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Literatura

Donación del Archivo de Antonio Muñoz Molina

Algunos pueden preguntarse qué sentido tienen los escritos de un autor contemporáneo en una institución tricentenaria como la Biblioteca Nacional de España.

Para situar estos documentos en la BNE tenemos que explicar que la Biblioteca tiene una rica colección de manuscritos,  dentro de la cual se formó hacia 1996, debido a sus peculiaridades, la colección de archivos personales como fondo independiente. Caracterizada por su amplitud cultural y cronológica, su incremento  ha sido constante y una parte interesante ha llegado por donaciones de  los propios creadores o de sus herederos.

La BNE, consciente de la riqueza de estos fondos, decidió potenciar su política de donativos impulsando las relaciones con aquellas personas e instituciones  activas en todos los ámbitos de la vida cultural española y muy especialmente del literario. El resultado ha sido la aportación, entre otros, del  Archivo de Antonio Muñoz Molina.

Documentos del Archivo de Antonio Muñoz Molina

Documentos del Archivo de Antonio Muñoz Molina

Es claro que este tipo de fondos,  suscita cada vez más interés. Supone un gran atractivo para los investigadores que pueden consultar fuentes primarias de estudio, a veces incluso material inédito.

Precisamente este archivo muestra la evolución de la obra de Muñoz Molina, desde sus inicios 1970 a 2009:

  • Documentos de creación manuscritos y /o mecanoescritos:
    • Cuaderno con poemas de juventud (1970)
    • Primeros ejercicios en la escritura: ejercicios de periodismo y tentativas teatrales
    • Borrador manuscrito y mecanoescrito fotocopiado de El cementerio de los elefantes (1974-1975). Teatro
    • Borrador manuscrito y 1ª versión mecanografiada de Beatus Ille  (1986)
    • Borradores mecanografiados, textos y notas manuscritos El jinete polaco (1991)
    • Cuadernos de trabajo manuscritos y de documentación de Plenilunio (1997)
    • Cuadernos manuscritos Ventanas de Manhattan (2004)
    • Cuadernos de notas de El viento de la luna (2006)
    • Cuadernos de trabajo  de La noche de los tiempos (2009)
    • Artículos y textos. Disquetes de ¾
  • Correspondencia: cartas remitidas por personajes importantes de la cultura nacional y extranjera, editores,  representantes oficiales del Estado  y algunos lectores
  • Entrevistas de televisión y radio, homenajes, participación en coloquios etc en videos y  cintas de casetes
  • Dosieres de prensa sobre su obra

En la documentación se aprecia la variedad de tipológicas de los soportes. Combina el soporte papel, las cintas de audio, los videos o los disquetes de ordenador, reflejando el cambio tecnológico que vivimos.

Documentos del archivo de Antonio Muñoz Molina

Documentos del Archivo de Antonio Muñoz Molina

Cada archivo personal aporta una documentación “singular” en el sentido de únicos, de la que se deduce  más información que la de su propio contenido: el germen de una novela, las fases de la obra a través de los  sucesivos borradores, los cambios  hasta llegar a la publicación definitiva. En este archivo tenemos muestras de este proceso de creación, como ejemplo,  el primer borrador manuscrito de la novela Beatus Ille  (1986) y un segundo borrador mecanoescrito anterior al texto definitivo; o el esquema de una novela intercalado en el texto de la misma, como si en ese momento viera claro su estructura.

Esta documentación literaria marca una relación con los textos muy diferente del resultado cohesionado que conocemos  los lectores en la obra publicada,  pudiendo apreciarse estrategias de escritura propias.

Estrategias que se deducen también por lo que parecen ausencias, es frecuente que  aparezca un borrador manuscrito de la obra  y nada más hasta el texto impreso. La explicación la dio el propio Muñoz Molina al comentar que alterna la escritura en papel con el ordenador indistintamente, sin que una sea copia exacta de la otra.

La  autenticidad de los textos, en cuanto que  son originales, está asegurada por su procedencia, llevándonos a identificar la forma de escribir, las abreviaturas, los signos empleados o la forma de proceder insertando tarjetas, invitaciones y papeles anotados entre las hojas de los cuadernos manuscritos. Se aprecia en estos rasgos  un componente estético que se suma a los aspectos intelectuales.

Documentos del archivo de Antonio Muñoz Molina

Documentos del Archivo de Antonio Muñoz Molina

Como es habitual, el archivo reúne junto a los documentos propios los de otras  personas de su entorno. La correspondencia  con editores, escritores, amigos o lectores, así como las entrevistas en  programas de radio, la participación en homenajes, jornadas y otros, grabados en audio y video, sitúando al escritor en el mundo cultural con el que se relaciona.

Para terminar y volviendo al principio, el compromiso de compartir un patrimonio que pasa de la esfera privada a la pública, cuando se integra en las colecciones de una institución cultural como la BNE, supone  una importante  contribución para comprender parte de la literatura y la cultura de una época.

 

Material adicional:
Selección de imágenes del Archivo de Muñoz Molina

Eulalia Iglesias Matas
Servicio de Valoración e Incremento del Patrimonio

Exposiciones y actividades Literatura

Carolina Coronado: una mujer en un mundo de hombres

Carolina Coronado (Almendralejo, 1820), escritora y poeta del romanticismo español, es la protagonista de la exposición temporal que en mayo se inauguró en la sala de Las Musas. El 15 de enero se cumplen cien años de su muerte y ese fue el motivo para recordar a una de las mujeres más relevantes del siglo XIX.

La muestra recorre, a través de libros, revistas, manuscritos y fotografías de la BNE, su biografía y sus relaciones con otros autores contemporáneos. Carolina Coronado fue una mujer reconocida por sus compañeros escritores y llegó a participar en tertulias y veladas literarias con otros intelectuales, en un mundo dominado por hombres.

Carolina CoronadoEn el museo de la BNE podemos descubrir su producción literaria: ensayos poesía y teatro, mediante originales de sus obras, sus cartas e incluso, algunos documentales sobre su figura realizados para la ocasión con la voz de Carmen Feito.

Su libro Poesías (1843) es una recopilación de poemas que enviaba al entonces director de la Biblioteca Nacional, Juan Hartzenbusch, pidiéndole ayuda para su corrección y su publicación.

Jarilla, Adoración, El cuadro de la esperanza y La rueda de la desgracia, son algunas de sus obras más reconocidas, aunque su mejor obra es La Sigea, una novela histórica basada en la corte portuguesa de Doña María.

En esta exposición temporal también se muestra la vida y la obra de otras mujeres escritoras del XIX como Faustina Saéz de Melgar y Gertrudis Gómez de Avellaneda. Junto a la entrada de la sala está expuesta la “Pieza del mes” de septiembre, una corona de plata con dedicatoria a Hartzenbusch –“en el siglo XIX se coronó a algunos de los poetas más importantes”, según explica Mercedes Pasalodos, comisaria de la exposición. En septiembre este tema será motivo de una conferencia en el salón de actos del museo, impartida también por la doctora Pasalodos.

Podéis ver más información sobre estos actos aquí.

Literatura Sobre la BNE

Teresa de Jesús, una mujer en una fachada de hombres

Hace ya más de cien años que desde este privilegiado escenario observo Madrid y sus gentes. Cada día veo como entran a la Biblioteca Nacional de España decenas de estudiantes, investigadores, músicos, hispanistas, niños o visitantes interesados en conocer más sobre la historia de la literatura, las bellas artes, la cartografía, las imágenes y los sonidos.

Soy la única mujer en la fachada de la BNE. Me llamo Teresa de Cepeda y Ahumada, pero todos me conocen como Santa Teresa de Jesús.

Viví en el siglo XVI; era muy joven cuando ingresé en un convento y empecé a escribir, especialmente prosa. Fui perseguida y condenada por la Inquisición después de haber escrito El libro de la vida pero logré que el Papa aprobase la nueva orden de las carmelitas descalzas. Y aquí estoy, perpetuada en un edificio que guarda, conserva y difunde la literatura y el saber.

Junto a mí están las mayores figuras de la cultura española. A mi derecha, Arias Montano, mi contemporáneo. Mucho más que un escritor. Le interesaba la filosofía, la lingüística, la teología y también las ciencias médicas. Además, sabía latín, griego, árabe, hebreo y sirio.

Al lado de Montano, Diego Hurtado de Mendoza, un humanista y militar del siglo XVI. Su condición de militar le impulsó a viajar, aprender numerosas lenguas y a adquirir una impresionante biblioteca que ahora está en el Monasterio de El Escorial. Muchos le atribuyen la autoría del Lazarillo de Tormes, la primera novela moderna española. Junto a él está otro militar y poeta español del Siglo de Oro, Garcilaso de la Vega. Su vida y su obra estuvieron muy influenciadas por Italia. Escribía sonetos, canciones, elegías… siempre de forma clara y natural, sin caer en el cultismo, un estilo que yo también evitaba utilizar.

Este suntuoso edificio de inspiración neoclásica en el Paseo de Recoletos de Madrid, fue obra del arquitecto Francisco Jareño en una primera fase y, después, recogió el testigo Antonio Ruiz de Salces. Jareño, catedrático de Historia del Arte en la Escuela de Arquitectura, se había inspirado en las obras de Shinkel y Katze en los viajes que hizo a Alemania, empezó la costosa obra en el reinado de Isabel II en 1866. A su muerte, Ruiz de Salces hizo algunas modificaciones y logró terminar el edificio a tiempo para las conmemoraciones de IV Centenario del Descubrimiento de América en 1892.

En 1957, el arquitecto Luis Moya, realizó un plan de intervención para la reordenación y ampliación que fue parcialmente ejecutado. Finalmente, en 1986 se realizó la última gran reforma de la Biblioteca, una ampliación y modernización firmada por los arquitectos Jerónimo Junquera y Estanislao Pérez Pita, inaugurada en el 2000 por los Reyes de España.

 

Los escultores

No sólo los arquitectos contribuyeron a embellecer el edificio. La responsabilidad de las esculturas de las figuras de esta magnífica fachada se debe a nombres como Manuel González, autor de los medallones de Garcilaso de la Vega y Diego Hurtado de Mendoza, las manos de Vencell esculpieron el rostro de Arias Montano. Mi medallón es obra de Antonio Alsina y Amils, el mismo que hizo a Tirso de Molina, a mi izquierda. Tirso de Molina es el seudónimo de fray Gabriel Téllez, una figura del Barroco que vivió a finales del XVI y principios del XVII. La dramaturgia fue la gran contribución de este alumno de Lope de Vega a la literatura española, especialmente con la comedia Don Gil de las Calzas Verdes. Además, se le atribuye la creación del mito de Don Juan. Me gusta compartir este espacio con Tirso de Molina, uno de los primeros escritores que dio profundidad psicológica a los personajes femeninos en sus obras.

Nicolás Antonio y Antonio Agustín Albanell completan los siete medallones de 70 cm de diámetro que están en la parte superior de la fachada. El primero inició la bibliografía española moderna, Albanell fue el precursor del estudio histórico de las fuentes del derecho romano y del canónico. Sus medallones son obras de Vancell y Anselmo Nogués García.

Estatuas que nos reciben

Una de las figuras más destacadas es la estatua que simboliza España y que corona a quién entra en la BNE desde la cúspide del frontón. En el extremo derecho está el Genio y en el izquierdo el Estudio. Dentro del frontón están representadas la Elocuencia, la Poesía, La Música, la Arquitectura, la Filosofía, la Jurisprudencia, la Historia, la Astronomía, la Etnografía, la Geografía, la Química, la Medicina y las Matemáticas. En el centro, la Paz tiene a sus pies a la Guerra, que rompe una espada. Artes y ciencias reunidas en el templo de las letras.

Esta fue una obra de Agustín Querol (tardó diez años en concluirla), un escultor nacido en Cataluña en 1860, discípulo de Domenéc Talarn y de los hermanos Vallmitjana. Después de su paso por Roma se trasladó a Madrid. Es autor también de La Gloria y los Pegasos del Ministerio de Agricultura y otras esculturas en edificios como la Catedral de Barcelona, el Palacio Real o el Museo del Prado.

La armonía que transmite el frontón fue quebrada en algunas ocasiones a lo largo de la historia. Por ejemplo, durante la guerra civil, rodó por los suelos la cabeza de Lope de Vega.

Lope de Vega tiene una de las estatuas de mármol blanco italiano que flanquean los tres pórticos que dan acceso al segundo piso. Las otras tres pertenecen a Nebrija, Luis Vives y Cervantes. En las escaleras reciben al visitante Alfonso X El Sabio y San Isidro.

Alfonso X, rey de Castilla y León en el siglo XIII, además de poeta, fue considerado creador de la prosa castellana y fundó la Escuela de Traductores de Toledo. Fue un rey culto que adoptó el castellano como lengua oficial, aunque escribió muchos poemas en galaico-portugués. Su estatua es obra de José Alcoverro, el mismo autor de la estatua de San Isidro. Alfonso X sostiene en sus manos el Código de las Siete Partidas.

San Isidoro de Sevilla, cuya estatua lee sus Etimologías al lado del Rey Alfonso X El Sabio vivió entre los años 560 y 636. Está considerado un erudito hispano romano. Además de arzobispo de Sevilla, fue escritor y biógrafo de personas ilustres. Escribió un diccionario de sinónimos y ensayos sobre la Biblia y fue determinante en la difusión en España de los trabajos de Aristóteles y otros griegos. Fue el inspirador de todos los escritos medievales de este país.

La mayor figura de la literatura española, Cervantes, da la bienvenida a los lectores en el extremo derecho de la entrada, donde apoya su pié sobre dos grandes libros. La estatua del autor de Don Quijote de la Mancha, poeta, novelista y dramaturgo, es obra de Vancell.

La cabeza de Lope de Vega

Pero no siempre han sido buenos tiempos para la BNE. Recuerdo una noche de noviembre de 1936, en plena Guerra Civil, aviones franquistas comenzaron a bombardear Madrid. Algunos de los proyectiles atravesaron las frágiles cubiertas de cristal y hubo que tomar medidas urgentes para proteger los materiales más valiosos. Se trasladaron fuera de Madrid algunas obras y otras se protegieron con sacos de arena en los sótanos. Tras los aviones llegó la artillería que rompió una de las cornisas y provocó daños en la fachada principal, incluso decapitar la estatua de Lope de Vega. Su cabeza tirada en el suelo fue un símbolo de la destrucción.

Lope de Vega fue un gran poeta y dramaturgo del Siglo de Oro. Su producción en castellano fue muy extensa y conserva una gran actualidad. Tenía una rivalidad con Cervantes, pero hoy ambos han hecho las paces uno al lado del otro en la fachada.

Tampoco podía faltar Nebrija, autor de la primera gramática de la lengua castellana en el año 1492. Historiador, astrónomo y pedagogo, Antonio de Nebrija se basó en el latín, que era para él una lengua superior a las otras y a la cual todas debían acercarse. Para Nebrija, nuestra lengua es una evolución del latín imperfecto traído por los godos después de pasar por la influencia de otras lenguas.

Completa el conjunto de estatuas de la escalinata la obra de Carbonell que representa a Luis Vives, filósofo y pedagogo que nació en el año de la reconquista de Granada. Su familia judía no tuvo una vida fácil. Fue perseguido por la Inquisición; estudió en la Universidad de la Sorbona, más tarde se trasladó a Bélgica y después a Inglaterra. Fue amigo de Erasmo de Rotterdam y Catalina de Aragón.

La fachada se completa con otros cuatro ilustres de la historia de las letras en España: el teólogo e historiador de finales del XVI Padre Juan de Mariana, Fray Luis de León, poeta y humanista del Renacimiento, cuyas obras escritas con un lenguaje poético, preciso, eficaz y armonioso tratan temas morales y ascéticos donde alcanzar a Dios simboliza alcanzar la paz y el conocimiento; Francisco de Quevedo, cuyos poemas y obras narrativas y dramáticas llenas de juegos de palabras y nuevos adjetivos demuestran las posibilidades expresivas del castellano y Pedro Calderón de la Barca, un militar que culminó el modelo teatral barroco creado a finales del siglo XVI por Lope de Vega, reduciendo el número de escenas y añadiendo elementos como la música y la escenografía.
Somos veinte, pero podríamos ser muchos más. Representamos la lengua y la literatura española y algunos de los periodos más relevantes de la historia. Nos hemos quedado petrificados en el tiempo, pero el tiempo pasa y este templo de la cultura va adaptándose a él como una piel. Trescientos años nos contemplan y muchos más están aún por llegar.

Carla Sao Miguel
Departamento de Comunicación

Literatura

Reivindicación del bolsilibro

Los asistentes a un reciente festival literario tuvieron la oportunidad de disfrutar de una peculiar charla entre el joven escritor Robert Juan-Cantavella y un autor, desconocido para muchos, que en los programas del festival esparcidos por todo el Círculo de Bellas Artes se hacía llamar Curtis Garland.

Los que se atrevieron a acercarse a la charla, a última hora de la tarde del sábado y con el Barcelona jugando la liga, tuvieron la suerte de encontrarse con uno de los eventos más fascinantes del festival y no con uno, sino con dieciséis autores de golpe: Curtis Garland, Donald Curtis, Addison Starr, Dan Kirby, Elliot Turner, Frank Logan, Glenn Forrester, Juan Viñas, Jason Monroe, Javier de Juan, Johnny Garland, Kent Davis, Lester Madox, Mark Savage, Walt Sheridan y Martha Cendy. Que son los diferentes seudónimos con los que Juan Gallardo Muñoz (Barcelona, 1929) ha firmado su ingente producción literaria. Dieciséis seudónimos, al menos seis géneros (policiaca, espionaje, western, bélica, erótica y ciencia ficción) y más de 2000 novelas han marcado la obra más que prolífica de un autor que comenzó a iniciarse en la literatura allá por los años cincuenta y que ha publicado en un buen número de colecciones de bolsilibros que vieron la luz en las décadas siguientes de mano de editoriales como Bruguera, Rollán o Toray.

Gallardo Muñoz, a lo largo de su larga carrera, ha escrito críticas de cine y llegó a cartearse con figuras del Hollywood de aquel entonces, de la talla de Betty Grable o Judy Garland (cuyo apellido aprovecharía posteriormente en uno de los seudónimos por que es más conocido). Trabajó para una compañía de teatro en la que desempeñó diversas funciones y con la que viajó por España y finalmente comenzó su carrera como escritor con una novela policiaca, La muerte elige, que publicó en 1953 la editorial Bruguera. Para esta seguiría trabajando durante las siguientes décadas. Y después vinieron otros géneros, como las (muchas) novelas del oeste, o las de ciencia ficción, con una importante producción de estas últimas que repasa detalladamente José Carlos Canalda en el Sitio de Ciencia Ficción y que más de un aficionado al género debe de haber leído con gran gusto en sus años mozos.

Obras con títulos tan sugerentes como Las damas también mueren, Halcones en Corea, Reportaje para el crimen, La muerte firma contrato, Manos implacables, Con la muerte en órbita o Los astros tienen miedo. Novelitas de bolsillo (de bolsillo de verdad, por su tamaño, nada que ver con algunas de las actuales colecciones tan cuidadosamente editadas que hacen palidecer a sus hermanas mayores, las hardcover), de kiosko o de a duro, bolsilibros, literatura pulp que diríamos ahora, con el término revitalizado y dignificado por Tarantino (entre otros), en un momento en que lo que antes parecía antiguo, demodé y hasta cutre va ingresando (con suerte en algunas ocasiones, como es el caso de estos libritos) en la categoría mucho más atractiva para el oído de pulp, vintage o retro.

¿Y qué ha sido de todas estas novelitas? ¿Se conservan en algún sito, más allá de en las estanterías de nuestros tíos mayores y de nuestros abuelos? Es más, ¿cuántas de estas 2000 novelas (Gallardo Muñoz llegó a escribir siete al mes) se conservarán en la BNE? La respuesta, como ya habrán averiguado los que han seguido los enlaces que hay detrás de cada uno de los seudónimos de Gallardo, es simple: muchas. Y es que en la Biblioteca Nacional, entre el manuscrito del Cantar de Mio Cid, la primera edición del Quijote de Miguel de Cervantes, el Comentario al Apocalipsis de Beato de Liébana, la Cosmographia de Ptolomeo o el manuscrito de El Aleph de Jorge Luis Borges podemos encontrar una parte importante de esas novelas de kiosko, en ocasiones de apenas un centenar de páginas y en las que los editores llegaban a inventarse un jugoso, aunque falso, título original en inglés (como nos recuerda en el blog del festival la periodista y escritora Gabriela Wiener) para atraer a una clientela ávida de aventuras made in USA.

Aunque Gallardo Muñoz no sólo ha escrito literatura de kiosko (es autor también de obras en otros formatos e incluso de la autobiografía Yo, Curtis Garland, que publicó la editorial Morsa en 2009), sí representa como pocos al autor de novelas por encargo que trabajó durante décadas para editoriales como Bruguera y cuya producción ha acabado enterrada bajo un montón de seudónimos y el paso de un tiempo y unas modas literarias que no la han tratado bien. Pero a pesar de esas malas ediciones y de ese paso del tiempo tan poco benévolo, merece la pena reconocer en su obra, y en la de otros como él, parte de la verdadera literatura popular de la España del siglo XX, la que hizo leer con gusto a toda una generación y pasar por una biblioteca para echarle un vistazo. Podemos encontrarnos con un montón de sorpresas.

Adelaida Caro Martín
Servicio de Información Bibliográfica

Literatura

Mark Twain en los depósitos de la BNE: más de una obra sorprendente

En la novela del chileno Alberto Fuguet Mala onda (1991), que llegó a nuestras librerías con cuentagotas (y casi siempre por encargo) en la edición de Alfaguara, se narra el encuentro” del protagonista, el adolescente Matías Vicuña, con uno de sus pares más famosos en la historia de la narrativa contemporánea: Holden Caulfield, el protagonista y narrador de El guardián entre el centeno, novela publicada en 1951 por el siempre elusivo Jerome David Salinger.

Vicuña, lateado” por su entorno, sobreviviendo a la familia, al colegio y al toque de queda del Santiago de los ochenta a base de alcohol, cocaína y música disco en inglés, recibe un ejemplar de El guardián entre el centeno de un amigo y queda fascinado al momento, al punto de inscribirse en un hotel como Caulfield, comprarse un gorro de cazador como el que este lleva en la novela e imitarlo en actos tan sui generis como preguntar a los taxistas qué será de los patos cuando se hiele el lago de Central Park. Sin embargo, al mostrar su entusiasmo ante su admirada profesora de literatura, esta reacciona con indiferencia y culmina diciendo: si estás en la onda adolescente, lee Huckleberry Finn”.

2010, el año de la muerte de Salinger, creador de uno de los relatos iniciáticos más influyentes, imitados y criticados desde su publicación, es también el año en que se cumple un siglo de la muerte de Mark Twain, el primer escritor verdaderamente americano”, en palabras de William Faulkner. Twain, recordado principalmente por su novela Las aventuras de Tom Sawyer y por el inmortal viaje por el río de Huckleberry Finn con el esclavo huido Jim (del que, para Hemingway, procede toda la literatura norteamericana moderna), fue, además, autor de un buen número de narraciones de toda índole: relatos, en muchos casos humorísticos, libros de viajes o ensayos de contenido político y social. La BNE cuenta con una interesante colección de ediciones de las obras más diversas de Twain que pueden deleitar al lector. Familiarizarse con ellas es, al mismo tiempo, una manera de profundizar en la obra del autor y un paseo por el mundo de la edición y la traducción en España a lo largo del siglo XX.

La traducción más antigua de Twain que se conserva en la Biblioteca Nacional son las Aventuras de Masín Sawyer, por Marcos Twain, fechada en 1903 según algunas fuentes. Es, de hecho, la primera traducción al español de una novela completa de Twain, aunque ya se habían publicado algunas antologías de cuentos a finales del XIX. El título puede resultar algo chocante para el lector actual (tanto por la dudosa hispanización de Tom como por el nombre del autor, ya que Mark no aludía al evangelista Marcos sino a la expresión propia de la navegación fluvial que Twain aprendió en el Misisipi relativa a las dos brazas de profundidad, la distancia segura para navegar) pero no deja de ser un testigo de su época. Por esos mismos años, la Administración del Noticiero-Guía de Madrid publicaba unos Cuentos escogidos traducidos por Augusto Barrado que también descansan en nuestros depósitos. En las primeras décadas del siglo aparecen nuevas traducciones, en editoriales diversas entre las que se cuenta, por ejemplo, El Cuento Semanal. Estas ediciones se centran principalmente en los cuentos y en el joven Sawyer, que para entonces ya se había desembarazado del españolísimo Masín para pasar a ser Tom, como su homólogo norteamericano. Abundan, sobre todo, las narraciones humorísticas y títulos tan sugerentes como -Y la burra entre las coles.

Nuestra primera edición de Huckleberry data de la década de los treinta y, desgraciadamente, está incompleta: el lector sólo puede echar un vistazo al segundo volumen de Las Aventuras de Huck, traducidas por Fernando de la Milla para la editorial Caro Raggio. Tampoco la edición de 1940 respeta el original, ya que se trata de una versión adaptada de 34 páginas, una de las muchas que aparecerán a lo largo del siglo. La edición completa llegará más adelante, en el 42, pero la precederán las primeras ediciones en catalán de Twain: Tom Sawyer, detectiu (publicada en 1934 por Quaderns Literaris) y El disc de la mort (que comparte con la anterior editorial y fecha de aparición). Desde ese momento, la relación es amplísima: en total, unos 900 títulos entre ediciones y reimpresiones de su obra en todas las lenguas peninsulares y algunas extranjeras, así como adaptaciones infantiles, juveniles, educativas e incluso cinematográficas. Basta destacar las ediciones juveniles de Bruguera tan características de las décadas que van de los sesenta a los ochenta y que más de uno tendrá asociadas a su infancia y su adolescencia, una publicación independiente de Onanismo y alguna curiosidad como una edición soviética de Las aventuras de Tom Sawyer.

De la última década tenemos ediciones que, desde sus propios títulos, sorprenderán al lector: una Guía para viajeros inocentes, las Reflexiones contra la religión traducidas por Mario Muchnik, Antiimperialismo o unos Consejos para las niñas buenas bellamente ilustrados por Montserrat Ginesta. Junto a ellos, reediciones de clásicos como El príncipe y el mendigo y Un yanqui en la corte del Rey Arturo. Y justo ahora, en el aniversario, una nueva edición de ¿Ha muerto Shakespeare?, de la que no contábamos con ejemplares desde 1923, así como algunas antologías de relatos entre las que brillan especialmente los maravillosos Cuentos selectos publicados por Debolsillo. Sin embargo siguen ganando, y por goleada, el comedido Tom y el indomable Huck. Para todos los gustos.

Adelaida Caro Martín
Servicio de Información Bibliográfica

El Servicio de Información Bibliográfica ha elaborado una pequeña exposición bibliográfica sobre el autor que podéis consultar aquí.