que las alberga: unas casas literalmente colgadas a más de doscientos metros sobre la hoz del río Huécar. Aunque quizá lo que realmente asombre a los millones de visitantes que han pasado por el museo sea la perfecta mixtura entre lo contemporáneo de las obras y la tradición histórica de su continente. En este artículo se establece un recorrido histórico a través del Museo de Arte Abstracto en las Casas Colgadas de Cuenca. Se detallan los primeros cincuenta años de la historia del museo, se habla de Fernando Zóbel como el arquitecto del proyecto, así como de los artistas que integran la colección, la cohesión del edificio con la ciudad y lo que ha significado para la misma. Cuenca ha tenido su parte en el gran cambio de nuestro país de las últimas décadas, una parte que reclama que se cuente su historia desde el punto de vista de lo que los artistas hicieron, al margen de la cultural oficial del momento y con sus medios, para un público que estaba ayuno  del alimento de la belleza y la cultura moderna. Hace falta una historia que cuente lo que los artistas han hecho por su público, y en ella el capítulo dedicado a la trayectoria de este museo quizá sea el primero y dé la definitiva bienvenida al caso de Fernando Zóbel, y haga salir la narración del museo de la inexactitud de esa “cultural de limbo” que describió Auden.

Resumen realizado por José María Amate Sánchez

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