De patrimonio nacional a patrimonio emocional

30 enero, 2019

Belén Castro Fernández, Ramón López Facal

HER&MUS, ISSN-e 2462-6457, n. 18, 2017, p. 41-53

 

El patrimonio cultural y con él la imagen que se nos ofrece de sus elementos, suele actuar alegóricamente como marca de un destino turístico o como símbolo de una etapa histórica. La sensibilización de la sociedad opera mediante apropiaciones de elementos claves, que constituyen iconos en el imaginario colectivo. Los poderes públicos suelen adueñarse de edificios y lugares emblemáticos para construir con ellos unos referentes, sobre los que se subrayan los valores que interesan a su ideología. La capacidad de instrumentar políticamente el patrimonio se agrava a partir del siglo XX, cuando la manipulación icónica de las masas y la anestesia de la colectividad hace asumir como propias identidades (re)creadas bajo el paraguas del engaño. Como en todo proceso de construcción intelectual, estas apropiaciones dependen de los intereses y las proyecciones del intérprete. Por eso, es necesario despertar la mirada crítica de la ciudadanía hacia su memoria, y reflexionar sobre las restricciones ideológicas presentes en la identificación del patrimonio cultural. Esto se aprecia durante la etapa del franquismo, cuando se impone una idea de nación con mayor violencia simbólica. En ese esfuerzo de nacionalización se emplea el patrimonio como elemento de identidad. Y en lugares como Santiago de Compostela, cuya catedral se utiliza como santuario de la nueva cruzada, su intención legitimadora permite reflexionar sobre la relación entre patrimonio e ideología desde el punto de vista de los espacios patrimoniales y bajo el enfoque de la educación patrimonial.

Resumen realizado por la propia publicación

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