La Biblioteca Nacional de España conserva una importante colección de atlas flamencos y holandeses, italianos, franceses, ingleses y alemanes, de los siglos XVI al XIX, así como españoles de los siglos XVIII y XIX, muchos de ellos en ediciones de gran lujo y en otros casos piezas de especial valor o rareza por diferentes motivos. El fondo inicial de la colección está formado por los fondos fundacionales procedentes dela Biblioteca Real, los que Felipe V trajo de Francia y los que por diferentes vías ingresaron en la Biblioteca. El mayor incremento de la colección se produjo en 1913 con el traslado de los fondos del antiguo Gabinete Geográfico existente enla Primera Secretaríade Estado o Ministerio de Estado. Destaca también la colección casi completa del cartógrafo español del siglo XVIII, Tomás López
El atlas fue la forma predominante de producción de mapas en el siglo XVII. En cada edición se aumentaba el número de mapas y de esta forma los atlas fueron creciendo tanto en tamaño; se les añadían además frontispicios y portadas grabadas con escenas alegóricas. Esta proliferación de mapas contribuyó de forma espectacular al rápido crecimiento y circulación de los conocimientos geográficos.
Con la invención de la imprenta se generaliza el grabado calcográfico, por el cual la imagen se graba en una lámina de metal, generalmente de cobre. Las técnicas de grabado calcográfico más generales para la representación cartográfica fueron el buril y el aguafuerte. Los siglos XVI y XVII fueron los más prolíficos para el grabado de mapas ya que comenzaba la era de los grandes viajes y descubrimientos que demandaban mapas. Las imprentas fueron muy numerosas en Europa, siendo los holandeses y alemanes quienes dominaron la profesión. En esta época, la calidad de los mapas es magnífica y quedaba avalada por la contratación de famosos artistas que colaboraron en los diseños de los mapas.
En la colección del a biblioteca destaca el importante y numero conjunto de atlas de los Países Bajos. En ella encontramos obras como el Theatrum Orbis Terrarum, de Abraham Ortelio, del que la Biblioteca conserva ediciones publicadas entre los años 1570 y 1624, que podemos considerar como la primera colección sistemática de mapas y el primer atlas en el sentido moderno, formado por mapas dibujados especialmente para la obra y de un tamaño uniforme.
Otras obras que no pueden dejar de mencionarse por su gran valor y relevancia ya en la época y en años sucesivos son el atlas de Gerard Mercator, considerado el padre de la Cartografía moderna, Atlas sive cosmographicae meditationes de fabrica Mundi, del que la Biblioteca posee ediciones entre 1607 y 1632, el Nuevo Atlas o Teatro del Mundo, de Jan Janssonio, en ediciones de 1646 a 1659, o el Civitates Orbis Terrarum de George Braun, que se publicó entre 1588 y 1593 y puede ser considerado como el primer atlas urbano ya que recopila planos y vistas de las principales ciudades conocidas entonces, a las que añade escenas que reflejan la vida social, política y económica con un estilo pictórico muy del gusto del gran público de la época.
La Biblioteca conserva también una amplia representación del trabajo cartográfico de la casa Blaeu, especialmente Willen y Joan Blaeu, los más importantes cartógrafos y editores de atlas del XVII, creadores de modelos más tarde copiados y difundidos por toda Europa. Su obra más emblemática es el Atlas Maior Mayor o Geographia Blaviana, obra de gran perfección y belleza, publicada en latín en once volúmenes y traducida a otras lenguas, entre ellas el español (1658 y 1672).
Pieza de gran valor es una colección de ochenta mapas y planos realizados por los grandes cartógrafos y grabadores italianos del siglo XVI reunidos en un atlas por Antonio Lafreri. Los atlas de Lafreri se consideran obras raras debido a que estaban compuestos por mapas de diferente origen que este editor reunía de acuerdo con las peticiones del coleccionista que le había realizado el encargo, dando lugar a obras diferentes en cada ocasión.
La Biblioteca Nacional cuenta también entre sus fondos con otros atlas que completan el panorama de la evolución de la ciencia cartográfica en los últimos siglos. Entre las obras italianas del XVII destaca el atlas editado en Roma por G. Rossi Mercurio Geográfico, con magníficos mapas grabados por Nicolas Sanson o Giacomo Cantelli entre otros.
Respecto a los atlas publicados en Francia, destacan el Atlas Curieux, de Nicolas de Fer, el Atlas de Guillaume Delisle o el Atlas Universal de Robert de Vaugondy. Mencionaremos también por su importancia el Kitchin’s General Atlas, editado por Laurie and Whittle en Londres y el famoso Handatlas Stieler editado por Justus Perthes, del que aún se hicieron ediciones en el siglo XX.
Entre los atlas marítimos, el hidrógrafo alemán Lucas Waghenaer es autor de Spieghel der Zeevaert, primer atlas náutico que alcanzó gran éxito ya en su época y del que se realizaron ediciones en varias lenguas y del que la Biblioteca posee ediciones (Leyden, 1588 y Amsterdam, 1591) una de las cuales perteneció al Rey Felipe IV. La Biblioteca conserva también ejemplares del atlas del cartógrafo holandés Willem Baretszoen, Nieuwe Beschrijvinghe…Vande Midlandtsche Zee, impreso en Ámsterdam en 1595, con diez cartas náuticas consideradas las primeras cartas impresas del Mar Mediterráneo; del Le Neptune françois ou Atlas Nouveau de Jacques Cassini, editado en Paris por Jaillot y Amsterdam por Mortier en 1693 y que es uno de los más bellos atlas náuticos publicados a lo largo del siglo XVII; así como de La nueva y grande relumbrante antorcha de la mar, del cartógrafo Claes Jansz Voogt, publicada entre 1698 y 1700 por Gerard Van Keulen.
Por lo que se refiere a la cartografía española, la Biblioteca conserva prácticamente la totalidad de la obra de Tomás López Vargas Machuca, el cartógrafo español más importante del XVIII. Esta incluye más de doscientos mapas de los reinos y provincias de España y sus posesiones de ultramar, todas las ediciones del Atlas Geográfico de España editado en 1804, 1810 y 1830 y que incluía sus mejores mapas y las Relaciones geográficas, contestaciones al cuestionario que Tomás López envió a las autoridades de los pueblos y ciudades solicitando datos geográficos, económicos, administrativos, demográficos y religiosos que posteriormente utilizó como base de consulta para la confección de sus mapas.
Destaca también la obra Atlas Marítimo Español, publicado en 1789 así como la memoria correspondiente que publicó el mismo año, con el título Derrotero de las costas de España, de Vicente Tofiño de San Miguel, ya que supone el trabajo cartográfico de mayor envergadura efectuado enla Península Ibérica hasta entonces, realizado con toda la riqueza de medios disponibles a finales del XVIII. La obra fue ampliamente utilizada durante el siglo XIX e incluso a principios del XX.
Ya llegando al siglo XIX, los atlas que este período posee la Biblioteca Nacional permiten apreciar los avances de la cartografía científica, iniciada en el XVIII. Aparecen los mapas temáticos y empiezan a utilizarse en la estampación de mapas nuevos métodos como la cromolitografía, de la que es un claro ejemplo la obra editada por Francisco Boronat, España Geográfica Histórica Ilustrada.
Material adicional:
Colecciones del Servicio de Cartografía
Carmen Líter Mayayo
Ana Vicente Navarro
Departamento de Bellas Artes y Cartografía de la BNE






















El Servicio de Cartografía amplía día a día sus colecciones a través de la recepción por depósito legal o mediante la compra de obras que enriquecen los fondos existentes.
Las comunidades autónomas también han dado un gran impulso a la ciencia cartográfica. Andalucía o Cataluña han realizado exhaustivos trabajos sobre su territorio.
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