The digital native: myth and reality

17 septiembre, 2012

Neil Selwyn

Aslib Proceedings, Vol. 61, n. 4, 2009

Artículo en el que se trata de identificar qué hay de cierto en la apreciación cada vez más generalizada de que existe una generación de niños y jóvenes nacidos a partir de 1980 a los que se ha empezado a denominar “nativos digitales”, debido a que poseen una soltura innata en el uso de las nuevas tecnologías. Desde el punto de vista del autor, esta apreciación está influyendo considerablemente en el discurso político, popular e incluso también científico. Se hace alusión a la flexibilidad que la tecnología les aporta en su vida diaria, y que les permite elegir con quién interactúan, cuándo y para qué propósitos. También se subraya el individualismo que aporta la tecnología y, al mismo tiempo, el alto grado de sociabilidad que permite. Esta combinación entre autonomía y colaboración se manifiesta a menudo en jóvenes propensos a cuestionar y dar su opinión sobre todo, de tal forma que no se imaginan un mundo en el que los ciudadanos no posean herramientas que les permitan constantemente intercambiar puntos de vista. Por otro lado, algunos neurólogos consideran que el uso de Internet mejora la capacidad de los jóvenes para desarrollar la memoria activa y la capacidad perceptiva. Sin embargo, del mismo modo que algunas personas consideran positivamente las capacidades de los nativos digitales, hay otra tendencia que se posiciona en el lado contrario, detectando algunas desventajas relacionadas con los riesgos y peligros del uso de la tecnología. Muchos coinciden en que existe una incapacidad generalizada entre los jóvenes para discernir con criterio la calidad de la información que encuentran en Internet, desarrollándose además una tendencia a “copiar y pegar” textos sacados de Internet de forma sistemática. Algunos hablan también de un “narcisisimo digital”, en el sentido de que están más preocupados en dar su opinión que en aprender de otros. En contraposición al concepto de nativos digitales, aparece también el de “inmigrantes digitales”, grupo en el que se incluirían aquellos adultos que se han visto obligados a adaptarse a un mundo digital tras muchos años de vida “pre-digital”. Se produce también una “crisis de legitimidad” de las escuelas, bibliotecas o universidades. Pese a que todas estas apreciaciones pueden parecer convincentes, el autor manifiesta que, en general, no se basan en estudios objetivos y rigurosos, sino en observaciones informales. La última parte del artículo trata de contrastar la apreciación global popular con estudios más científicos, en los que se detecta que el uso de la tecnología entre los jóvenes es desigual (varía en función del estatus socio-económico, el sexo, la zona geográfica), y el alcance en el uso es más limitado de lo que pueda parecer a simple vista.

Resumen elaborado por: Mayte Blasco Bermejo

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